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La empresa del Siglo XXI
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Blog La empresa del Siglo XXI - David Carrascosa Mendoza

David Carrascosa Mendoza

Dirección y gestión ejecutiva de la empresa. Desarrollo comercial y marketing aplicado. Implantación de entornos TIC. Especializado en apertura comercial de mercados y zonas. Experto en estrategias comerciales y gestión de equipos de ventas. Especialmente ligado al sector profesional del hábitat y l...

Sobre este blog de Economía

Colaboración en temas relacionados con la empresa, el marketing, las ventas y la tecnología.


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  • 03
    Agosto
    2014

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    La adaptación es un proceso y no un hecho aislado

     La incorporación de Internet y las nuevas tecnologías en las empresas hace que su entorno y métodos de actuación sean muy distintos a los de hace 15 años, además la actual crisis mundial también ha hecho que el entorno y las prioridades de hoy no tengan nada que ver con las que una empresa podía tener hace tan sólo cinco años. Para añadir más presión si cabe, el mercado genera y desarrolla unos cambios rapidísimos en la demanda de productos y servicios por parte de los consumidores. ¿Cómo se gestiona la adaptación continua de una empresa?

    Hoy podemos encontrar multitud de productos y servicios que hace una década no existían, y no sólo del entorno tecnológico sino en general, y los que sí existían han cambiado la forma en la que se ofrecen y comercializan. Los consumidores demandan una mayor calidad en los productos y servicios a la par que buscan unos precios cada vez más bajos, algo fácilmente localizable en un mercado globalizado por Internet.

    La situación es muy crítica para muchas empresas, ya que al desplome de las ventas hay que sumar la reducción en los márgenes de las operaciones que se realizan y el aumento de los costes fijos, tanto de los directos como de los indirectos. Esta situación influye en el empleo, ya que a pesar del gran número de desempleados existentes, la mayoría de las empresas que necesitan personal no pueden ofrecer condiciones económicas acordes al puesto ofertado y a la formación requerida para ocuparlo, lo que genera unos movimientos laborales poco amigables entre sí, exigiéndose implicación y entrega absoluta a quiénes se ven como provisionales y prescindibles en un proyecto que ven como ajeno. Este entorno tan competitivo y de cambio continuo plantea un tremendo desafío para los directores de empresas y no se trata de un fenómeno pasajero. El aumento de las exigencias de los consumidores, la competencia mundial (con el añadido de los países emergentes) y la liberación de muchos sectores en Estados Unidos y en Europa, dejan ver con claridad que la inestabilidad actual de los mercados no va a desaparecer, que el cambio es y seguirá siendo la única constante en la vida de las empresas y los negocios en general.

    Todo este entorno hace que el problema ya no sea tener directivos y personal que conozcan y comprendan los problemas que atraviesa su empresa, sino que sepan decidir y hacer lo más apropiado para resolver cada situación. Esto hace que la formación se convierta en una de las variables importantes pero no en la única, otra variable es el impacto de la estrategia de la empresa sobre la actividad que desarrolla, la cual debería contemplar cómo mejorar y gestionar los procesos empresariales que hacen de puente de unión entre la estrategia de la empresa y el empleado individual que los ejecuta. Es necesario contar con un enfoque global que tenga en cuenta las principales variables que más influyen en la calidad, cantidad y costes de la actividad. Los directores de empresa en general y los de más alto nivel en particular, deben centrar su atención tanto o más en el flujo de productos, documentos e información entre departamentos que en la actividad desarrollada dentro de los distintos departamentos. La gestión de procesos ofrece una metodología para controlar esos espacios en blanco que existen entre los distintos recuadros del organigrama operativo de una empresa.

    Para comprender mejor la importancia de todas las variables en la adaptación continua de la empresa podríamos imaginarla como una máquina en funcionamiento que definiríamos así:

    • Una empresa es un sistema procesador que transforma una serie de recursos en productos y servicios.
    • Dentro de la empresa hay funciones o subsistemas que transforman los bienes propios en productos o servicios. Estas funciones internas o departamentos tienen las mismas características como sistema que las de la empresa en su conjunto.
    • Los productos o servicios los suministra a unos clientes que forman los mercados.
    • La empresa normalmente se guía por sus propios criterios e información interna, pero en último término es redireccionada por la información procedente del mercado.
    • La competencia está utilizando los mismos recursos y suministra al mismo mercado, ofreciendo productos y servicios que son muy similares a los de la empresa.
    • Todo ello tiene lugar en un entorno económico, político y social en constante cambio y muy dado a los contagios y transmisiones de problemas de todo tipo entre países.

    Si la empresa es un mecanismo, la dirección de la empresa es el control que interpreta y reacciona ante la información interna y externa a fin de mantener a la empresa en equilibrio con el entorno exterior, por eso la adaptación debe ser un sistema procesador más y de los más importantes del mecanismo, porque una empresa o se adapta a su entorno (y en especial a las demandas de su mercado receptor) o deja de existir.

    Para el directivo que no adopta la perspectiva de sistema completo, la embestida del cambio le parece caótica, imprevisible y fuera de control, considera la crisis como una situación o hecho específico, en lugar de verlo, entenderlo y asimilarlo como parte de una continua e inacabable necesidad de adaptación, porque la adaptación es un proceso y no un hecho aislado.

    El éxito de los que sobreviven dependerá de la eficacia y rapidez con que se adapten a los cambios en su entorno externo, a las necesidades de los consumidores, a las acciones de la competencia, a las fluctuaciones económicas, adaptando así su actividad interna, costes y desarrollo del producto o servicio. Los directivos eficientes pueden utilizar sistemas para predecir y superar proactivamente el cambio, pero a los sistemas empresariales les pasa igual, o se adaptan o son inservibles y entorpecedores. Toda empresa se comporta como un sistema operativo-productivo, con independencia de que se esté gestionando como tal, si una empresa no está gestionada como un sistema operativo-productivo no está gestionada con eficacia. Por eso si colocamos a una persona que sabe realizar su labor a la perfección dentro de un mal sistema, el sistema vencerá casi siempre echando a perder la buena labor.

    Nosotros nos dedicamos profesionalmente a la mejora de la actividad en la empresa y a las variables que influyen en la actividad a fin de conseguir mejorar la actividad de forma continuada. Muchas empresas invierten mucho tiempo y recursos intentando arreglar a empleados que no están averiados y menos tiempo y recursos del que haría falta para arreglar sus sistemas empresariales productivos que si están averiados.

     

    David Carrascosa Mendoza

    Gestor de Marketing

    Twitter: @DCarrascosaMend     LinkedIN

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