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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 27
    Marzo
    2012

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    La épica del 'llanero solitario'

    Todavía no ha nacido en Canarias un artista con tanta influencia social como la conseguida por César Manrique. Las dos décadas de vida de su Fundación, creada por él (y no a título póstumo), demuestran su empeño personal y económico para que su pedagogía medioambiental sobre Lanzarote no pasara sin pena ni gloria. Tampoco es común encontrar a un idealista que haya obtenido tanto respaldo de una población para sacar adelante un proyecto, que, finalmente, iba a ser adoptado como guía de desarrollo.

     En Taro de Tahíche, en la sede de la Fundación, están concentrados los mimbres de su república independiente, los mismos que pusieron coto a un modelo desarrollista que diluía la identidad paisajística de Lanzarote. El arquitecto Fernando Higueras,  amigo de Manrique y autor del Salinas (Costa Teguise), ya dijo que lo mejor que hizo en Lanzarote es lo que nunca quiso hacer, es decir, hoteles sobre la lava de la Montaña del Fuego o amenazando la belleza de Papagayo o el desierto de Los Ajaches. Con el forúnculo del petróleo encima, el fenómeno Manrique crece aún más: está la épica del llanero solitario que fue capaz de embridar, seducir y acariciar al capital hasta convencerlo de que era lo mejor para la Isla.

    De la Fundación, dos décadas después, emana el aliento de una personalidad a la que los lanzaroteños le entregaron su soberanía para que los sacara de las hambrunas cíclicas, y los defendiera de los que querían herir el manantial natural de la Isla. El artista, sepultado bajo la chatarra de su Jaguar en 1992, hubiese seguido adelante con su agenda de combates contra los invasores, que ya a la fecha de su muerte tenían, cómo no, nombres de planes parciales, recalificaciones y ambiciosos comadreos para untar a quien se pusiese bajo el bastidor de la puerta.

    Veinte años después de sus enfados y advertencias públicas, Lanzarote sigue siendo acorralada, aunque con la diferencia de que ahora no está César Manrique para hacer pedagogía sobre los que no tienen sueños como los del adolescente de Famara, el hombre que después cambiaría Nueva York  por la llamada de la Isla. Y allí, ante el sol naciente del turismo, se puso a freír un huevo sobre la tierra volcánica; una foto que recorrió el mundo y que anunciaba la nueva era de Lanzarote. La Fundación, al igual que su creador, vive con los enemigos a tres pasos, entre campañas que intentan desacreditarla, vigilante, acogotada por los pleitos, respetada como centro cultural privado, por su acción a favor del desarrollo sostenible...  Veinte años que, en verdad, vienen a ser como los faros del optimismo y el pesimismo frente a la insularidad.  
     

     

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