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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 03
    Junio
    2014

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    El recorrrido de Podemos

     Parece que Pablo Iglesias tiene a “la casta” enfrente. A uno no le apasionan ni los estereotipos ni los maniqueísmos, pero reconozco que, por ejemplo, el “clan de la tortilla” es una magnífica referencia para tener en cuenta a los socialistas españoles que evolucionaron desde el marxismo hasta los consejos de administración. Y digo que los tiene cara a cara porque nada más poner en circulación el apelativo, los otros, los aludidos, tacharon a Podemos de “bolivarianos” o “chavistas” para contraatacar y explicitar como espantapájaros que uno de sus líderes estuvo con el caudillo Hugo (el estigmatizado, en descargo, contó que su tesis había sido del declive de la RDA). Lejos de creer que se está ante un improductivo ejercicio de retórica o ante un desgarro del respeto al rival, valoraría  que la irrupción de un contrincante con un lenguaje sin ambages derrama sobre la arena política cuestiones hasta ahora tabú (a Felipe se le llama como lo que es: consejero de Gas Natural). Han sido extremos incómodos encapsulados bajo el manto de los que se dedican a crispar (mover el ventilador hacia todos lados como signo de confusión) o encriptados por acuerdos entre mayorías para dar una sutil cobertura a sueldos, puestos, representaciones, planes de pensiones y protecciones vitalicias con subterfugios entre el poder y las grandes empresas. Nada que no supiéramos, pero aun así carente (y eso que la orgía dura desde hace años) de una verbalización liberada de eufemismos.

    Conocí algo del programa de Podemos a pezuña de caballo, al final de la campaña. Creo que inspira a hablar de muchas cosas que hasta ahora la costumbre o la cara dura de algunos daban por hechas, por establecidas. A partir de ahí habrá que separar lo realizable de lo irrealizable: en principio es un toque de atención para descender  a territorio comanche, donde las familias se las ven y se las buscan para llegar a final de mes. Igual que muchos españoles y sociólogos de este país estoy sorprendido por sus votos en las europeas, pero sobre todo porque la sorpresa demuestra el nivel de anquilosamiento al que ha llegado el análisis: nadie se lo esperaba, muy pocos sabían de ellos, la izquierda se ha quedado perpleja al ver cómo han removido sus aguas y los conservadores los consideran directamente unos frikis y por tanto no merecedores de que la FAES o Arriola les dediquen más de un minuto. Todo ello justifica comportamientos patosos frente al fenómeno: me parece una torpeza circunscribirlos a una mera herencia del 15-M, sobre todo porque en 2011 se consideró imposible que la citada movilización fuese capaz de articular una representación política, algo que hasta sus mismos promotores reconocían. Podemos, en cambio, tiene como objetivo estar en las instituciones, promover leyes para ponerle coto a la corrupción y hacer campaña a favor  de una bajada de los sueldos de los políticos. O sea, no renuncian a integrarse para lograr un cambio, como ha quedado claro con su anuncio de que pelearán por las generales.   

    Muchas personas (y políticos) se preguntan en voz alta qué recorrido tiene la opción de Pablo Iglesias, en definitiva si es una cosa de meses o bien se está ante el aviso  de un corrimiento hacía posiciones a la izquierda de IU y el PSOE, a los que, visto lo visto, no les quedaría otro remedio que reestructurar sus programas para superar el golpe infligido por el recién llegado. Pienso que la respuesta la tiene la crisis y su duración, y por supuesto la capacidad del PP para administrar la supuesta bonanza que viene y emplear las ganancias en suministrar una cura contra el desencanto y la pobreza de las clases medias. Un retraso o una mala coyuntura alimentarán el radicalismo como respuesta a los desequilibrios, tanto por la izquierda como por la derecha. Los votantes ya aplicarán su criba para discriminar entre populismos, utopías, revoluciones imposibles, modelos tercermundistas o recortes de la libertad. La mejora económica y su influencia será, por otra parte, una prueba para conocer si la gripe que afecta al bipartidismo es tal, siendo la fragmentación el resultado de un desengaño general con la democracia española, su monarquía, su sistema judicial, su alta corrupción, sus banqueros... Es la única forma de averiguarlo.

    Harina de otro costal, y bastante llamativa, es el grado experimental de Podemos, articulado desde la experiencia disciplinar de la politología, ciencia que imparten varios de sus miembros en la universidad y que les ha permitido tener un plus de conexión con las inquietudes políticas de sus alumnos. Otra parte singular corresponde al compromiso televisivo del líder con la participación en tertulias donde ser bate el cobre con equidistantes, pero sin que este medio de comunicación tradicional entre en competencia con el uso inteligente de las redes sociales del que hacen gala. Para completar el panorama, Pablo Iglesias, su nombre, una biografía que le viene como anillo al dedo, una capacidad tremenda para no perder los papeles, ciertas dosis de mesianismo, una estética que nos devuelve a los viejos comités de la chaqueta de pana y el ambiente cargado de humo... Es difícil saber qué está de más y qué de menos, pero sí está claro que pone a vibrar a los jarrones chinos y levanta las cejas de los que ya eran pasto de la abstención. No me atrevería a certificar que el experimento le vaya a estallar en las manos: lo arriesgado de sus propuestas vaticina que tendrá que maniobrar con astucia a la hora de establecer qué es posible y qué es imposible. La militancia no suele perdonar los desmoches, pero también es verdad que nunca ha tenido delante un PSOE tan desvalido ni a un ogro tan enrabietado contra los que quieren quitarle la caja de caudales.

     

     

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