Blog 
La montaña rusa
RSS - Blog de Javier Durán

El autor

Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


Archivo

  • 22
    Mayo
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Marichal vuelve de Cuernavaca

    Uno de los tótem que ha dejado tras de sí la estimulante visita de Mario Vargas Llosa a la Isla ha sido su esfuerzo por transmitir el valor de la lectura, ya sea a bachilleres y a universitarios, como a periodistas y catedráticos, contaminados todos por la comodidad tecnológica y el poder fragmentario de internet. El Premio Nobel se declaró un entusiasta de la exhumación de antiguos libros, cubiertos por la atmósfera del desarraigo de los traslados, las pérdidas y apariciones caprichosas o la simple incompatibilidad con el momento. Acabo de recibir de la Residencia de Estudiantes (la de García Lorca, la de toda la vida) un Boletín de la Institución Libre de la Enseñanza dedicado íntegramente a Juan Marichal, el profesor canario en Harvard, muerto en Cuernavaca en el verano de 2010, Premio Nacional de Historia en 1996, y que dirigió la publicación desde 1990 hasta su fallecimiento. Escriben José-Carlos Mainer, Santos Juliá, Miguel Ángel Aguilar, Juan Cruz y José Antonio Martínez Soler,  entre otros autores que perfilan la figura de un republicano que, adolescente, recorre España, algo de Europa, hasta acabar en México, a lomos de la diáspora del exilio familiar, donde al abrigo de la protección de Cárdenas se forma como investigador.

     En ese eterno retorno de los libros, el homenaje de la Residencia vuelve a poner ante mis ojos El secreto de España, con el subtítulo Ensayos de historia, intelectual y política, publicado por Taurus en 1995, una obra en la que Juan Marichal, discípulo después de Américo Castro, deposita todo su conocimiento sobre la convulsa travesía de España: es la mirada de un socialista republicano que, en cierta medida, aplica el bisturí sobre el fracaso guerracivilista de España, pero también sobre pensamientos, iluminaciones, que se erigen frente al caos y claman por la paz, el entendimiento y el constitucionalismo. Ahí aparecen Jovellanos, los doceañistas de Cádiz, Larra, Giner de los Ríos, Unamuno, Azaña, Ortega y Gasset y hasta el olvidado Tierno Galván. La obra de Juan Marichal parece ser la mejor guía, el alimento más eficaz,  frente a las voces aturdidas por el pesimismo, las que ahora mismo se ensalzan por no encontrar la luz en la salida del oscuro túnel.
     

    Casado con Solita Salinas, hija del poeta Pedro Salinas, Juan Marichal, una vez jubilado, regresó desde Estados Unidos a Madrid, capital de la que se declaraba "voluntario". El paso de los años y los dolores físicos llevan de nuevo al matrimonio a México, a Cuernavaca, al cuidado de su hijo Carlos Marichal. Al autor de La voluntad de estilo, gracias a uno de sus viajes sentimentales a Canarias (siempre se declaró un "trasterrado"), tuve la oportunidad de entrevistarlo a principios de los noventa. Una reelectura mental del encuentro (el original de la entrevista está perdido en las fauces de la hemeroteca) me desplaza hacia una personalidad de una elegancia intelectual que rompía los esquemas de la obligación periodística. Oír sus ideas no formaba parte del contrato laboral, de la jornada: era una oportunidad. Llevaba el brazo en cabestrillo, y hasta por ello me pidió disculpas. La civilidad que expulsaba Marichal era más que suficiente para tener como derroche, bandidaje o hediondez la señalética de antiespañol  con la que el franquismo lo adobaba, mientras en Harvard o Princenton lo subían a la tribuna para pensar sobre la España que estaba vetada. Sus amigos,  no sólo profesores, sino también periodistas, se dieron cita el pasado día diez en la Residencia de los Estudiantes, a la sombra de la acumulación de la Historia, para ofrecerle un homenaje, pese a que él sólo cumplía, como bien dijo, con la misión de ser un buen profesor. 

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook