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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 02
    Abril
    2012

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    Maquinaciones Gallardón

    Tiempo al tiempo, pero el lío que se tiene montado Gallardón sobre la mujer auténtica puede acabar como el caso de La Regenta de Clarín con el magistral de la Catedral. El ministro de Justicia, buceando en su reforma del aborto, parece que le ha cogido el gusto a esparcir juegos verbales y reflexiones intestinales sobre la condición femenina, un jardín lleno de ortigas piconas a más no poder.

    En algunos momentos parece que viene de hablar con Pilar Primo de Rivera y que llega al Congreso con una carpeta llena de recomendaciones para troquelar a la buena mujer. Otras, en cambio, podría ser un provocador que añora  un paraíso donde la madre aparece rodeada de retoños, unos seguidos de otros, mientras le da el pecho al más pequeñín. Y no faltan tampoco otras en las que  nos embiste como un sermonero que le mete la aspiradora a Darwin, y que se aplica con coraje apocalíptico a la mantecosa filosofía de las causas y contratiempos de la maternidad.

    De seguir Gallardón en la línea de pasar la espátula por encima de los derechos de la mujer con teorías tan cromañonas, no tengan duda alguna de que terminarán regalándole un delantal y pidiéndole alguna explicación sobre cómo, según su didáctica, se puede conciliar la maternidad y el trabajo sin un servicio doméstico que haga trenzas o tenga dispuestos en hora los desayunos vitamínicos. Y lo extraordinario es que, pese a ello, hay familias, incluso superfamilias de madres que renunciaron a todo (hasta a saber leer y escribir), para sacar adelante a una tropa necesitada de todo. En la época en que Gallardón nos chorrea con sus justificaciones para reformar la interrupción del aborto, la coyuntura está marcada por la incorporación de la mujer al trabajo, pero sobre todo por las dificultades para alimentar, criar y educar un hijo en época de crisis. El ministro habla de "una violencia estructural" contra la maternidad, pero las mujeres no ven, ni mucho menos, un pensamiento dominante en contra de los embarazos, sino más bien unas condiciones socioeconómicas adversas que influyen en la adopción de la decisión definitiva. La elección o no, en todo caso, ya subraya de por sí una capacidad deliberadora que en tiempos pasados se sustituyó por la de la mujer como infinita paridora , es decir, la maternidad a la fuerza. 
      

    El color retro del discurso de Gallardón aterriza, claro está, en un espacio social que paso a paso se acerca cada vez más a los estándares de las sociedades europeas. Los nuevos padres españoles, homosexuales o heterosexuales, asumen con los hijos roles que antes tenían en exclusiva las madres; acuerdan con su pareja la planificación para traer un bebé al mundo; deciden el número de hijos que quieren tener; acuerdan quién debe coger la baja por maternidad o si deben compartirla; se corresponsabilizan en el cuidado y la educación; los llevan al médico; se preocupan por su despertar sexual... Realmente no hay una inquina contra la maternidad; todo lo contrario, suenan más que nunca los casos de parejas que, tras un costoso tratamiento, logran alcanzar el embarazo en edades de riesgo, y hasta de gemelos. Este escenario, por supuesto, no tiene nada que ver con los fantasmas y oscuridades a las que se refiere Gallardón que, como dije al principio, ha acabado en la insultante fase de quién es más o menos mujer. Justificar la reforma del aborto así, con tantas extravagancias, provocará que este conservador se encuentre solo frente al hazmerreír. Y no olvidemos que muchos votantes del PP tampoco están muy dispuestos a ver sus propias vidas afectadas por pensamientos tan singulares, por no decir desfasados.

     

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