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La montaña rusa
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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 07
    Noviembre
    2011

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    Un espectáculo más

    Está pactada la hora de entrada, quién tiene que llegar primero, los asuntos a tratar se han limado por Twitter, el color de la escenografía, la forma de sentarse, el intermedio, por supuesto que el moderador (Manuel Campo Vidal)… Nada ha quedado libre de la fiscalización de las cúpulas de los partidos para el debate televisivo.

    ¿Quién pierde más esta noche? Rajoy, con las encuestas a favor, asume más riesgos ante los votantes, mientras que Rubalcaba, con el viento en contra, tendrá su oportunidad para modular la derrota. La diferencia de 16,7 puntos (según el CIS) entre el PP y el PSOE no convierte en decisiva la actuación de los cabezas de lista, a no ser que uno de los candidatos descubra al respetable que su barba es postiza. Pero esto no es América del Norte, donde George Bush se atragantó con una galleta hasta el desmayo y el país se enervó por la incertidumbre.

    Rajoy no dirá más de lo que ha dicho, pues para qué meterse en problemas cuando no hay piratas en la costa. Rubalcaba, por su parte, llega al montaje de la Academia de la Televisión con cuestiones muy difíciles de digerir por los indecisos (o cabreados con Zapatero) que el propio PSOE quiere atraer: primero, aceptar un único debate televisivo; segundo, que la televisión pública quede al margen, y tercero, la sospecha de que los populares han puesto sobre la mesa el guión. Participar, pues, le va a traer más rechazos que beneficios: es lanzar al vuelo la reforma con métodos de la contrarreforma.

    Más allá de las condiciones impuestas, siempre quedan las sutilezas derivadas del morbo sobre cómo es y cómo piensa el que podría ser el futuro presidente de España, al que se le atribuyen habilidades (el hombre que espera a que el problema caiga solo de la rama del árbol) que podrá demostrar ante Rubalcaba, visto como Rasputín o como una exclusiva cabeza a la que le cabe el Estado y todavía le queda un hueco. Los encargados de cronometrar el tiempo de las intervenciones serán árbitros de baloncesto, y queda claro que allí se va para salir perdedor o ganador. Es un espectáculo más.

     

     

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