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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 26
    Mayo
    2014

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    Todo está en venta

    No hay nada mejor que sentir un aldabonazo en la mente, sobre todo cuando uno no tiene claro si su voto va a servir o no para que el tronco de Europa siga adelante con la filosofía de que en el Sur del continente arraiga el gandul redomado, el inútil incapaz de aportar valor añadido, el corrupto insaciable y el despilfarrador innato. Por cierto, seguimos atentos a lo que nos podemos enterar: Magdalena Álvarez, vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), imputada por el Caso ERE, gana 22.000 euros mensuales, un pedazo que simboliza, como pueden comprobar, la tan cacareada dieta de austeridad hasta para ir al baño. Hemos llegado a tal hartazgo por tantas y tantas infiltraciones de hipocresía que a uno no le queda más remedio que saludar como novedoso (y hasta radical) que el príncipe Carlos de Inglaterra compare a Putin con Hitler. Las tragaderas también sufren crisis, atascos, y dan a conocer sus calamidades en el momento menos pensado. Sin ir más lejos, España, varios ministros del PP, se confabularon para conspirar en contra de la justicia universal con el objetivo de contentar a los chinos, cuya cúpula del Partido Comunista conminó a la soberanía nacional a que se interrumpieran las pesquisas del magistrado Ismael Moreno con el genocidio del Tíbet. Aquí no hubo un islote Perejil con ofrenda de valores y fronteras.

    Pero de vuelta a las cuestiones que crean un paréntesis, que son capaces de ejercer una profunda y respetuosa pausa por su trascendencia, incluso para pensar que Europa no fue siempre sólo ortodoxia económica, traigo aquí el testimonio del último fiscal de Nuremberg, el nonagenario Benjamin Ferencz, leyenda viva del intento de una civilización por descifrar cómo unos hombres cultos pusieron a funcionar los hornos crematorios para acabar con la vida de millones de judíos. Acaba de pasar por Madrid para defender la jurisdicción universal, y lo ha hecho con argumentos que hoy día sucumben bajo los populismos gubernamentales o las asociaciones indeseables que se cuecen en Bruselas: hay que impedir que los autores de crímenes contra la humanidad puedan refugiarse en cualquier lugar del mundo; los estados son cada vez más proclives a minusvalorarla, pero lo relevante es que la sociedad sea consciente de que es necesaria; no es venganza, es demostrar que existe una ley; el objetivo era un mundo más humano y evitar que nadie pudiera imitarlos… Tenía menos de treinta años cuando conoció el horror de los campos de concentración, los montones de tiras de piel, los cadáveres apilados, la saña del mal, y también la impotencia de ver como los ejecutores no mostraban arrepentimiento en los interrogatorios, donde se comportaban con arrogancia y con una exasperante ausencia de sensibilidad a la hora de dar cuenta de los detalles de sus asesinatos masivos.

     ¿Qué sucedió en Ebensee? El anciano Benjamin Ferencz se adentra en los oscuros vericuetos de su mente y en las trampas que despliega a la hora de establecer la diferencia entre lo justo y lo injusto. En aquel campo de concentración pudo ver a un grupo de prisioneros que cogían a un guardián para apalearlo y luego meterlo en el horno, y tras ello volver a moler su cuerpo moribundo a palos. ¿Hizo algo para evitarlo? No ¿Se hubiese unido a ellos? No sabría qué contestar. El fiscal recuerda que venía de ver muertos y más muertos, y “era difícil ser analítico”. El episodio lo lleva grabado a fuego entre sus recuerdos, quizás como una señal de lo que hubiese ocurrido en la posguerra europea si los estados no hubiesen levantado el edificio legal de Nuremberg. Pero la resistencia frente a la venganza no siempre es posible: lamenta que Barack Obama y su equipo no aprovechasen la detención de Osama bin Laden para llevarlo ante un tribunal y mostrar al planeta como el cerebro del 11-S podía ser sometido a interrogatorios.  “No lamento su pérdida, pero como abogado, me parece que disparar a la cabeza de un hombre en pijama, hacer desaparecer su cuerpo y a los testigos, apesta. No puedes matar a una ideología con un arma, necesitas una ideología mejor”.

    Tras el aldabonazo sigamos, pues, con esta Europa que ha perdido la carne, el hueso y el sentimiento, y que sólo visualizamos a través de sucesivos requerimientos y llamadas al orden económico. Una vez desmejoradas y humilladas las vidas de tantos y tantos va la cúpula, ensimismada en su harén de sueldos y regalías, y se pregunta con la boca chica por el sufrimiento causado por sus decisiones a griegos, portugueses y españoles. Y a la vez, sin preocupación, desmontan el universo de los derechos, transigen con autoritarismos y dan razones a los decantadores del fascismo. Llegará el día en que la UE no sea más que un amasijo de leyes dedicadas al consumo, a las cuotas, y que nadie se acuerde del relato que la llevó a la democracia, a su afán de justicia, a su espíritu solidario, a las penalidades de sus resistentes, a sus universidades, a su Historia, a su orgullo… Todo ello está en venta.  
     

     

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