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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 19
    Febrero
    2013

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    Armani y desahucios

    Debe ser de una tensión necesitada de valeriana estar a punto de llegar a la gala, tener la resolución de la nominación en el cogote y no disponer de algún tipo de reivindicación a mano para sorprender a la audiencia. Fernando Trueba, al que apartaron sin compasión de los galardones, mirando para un lado y para otro (como es natural en él), mostró su enfado a un periodista que le preguntó, antes de la fiesta, por la posibilidad o no de que los Goya estuviesen en línea con el malestar social. El director de la inolvidable Belle Époque le espetó, más o menos, que él no estaba allí para venir con el eslogan dentro de la cartera y soltarlo para quedar bien. “Estas cosas surgen y ya está”, afirmó con tono agrio.

    Y es que el problema de partida está en que hay una combinación entre Armani y los desahucios, o entre Dior y la falta de medios de la sanidad pública, o entre el laboratorio de Eva Hache y lo correctamente académico... Entre la indignación sorda y la imposibilidad de llegar al punto de que el ministro Wert coja la chaqueta y abandone la gala enfadado por las protestas. Estaría bien, pero quizás no haga falta llegar a tanta taquicardia: Marlon Brando rechazó el Óscar por El Padrino. En su lugar envió a la ceremonia a una actriz estadounidense de origen indio, a la que le pidió que le sacara a Hollywood los colores con un relato sobre el tratamiento que los americanos habían dado a su pueblo. En nuestro lares, sin ir más lejos, el escritor Javier Marías dejó caer al suelo el Premio Nacional, por considerar que otros colegas suyos se lo merecían más que él. El autor de Corazón tan blanco aprovechó, a la hora de hacer pública su decisión, para poner a caldo la política cultural del Gobierno de Rajoy. Otro tanto de lo mismo ocurrió con el artista Santiago Sierra, que no aceptó los 30.000 euros de su Premio Nacional de Artes Plásticas por venir de un Estado que, a su juicio, desmonta la sociedad del bienestar.  Es gratificante que la nueva camada del cine español vaya en dirección a la gala con un propósito reivindicativo en el bolsillo de la chaqueta o en el liguero, pero no lo es tanto que dicho resorte pase a formar parte de programa oficial, del guión de ‘vamos a tocar los ... pero sin sobrepasarnos’. Ninguno de los galardonados, claro está, fue más allá de un balbuceo, de una pincelada, de una pose, de un quiero y no puedo... Y estas cosas se hacen o no se hacen, lo demás forma parte del espectáculo de la decencia de la Academia.
     

     

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