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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 25
    Febrero
    2014

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    Mitigar

     1) A Rajoy no se le puede negar cierto manejo del lenguaje, sobre todo por su empeño en rescatar verbos y adjetivos del castellano cubiertos de un barniz casposo, antiguo y cursi. Uno de los que me ha llamado la atención de su discurso es mitigar, es decir, suavizar el impacto de la dureza de una medida. Por tanto, yo, ciudadano de clase media baja (cada vez más baja), espero con ansiedad poder leer la letra pequeña de sus iniciativas para conocer cuándo, cuánto y cómo voy a ver mitigada mi situación. Mitigar, en todo caso, no es cambiar ni revolucionar; mitigar, para entendernos, es darnos una sábana de textil más grueso para cubrirnos frente a las inclemencias, o bien echarnos unas migajas de más calidad del sobrante. Sinceramente, no sé si la mitigación será equivalente a la disciplina repartida a diestro y siniestro, ni tampoco si nos quedaremos para siempre en situación de estar pendientes de una mitigación, igual que los pobres que llevan su desgracia con elegancia.

     2) Pasado, suponemos, el almuerzo leve de sus señorías, entra Rubalcaba y habla. Dos singularidades atrapo, y que vienen a ser más o menos el meollo de la estructura memorística de San Jerónimo: la Guardia Civil se hace omnipresente (es protagonista por tirar con bolas de goma a los inmigrantes y en el 23 F por sus tiros al techo del  Hemiciclo) y el recuerdo de las Cortes de la Transición, donde se adoptó un modelo de convivencia que ahora es imposible alcanzar y que echa tanto de menos el líder de la oposición para resolver el conflicto con Cataluña. Dos extremos, una cara A y una B, que servirían desde luego para abundar en el sosiego y quitar hierro. Pero ni así.

    3) Rajoy no baja a la compasión, sigue entregado a la (o las hazañas). Las hemerotecas las carga el diablo: Rubalcaba, en venganza por los titulares rescatados por el Presidente, saca de la cartera un incunable: un artículo de Rajoy en el Faro de Vigo, del año 83, del que se desprende que unos nacen ricos y otros pobres, y que ello es difícil de cambiar. 'Los hijos de la estirpe', escribe. ¡Menudo panfleto! 

    y 4) La competición entre la verdad y la mentira, entre Rajoy y Rubalcaba, acaba con una solemne declaración del primero: 'No puede competir con usted en algo en lo que usted es superior'.  Y los españoles nos quedamos espantados ante un ejercicio tan macabro de voluntad democrática. ¿Se puede terminar así? Este personalismo de bucaneros de la tribuna avasalla la necesidad de tantos y tantos que quieren saber cuándo se les iluminará el túnel. Una fatal falta de respeto. La mentira y la verdad, menuda mierda simplificadora. Así es el debate del Estado de la Nación. 

     

     

     

     

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