Blog 
La montaña rusa
RSS - Blog de Javier Durán

El autor

Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de Gran Canaria

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


Archivo

  • 27
    Febrero
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Una generación extraviada

    Voy por una carretera vacía, ni lento ni deprisa, y con la voz sedosa de Amy Winehouse de fondo, de su disco póstumo. Escribo con la cabeza: en realidad no entiendo la razón que les lleva a colgar el cartel de Generación Perdida a tantos y tantos jóvenes que aún no saben a qué se van a dedicar, o mejor adolescentes que navegan extraviados entre la sobreinformación de un mundo oscuro que se declara incapaz de cubrir sus necesidades. Tenemos que plantearnos seriamente la necesidad o no de explicarles a lo que están abocadas sus inquietudes. ¿Qué puedo hacer, papá? No hay ninguna respuesta. Quizás la única válida sea mostrarles con crudeza la estación en la que ha desembocado el AVE de la orgía, estibado hasta el infinito de las malas artes de la acumulación desmedida: del robo, del saqueo, de la soberbia, de los paraísos falsos, de los ganados endeudados, de los bancos enfurecidos, de las universidades arruinadas, de los laboratorios con las probetas llenas de polvo, con los barrios fantasma, con las familias astilladas por las hipotecas...

    Leo sin agobios Memoria de José Moreno Villa (en la foto), un escritor y pintor silencioso de la Residencia de Estudiantes de Madrid, alumno de Química en Alemania, pero al que el destino puso como tutor de los residentes que fueron a parar en la República a la institución en la que vivieron Dalí y Buñuel. De este hombre que murió exiliado en México destaco su deseo de construirse una vida cuyo afán más alto sintetiza en su cuarto, en su aspiración por encontrar cuatro paredes para encomendarse a una obra humilde. En el libro, el pedagogo se hace eco del asombro de algunos por sus dos décadas como habitante de la Residencia, sin querer otros premios materiales ni recompensas a las que tenía acceso por ser camarada o compañero de poderosos como Negrín. Moreno Villa, claro está, perteneció a una Generación Perdida, con una preparación extraordinaria cuyos conocimientos fueron aprovechados por las universidades estadounidenses y latinoamericanas. Pero él y otros muchos eran parte de un grupo ideologizado, derrotado por el fascismo de la guerra civil. Sus obras, sus investigaciones científicas, sus estrenos teatrales o sus películas mantenían la certidumbre de que otra España, de grandes creadores y profesionales, estaba en la irremediable situación de trabajar en el exilio.

    Hundidos en su brujuleo, empresarios, ministros de economía (no sé si de este o del anterior gobierno, por ello lo pongo en minúscula) y portavoces de un lado o de otro, rescatan ahora a la Generación Perdida y le dan, cómo no, un sentido tecnocrático. Chicos y chicas, maduros y maduras, precariados y precariadas (nuevo término de la sociología para referirse a los afectados de las reformas), todos de edad indeterminada, que llegarán al reúma o a las cataratas sin poder ejercitarse por culpa de la crisis, la recesión o la madre que lo parió. ¡Ojalá fuese una verdadera Generación Perdida! A esta hora que escribo, sin los Oscar a mano, recuerdo la nominación de Woody Allen y su Midnight in Paris, precisamente sobre el Ernest Hemingway, el William Faulkner y el Scott Fitzgerald y otros que dejaron la peste del dólar de la posguerra y marcharon a Europa para levantar una obra literaria llena de ideales, plagada de mensajes desmitificadores sobre las supuestas bondades del capitalismo americano. Merecieron, por antonomasia, cargar para la historia con el título de Generación Perdida. Pero como bien saben, ni sus vidas ni sus borracheras tenían nada que ver con esta masa desvertebrada que ha puesto el trasero en pompa para que le peguen la mejor patada con la mejor puntería

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook