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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 12
    Marzo
    2012

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    De Tapahuga a Tasarte

    A veces resulta deseable que representantes institucionales confundan la playa de Tapahuga, en La Gomera, con la de Tasarte, en las profundidades del Sur grancanario. Los dos enclaves mágicos, llenos de misterio y agraciados con la naturaleza más literaria, fueron motivo esta semana de una trapisonda a cuento del vídeo promocional de Promotur en la ITB de Berlín.

     Los empresarios volvieron a ver una mano negra en su realización, dado que de otra manera no se podía entender la elección publicitaria de una playa de callaos frente a las bondades de playas tan sobradas de arena como Maspalomas o El Inglés. Este contorsionismo sobre la geografía insular demuestra el singular analfabetismo que circula sobre el conocimiento de otras islas, un chovinismo, en definitiva, que exacerba lo cercano y condena al silencio a otras tierras.

    Pero ni a Tapahuga ni a Tasarte les vendría bien un conocimiento exploratorio de su valor urbanístico, encadenado ello a una secuencia edificatoria en torno al hotel de turno, el muelle deportivo y el secuestro de todo su costumbrismo en la clásica cofradía de pescadores que les regala la empresa a los lugareños. Estos dos parajes se mantienen invisibles para la urbanización, y pese a ello constituyen un valor añadido para un sector entregado, por ahora, a la comprobada felicidad que los hoteles temáticos procuran al turismo de masas.

    Quiero decir que no es ninguna infamia ni desdoro estar en posesión de unos paisajes que aún conservan la limpieza del horizonte, con una soledad de gente curtida por los vientos, apegados al fondo del mar, con piernas que descansan bajo la sombra del único árbol, conocedores de grutas secretas, antiguos lobos de mar que se han recorrido palmo a palmo los recovecos de los acantilados... Y hay turistas, incluida la poderosa Merkel, a los que les gusta esta ignota paciencia que se funde en Tapahuga o Tasarte, aunque luego duerman en hoteles de cinco estrellas o en paradores.
     

    Mi reivindicación es la invisibilidad de ciertos lugares de culto a los que todavía no ha llegado la bruta conciencia del progreso. Sin la despiadada fuerza de la especulación, existen microcosmos que han logrado establecer una economía de escala sin ceder un palmo a la locura especulativa, con una hospitalidad abierta, sin truculencias ni facturas abusivas. Estos son los paraísos, y lo mejor es que no salgan en ningún vídeo promocional, sobre todo porque a los empresarios les desagrada situar en el foco del circuito turístico parajes alejados de sus factorías.

    Este rechazo, repito, es magnífico para estos parajes y para la gente que todos los días da de comer a grupos de turistas que llegan hasta allí, por supuesto que admirados por la somnolencia larga que se ha apoderado del lugar. A cuenta de la diatriba por el vídeo de la ITB, este periódico mostraba la vida que transcurre en Tasarte, sitio de La Aldea, envuelto en la riqueza de su mar, y dueño de maravillas escondidas como la cueva de Lo Seco. A veces, pues, resulta hasta deseable que este espacio no sufra la violación de la cámara fotográfica, y que los políticos de turno confundan la gruta con otra que está en las cavidades de los rompientes del Meridiano. Y todo ello en un especie de juego fantasmagórico sobre las islas dentro de las islas. Tapahuga, por su parte, tiene el bello nombre de los paisajes nunca descubiertos, o abandonados en la historia de las erosiones, petrificado en su paz, como el fuerte de un náufrago que quedó para siempre animado por algún encanto. Tasarte o Tapahuga, o viceversa, valen tanto como esas hermosas playas de arena que tienen su mejor hora a la caída de la tarde, con el faro majestuoso dando la luz perfecta.  

     

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