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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 15
    Junio
    2016

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    Las Palmas Gran Canaria

    ¡Cuidado con la comunicación política!

    Errejón puede ser el hermano mocoso de Iglesias, aparentemente más teórico que él, y dispuesto a decir “el comunismo no existe, la socialdemocracia esta muerta”. Un grito de guerra que pone en tensión al líder y que provoca su reacción enojada dada la inoportunidad de la bocanada sulfurosa: ¡Cuidado con la comunicación política! ¡Ojo con la reflexión! ¡Destila bien las ideas! Dos son dos, y sucede que no siempre van a la misma velocidad: Felipe y Alfonso, por ejemplo, hicieron dúo. mucho dúo, en el ámbito ideológico, pero rompieron cuando empezaron a estar sentados en el Consejo de Ministros. Al primero le encantaba tener a su lado a un pepito grillo que le recordaba una y otra vez cómo llenar de carne el cambio socialista de los ochenta, pero se le hizo incómodo, agreste, para convertirlo en cómplice de secretos de Estado inconfesables. La unidad rompió sus costuras. En el caso de Errejón e Iglesias puede más por ahora un porvenir morado en La Moncloa que las actitudes politológicas que empuña el mocoso de vez en cuando. Garzón se lo llevó en Málaga a comer espetos a su chiringuito preferido para limar asperezas. A Errejón le costó un Potosí tragarse lo de la hoz y el martillo de Izquierda Unida, o el sentimentalismo (o veneración) hacia Marx del joven comunista, o el culto a la personalidad que todavía transita entre los herederos de Anguita. Los días en que al secretario político de Podemos le toca mitin es más fácil entender qué pasa por la cabeza de Errejón: sigue a su maestro Ernesto Laclau, toca el piano del populismo (hay que serlo irremediablemente para tomar el poder) y sueña con coger todo ese malestar y aplicar sobre la herida pedazos de tejidos de un lado y de otro, de América Latina, de la democracias nórdicas, de las revoluciones ganadas o perdidas, para lograr la sutura adecuada. A Errejón le debemos, por supuesto que con algunas gotas de Monedero e Iglesias, no saber qué parte de la parte es en cada momento Podemos, posición oscilobatiente que produce rentas inmediatas entre una base electoral que cubre una amplia gama de comportamientos y tendencias ideológicas. Pero no es tanto el perfil del votante, sino más bien el campo de acción que tiene entre sus manos el partido que las encuestas ponen en segunda posición, por encima del PSOE: se trata del descontento promovido por la crisis, y ahí están tantos y tantos dispuestos a oír como esponjas y sin saber muy bien ( o a lo mejor no quieren saberlo) cuál es el modelo al que nos quieren encaminar. Estos combates de laboratorio, tan llenos de sensores, suelen poner a uno en situación de expectativa extrema, casi con la corazonada de que podría ser satisfactoria una relectura de Orwell, tan en guardia frente a la utopía del proletariado, o bien un guiño a Huxley por lo terrible de sus futurismos preparados y escanciados por mentes ultrasónicas. Y que conste que no les recomiendo los últimos artículos o declaraciones de Javier Marías, que advierte sobre el poder sectario de la fuerza política. Entretanto, Errejón llena las plazas con su rostro aniñado. ¿Es más o menos flexible que Iglesias? He ahí una duda.

     

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