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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


Archivo

  • 13
    Diciembre
    2013

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    Carnen Negrín: "No sé bien lo que es el perdón, me interesa la verdad"


    Quedan  apenas 48 horas para que el Archivo de la Fundación Juan Negrín (AFJN) se inaugure oficialmente en el inmueble rehabilitado de la antigua Caja de Reclutas, en  la calle Reyes Católicos, número 30, en Las Palmas de Gran Canaria. Será hoy a las 11.00  de la mañana. El barco con los más de 1.000 documentos llegó al Puerto de La Luz ajeno a cualquier turbulencia: nada que ver con la travesía que los baúles hicieron tras estallar la Guerra Civil, primero escondidos en una mina de talco hasta llegar después a un sótano de París, donde los nazis, ayudados por el espionaje de Franco, quisieron echarles el guante. El retorno a España de la ingente documentación, ordenada desde hace décadas por la Fundación Juan Negrín, constituye un acontecimiento tan relevante para la reconciliación y la memoria histórica  como la vuelta del Guernica de Picasso. Carmen Negrín Fetter, en un perfecto castellano, transmite una felicidad plena por el fin de la odisea. Mira una y otras vez la enorme puerta que da paso a la Fundación con el nombre de su abuelo. La toca, no es un espejismo. Sus ojos azules no reflejan ansiedad  por los años que se le han ido en esta auténtica operación de cirugía, donde se ha visto obligada a remover los cimientos más obtusos de España. Del insulto, de la denigración, del vilipendio, de la condena, de la difamación... Al respeto. Un largo viaje.

    ¿Dónde pararía usted ahora mismo el reloj? ¿Cuál es el recuerdo imprescindible de su abuelo?

    La imagen que me viene primero a la cabeza es él sentado en su biblioteca, en su despacho, con papeles y escribiendo. Solía ponerse por la mañana... No sé cómo se llama... Uno de esos trajes que te pones nada más salir de la cama...

    ¿Una bata?

    No... No... Era un pantalón y una chaqueta de color piel de camello. Ahí estaba en su escritorio, donde tenía una pieza de mármol con el reloj,  los tinteros y las plumas, y todos los papeles. Este es el recuerdo que me viene ahora... Era la época, por cierto, en la que escribía sus memorias.

    Unas memorias que se publicarán algún día, ¿no?

    Bueno, hay que aclarar que las memorias están en un momento inicial, son más bien un esbozo.  Hay que reunir diferentes cosas de él, y es algo que todavía está por hacer. Falta un trabajo de investigación, y publicarlo entonces como Obras Completas... Bien, pero es un trabajo que sigue pendiente, seria una cosa a largo plazo.

    ¿Se podrán leer entonces?

    Sí, están en el programa

    En el documental ‘Ciudadano Negrín’ hay unas imágenes suyas, muy bonitas, de la etapa del exilio en Inglaterra, cuando su abuelo compra una gran propiedad para reunir a toda la familia tras la Guerra Civil, y en las que usted aparece de niña con su hermano. Expresan unas ganas muy grandes de empezar de nuevo ¿Me equivoco?

    Yo pienso que esa casa le debía  recordar, en cierta forma, a su vida en Canarias. Era una residencia enorme, con terrenos, y eso era algo que le trasladaba a su niñez... A una vida entre fincas... Yo creo que su idea era reconstruir todo ello en el exilio, aunque el sueño se vino abajo muy pronto porque los ingleses le prohibieron trabajar en Inglaterra  y la familia, mis tíos, estaban bien instalados en Estados Unidos, en el caso de mi padre en México... Claro, todo quedó en un deseo... Pero sí es verdad que allí era donde él se aislaba, y es verdad que había mucha paz y alegría,  todo era muy privado.

    Me llamó la atención sus carreras detrás de las gallinas.

    Había que sobrevivir... Es un poco el concepto de autosuficiencia, autodesarrollo, que ahora vuelve a estar de  moda con lo de la crisis. Sí, estaban las gallinas, se  recogían los huevos, teníamos arboles con frutas para hacer mermeladas que se conservaban luego para todo el año.

    Hay cierto debate sobre si su abuelo era o no una persona prolífica con la escritura. ¿Cuál es su opinión?

    Escribió mucho... Él siempre contestaba a las cartas, que ahora están distribuidas por muchos sitios, de algunas hay copias y de otras no. Hay que decir que él siempre tomaba nota, y que hay cuadernos con pensamientos filosóficos de otras personas que a él le interesaban... En fin, hay citas en  latín...

    ¿Y sus máquinas de escribir? Las llevaba siempre consigo.

    Sí, hay dos máquinas que van a venir a la Fundación, o mejor que ya están aquí: una que tenía en su biblioteca y otra con la que viajaba, la que tenía siempre a mano en el periodo que escribía sus memorias. Como ocurre con los manuscritos de Proust, las copias de sus textos están llenas de añadidos, correcciones, notas en el margen... Resulta difícil saber cuál era la primera, la segunda o la tercera versión de sus escritos. Creo que ello explica, primero, la exigencia de precisión que él se autoimponía, y luego también la necesidad de querer transmitir una idea con toda la claridad que deseaba... Pero sobre todo el hecho de que al final había pocos escritos, porque sus memorias ocupan realmente entre 40 o 60 páginas,  muy poquito... Las acababa de empezar, y encima cambiaba las página diez veces.

    En una carta que le remite a sus hijos antes de fallecer habla del tratamiento médico al que se encontraba sometido su corazón, y también se refiere a la depresión con la que lucha desde hace años. Pese a ese abatimiento mental, Negrín seguía adelante con una fuerza de voluntad tremenda.

    Él seguía o trataba de seguir, pero efectivamente...

    Aguantó los golpes.

    Cuando era joven era más fácil, pero a medida que se hacía mayor era más difícil. Y uno de los últimos golpes fue el reconocimiento del gobierno de Franco por las Naciones Unidas. Creo que fue el golpe de gracia, porque aunque él se había retirado de la política siempre tenías esperanzas... Sobre todo creía que el país iba a cambiar, a evolucionar con o sin República, que iba a mejorar la situación...

    ¿Y también las peleas?

    Yo deduzco que influyó todo el final de la guerra y las peleas mezquinas de socialistas, las acusaciones de la oposición... A él le daban  igual las de los franquistas,  pero las disputas internas siempre duelen, y claro era una mala noticia tras otra. Influyó además el hecho de que en Estados Unidos no había tampoco una coyuntura favorable, dado que iban saliendo una tras otra opciones republicanas que no variaban la posición. Era una  potencia, incluso con más peso que ahora, que por tanto no presionaba sobre Franco. Todo eso le llegaba a afectar, como a cualquier persona, pero a él más que a nadie porque se había implicado y había dado su vida entera por ello. Al fin y al cabo dejó su trabajo de científico.

    Le oyó usted manifestar alguna vez su arrepentimiento por haber dejado la carrera.

    No, pero él abandona la carrera de científico en el sentido de que ya no tenía un laboratorio ni tampoco tenía estudiantes, pero su interés y su curiosidad por ir a conferencias fue algo que nunca dejó de hacerlo. Nunca... De hecho, al final iba a las conferencias que le interesaban del Colegio de Francia sobre temas muy diversos, y participaba activamente en los debates, tal como escribió el presidente de la prestigiosa institución en su momento. Así que seguía al tanto, aunque es verdad que no es lo mismo. De todas maneras creo que su mente estaba totalmente implicada en todo lo que pasaba en España, también con lo que pasaba en el mundo, la guerra del canal de Suez, la independencia de los países de África del Norte que estaba por llegar... Argelia... Era sensible a todo ello, pero lo más que le interesaba era España, y ninguno de estos acontecimientos implicaban ningún cambio para su país...

    Mariano Ansó, que fue ministro y  hombre de confianza de Negrín, revela en sus memorias cómo fueron los contactos para entregar a Franco los llamados papeles del Oro de Moscú.

    Yo quiero corregir una cuestión: no era a Franco, era al Estado español reconocido por la Sociedad de Naciones, que es muy diferente. Su visión no era Franco o no Franco, se trataba de España, y como estaba reconocida por la Sociedad de Naciones, pues bueno... ¡Que estaba el imperturbable gobierno de Franco! Ya, pero hay que hacer la distinción.

    Una cuestión de Estado...

    Y no de la persona...

    Le preguntaba si Negrín hubiese aceptado el traspaso de su archivo al Estado español si hubiese mediado un trato digno para el exilio. ¿Se dio la posibilidad?

    No se lo podría decir, la verdad es que no lo sé. Hace un tiempo Ángel Viñas y yo hablamos del asunto... Pero los papeles que Negrín escogió en aquel momento eran los relacionados con el oro de Moscú, y la motivación que estaba detrás de ello era debido a que España empezaba a tratar de reanudar relaciones con Rusia. Entonces, para que no hubiera ninguna reclamación, en un sentido o en otro, él entregaba estos papeles.

    De los que Franco no dijo nada de nada.

    Los papeles originales del oro de Moscú están en Madrid desde 1956. Las copias certificadas están aquí. Pero desafortunadamente, no todo el mundo ha tenido acceso a los originales. Ahora, con la Fundación, la situación va a ser distinta para los investigadores.

    ¿Y fueron útiles para la incipiente relación comercial de España con la URSS?

    Franco no le dio divulgación alguna a la documentación, pero seguramente lo tomaron en cuenta para sus nuevo vínculos con Moscú, o con los que trataban de establecer. Unas relaciones, además, que comenzaron en el ámbito científico... Pero imagino que estos papeles los tomaron en cuenta, aunque de forma inversa, digamos, transformando su contenido a nivel de política interna... Los utilizaron para machacar más a Negrín, y él ya no estaba para defenderse. Era lo típico de la dictadura del momento en España.

    No puedo evitar preguntarle por algo que se ha convertido en una especie de  ‘clásico’ del perfil de su abuelo. ¿Era cierto que le gustaba la buena mesa y que agotaba al resto de los comensales a la hora de comer?

    No, no, no... Yo le puedo decir que no comía tanto, aunque lo hacía con gusto y escogía muy bien lo que le ponían a la mesa, lo que era bueno...

    Antonio Muñoz Molina, en su novela ‘La noche de los tiempos’ se extiende en el ímpetu gastronómico de Negrín.

    Ya... Ya... Pero eso es otro mito. En las cartas personales que le escribe a Feli [su pareja], un material que todavía no viene al archivo, él le dice que lleva cinco días sin comer en plena guerra... Ella se preocupaba y le escribía, y le decía ‘tenga cuidado con su salud’, porque lo trataba de usted. Mi abuelo comía cuando se podía comer, como ocurre siempre en las guerras. Todos los españoles sufrieron y él también estaba con ellos. En Francia, en el exilio, comía como una persona grande, saludable, aunque ya con problemas de salud. Pero no, comía como usted y como yo, si bien seleccionaba muy bien todo.

    ¿Cuál es su idea de futuro para la parte personal del archivo que todavía está en París?

    Tengo que ver hoja por hoja... Queda un metro cúbico (risas) de documentos, y tengo que ir mirando uno por uno... Tengo que tener tiempo, ahora soy abuela y lo volveré a ser dentro de poco. Todos es- tos papeles, no obstante, ya están escaneados.

    El  proceso de negociación para traer el archivo a Las Palmas de Gran Canaria les ha unido más como familia.

    Hay alguno miembros de la familia que se han interesado y otros no.  Mi hermano siempre ha estado ahí. Pero curiosamente ha sido la tercera generación, por el lado de mi tío Miguel, que acaba de fallecer,  donde hay dos nietas que han mostrado interés. En la familia ya nadie  hablaba español, y ellas se vinieron y pasaron un tiempo en Sevilla, estudiaron el castellano... Y sí, tienen una curiosidad por saber. Espero que vengan en febrero desde Estados Unidos para conocer la Fundación.

    Después de levantar esta Fundación, de pensar tanto en su abuelo, de conocer su legado, de ayudar a la reconciliación... ¿Hay hueco para el perdón?

    No sé muy bien lo que es el perdón. Lo que me interesa es que se sepa la verdad, que exista una Justicia, porque con ella va la reparación. Desde un punto de vista filosófico me parece necesario. El perdón es una palabra que es muy personal, que depende mucho de cada uno. Otra cosa es la posición política que debe tener un Estado ante  un acontecimiento particular. Es como si los turcos se ponen a pedir perdón por haber matado a los armenios, y  yo creo que ni les va ni les viene a los que han sobrevivido... Pues aquí más o menos sucede lo mismo.

    Usted se ha mostrado reivindicativa a favor de la memoria histórica de los que perdieron la guerra, o con el alejamiento del juez Garzón de la carrera judicial. ¿Será la linea de actuación de la Fundación?

    Siento no haber podido hacer más. No, son cosas separadas, la Fundación tiene que tener una función neutra, una palabra que no me gusta nada porque creo que  todo el mundo debe tomar una posición en la vida. En este sentido, a  mí me gustaría que la Fundación se ampliara, que no sólo diera a conocer la figura de mi abuelo, sino todo lo que está en torno a ese periodo, que es muy rico para la historia de España, de cambios de fondo que no son revolucionarios, pero sí que van a tener un peso enorme. Por ejemplo, para las mujeres el divorcio, el acceder a las universidades o a la escuela  con los hombres o llegar a ministros. Todo esto, claro, afecta a la mitad de una población. Bueno, pues a estos logros se les puso un manto y se volvió años atrás. El hecho es que en el poco tiempo que existió la República se pudo hacer mucho en educación, pese a que al llegar al poder se encontró con que el 40% de la población era analfabeta. ¿Cuántos países han dado cursos de alfabetización al ejército en guerra? Yo tengo libros que vendrán eventualmente  a la Fundación sobre cursos que enseñaban a los soldados a leer y a escribir, un poco al estilo del método Freire, es decir, saber contar los cañonazos que daban, sin ir más lejos.  Había una filosofía para estimular el avance de España, algo que parece que se está perdiendo.

    ¿Cómo definiría usted ese espíritu que pretendía revertir los poderes de la Iglesia o de la misma oligarquía rural?

    Era realmente lo que se llama una democracia, es decir, para el pueblo y por el pueblo. Entonces todo ese espíritu, que además se encuentra en la Institución Libre de la Enseñanza, se ha perdido, y eso me gustaría que se preservara, que se volviera a difundir, que se duplicara, triplicara... Formaba parte de la vitalidad de España, era un momento lleno de artistas, escultores, pintores..., que han sido olvidados porque se fueron al exilio... A mí me divierte mucho cuando en México dicen que Buñuel es mexicano, o en Francia cuando dicen que Picasso en francés. ¡No!, son españoles y forman parte de esa época , es la riqueza del país. Esto hay que revalorizarlo y espero que el archivo contribuya a ello, y que se pueda mostrar cómo hasta en periodo de guerra funcionaba esa estructura. Tengo un documento de los primeros meses, cuando mi abuelo era presidente del Consejo de Ministros, y se publica un pequeño folleto para que todas las invenciones o descubrimientos científicos se sigan difundiendo en el país pese al conflicto.

    ¿Y su militancia?

    (Risas) Bueno, eso es otra cosa... Pero le digo que no es incompatible con la Fundación, al contrario, pero es aparte.
     

     

     

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