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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 17
    Diciembre
    2012

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    La lista negra

     En la estratosfera del capitalismo se desarrolla una lucha a lo bestia entre los archimillonarios que se resisten a pagar más impuestos o a seguir sin pagar ninguno (o los menos posibles) y las haciendas estatales ahogadas por el déficit. Bernard Arnault, empresario del mundo del lujo, amenaza con dejar Francia e irse a Bélgica, y el actor Gérard Depardieu ha puesto en venta su palacete del centro de París para seguir el mismo camino. El socialismo de Hollande aprieta las bisagras a estas vacas sagradas, y espera ganar la batalla con el apoyo de una opinión pública indignada por la soberbia de este estrato social al que le importa una tortilla de veinte huevos lo que sucede a su alrededor. El PP aún está en pañales y muy remiso a clavar la imposición de los grandes patrimonios y ganancias, pero empieza a asomar la patita para que los intocables se atengan a las consecuencias si no liquidan sus cuentas pendientes con el fisco. El ministro Cristóbal Montoro no consiguió con su amnistía fiscal activar su lavadora del Ministerio más allá de un prelavado; la mayor parte de los posibles beneficiados creen que tienen a buen recaudo su dinero en paraísos fiscales y consideran, además, que son impunes frente a la maquinaria judicial y de la inspección. Segundo paso: el Ejecutivo de Rajoy anuncia que va a poner en un tablón de anuncios una lista negra con los nombres de los cocodrilos de dura piel que se niegan a entrar por el aro. Primera reacción: ¡fantástico! Por fin vamos a conocer a los desgraciados que se aprovechan de la infelicidad de los españoles, sin paga extra y abocados a pagar la muleta, la ambulancia y cualquiera sabe si hasta por quejarse. Segunda reacción: les picará algo la amenaza de la publicidad de sus fechorías después de despachar a los inspectores con zalamerías varias. Y tercero: viene a ser desalentador observar a la democracia, al Estado de Derecho, vencido, babeante, al no poder ganar el combate contra estos individuos cubiertos por una verdadera ingeniería financiera y dispuestos a refugiarse en el mejor destino desde que ven las orejas al lobo.


    El multimillonario Warren Buffett lo escribió hace poco en un artículo en The New York Times: Estados Unidos, el Congreso americano, tiene que dejar de mimar a los ricos, deben pagar más impuestos, sus operaciones especulativas deben ser gravadas... Tamaña confesión o cuestionamiento de prepotencia es inimaginable en España, donde los que tienen plaza fija en los índices de los millonarios sólo abren la boca para meterse con lo poco y mal que trabajan los españoles; para hacer recuento de las nóminas que pagan a cambio de nada, según ellos; para abrillantar la conciencia con una donación caritativa; para subrayar ante un juez que ellos cobraban sólo por calentar el cuero de la silla con un buen trasero... Pero nunca para hacer una reflexión en voz alta sobre la necesidad de poner límite al enriquecimiento desorbitado, a lo que señalan todos los estudios (menos los del PP): la carrera imparable de la riqueza se concentra cada vez más en unos pocos, mientras que aumenta el grupo social de los que pierden poder adquisitivo, sufren la precariedad de sus condiciones laborales y hacen malabarismos para afrontar las necesidades del hogar. ¿Hay algún rico en España capaz de secundar lo afirmado por Warren Buffett? Todo lo contrario: seguirán en la senda de pedir el abaratamiento de todo lo que se refiera a la órbita del empleado. Los españoles siempre hemos sido muy aficionados a glorificar a los señores que levantan un imperio de la nada, incluso honramos sus trayectorias meteóricas con el birrete honoris causas de una universidad decente y hasta celebramos como si fuera nuestro que adquieran un megayate de complejo atraque. No es oro todo lo que reluce: Costa-Gavras, en su película El Capital, muestra los desafueros de estos personajes, y cómo ellos se han elaborado un sentido de la honradez ajeno al mundo que les rodea. Todo lo que cualquier trabajador o mediano empresario cumplidor considera un cúmulo de irregularidades, un harén de operaciones maquiavélicas contra los intereses generales, resulta ser para ellos una estrategia de actuación abocada al éxito, más allá de las víctimas personales y los castigos que recaigan sobre la seguridad de un Estado.


    El recurso de la lista negra para estrechar el cerco a los grandes defraudadores de la hacienda pública viene a ser una especie de baby frente al armamento del que disponen los evasores. La fuerza correctiva del instrumento publicitario queda tocado del ala, y ojalá no fuera así, por la escasa conciencia social que existe contra estos comportamientos, y segundo por la sobresaturación de derivaciones de la corrupción que están todos los días ante nuestros ojos. ¿Qué más da que lo pongan o no en una lista negra si nadie los va a poder perseguir? ¿Les preocupa a ellos aparecer ahí? ¿No sabe todo el mundo a lo que se dedican? ¿No sabemos desde hace tiempo que hay políticos aparentemente juiciosos que tienen su dinero en paraísos fiscales? ¿Nos van a explicar de dónde salió el dinero que evadieron? ¿No sabemos ya que hay banqueros trufados de nacionalismo económico que tienen a buen recaudo su capital fuera de España, en cuentas opacas? ¿No sospechamos desde hace tiempo que hay testaferros de los vip más vip de la política nacional que disparan transferencias bancarias de un lado a otro del mundo sin preguntas? Son algunos de los interrogantes...


    La argamasa que trata de cuajar en esta época no tiene nada que ver con el espectáculo que logró Josep Borrell cuando, siendo homólogo de Cristóbal Montoro, sacó los colores a Lola Flores por no retratarse con Hacienda. La cantante pasó por el aro, y lo mismo suele suceder cuando a cualquier hijo de vecino le mandan a su domicilio fiscal una paralela, una aclaración o una denuncia. La mayoría de los españoles le tenemos un respeto solemne a la autoridad, a la multa o a la cárcel. La situación, sin embargo, no vale para estos defraudadores a los que se les va a poner en una lista negra a ver si así pagan de una vez por todas. Estos ejemplares del pata negra evasor viven como monarcas, sin nadie que se atreva. Se les mima demasiado, se les dan demasiadas oportunidades.

     
     
     
     
     
     
     

     

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