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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 04
    Junio
    2012

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    Un país de pacotilla

    En los reproches y justificaciones a la maloliente coyuntura de las cajas de ahorro la diputada Ana Oramas, en sede parlamentaria, reveló el otro día como en el momento in extremis de Zapatero, con la intervención en su trasero, el catedrático Montoro, hoy ministro de Hacienda, le decía: "Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros". Ortega y Gasset retorna y viene al dedo con su sentencia "España es el problema, Europa es la solución".

    Atravesados por la daga de la bancarrota vamos a Londres para convertir en causa el contencioso de Gibraltar, y por si no fuera poco condecoramos con la Laureada de San Fernando al Regimiento de Cazadores de Alcántara que protegió, hace casi un siglo, el repliegue de las tropas españolas del Desastre de Annual. Ya verán lo agradable que resulta para Marruecos esta iniciativa patriótica, que, sin embargo, machacó el honor de la patria hispana. Jorge Luis Borges, con el pitón contra el peronismo siempre abierto, calificó a su Argentina querida de "país de pacotilla" cuando un amigo le dijo que uno de los cantos a la divinidad de Perón procedía, sin más, del aura escocés. El autor de Ficciones remató: "Es lo que demuestra que somos un país de pacotilla". 

    Carmen Laforet convocó en Tánger a finales de los 50 a un grupo de amigos. Su marido, Manuel Cerezales, retornaba a la Península tras una breve etapa como director del diario España. El encuentro de españoles y extranjeros devino, de pronto, en una especie de manifiesto contra el franquismo de los coches de gasógeno. Fraga, al conocer el episodio por uno de sus chivatos, activó el control y pidió una investigación. La escritora grancanaria se presentó en su despacho y le dijo que o dejaban tranquilas a sus amistades o se marchaba al exilio. Al ministro le escocía que los de fuera se enterarán de la cutredad socioeconómica que había  en la dictadura. Por cierto, Javier Krahe también se irá al exilio si lo condenan por cocinar a Cristo.
     

    Tres economistas españoles en universidades extranjeras (Jesús Fernández-Villaverde, Luis Garicano y Tano Santos) advertían el pasado viernes, en El País, sobre la necesidad de que el Gobierno del PP abandone su populismo y deje de esconder la cabeza debajo del ala (el papel de víctima frente a Bruselas) en vez de afrontar las reformas con el apoyo de todos los partidos mayoritarios. A partir de esta recomendable reflexión que subraya, en titular, "no queremos volver a la España de los 50", conviene situarnos en algunas pautas de conducta que parecen llevarnos a rastras hacia el pacotillismo:
    1) Los conservadores creen estar ungidos por un poder extraterrenal (la famosa "convicción" de Rajoy) que les lleva a rechazar la búsqueda mancomunada a una salida de la crisis.
    2) Están empeñados en no reconocer su debilidad y van con el invento de la  'marca España' por delante. Somos los más listos.
    3) Pedir ayuda a Europa es un plato complejo de digerir para una clase política que, a falta de liderazgo, se acoge a los relatos históricos o la exhibición de la bandera para marcar distancias.
    4) La resolución artificial de sospechas  como la de Carlos Dívar en un contexto de derrame económico sólo sirven para acrecentar la idea de que los conservadores están perdidos. Cóctel explosivo: Justicia con trapicheos y ciudadanos recortados.
    5) "El problema de la prima de riesgo se llama Zapatero", decía en la oposición el PP.  Y nos preguntamos: ¿Es normal que una clase política, al parecer no suficientemente preparada, confiase en un cambio de rostro (a conservador) y a algún que otro maquillaje para que los mercados se sedasen? 

     

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