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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

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De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 12
    Diciembre
    2011

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    Cohecho pasivo impropio

    El traje a rayas de Camps no va a  dejar de ser más que una ilusión óptica.

    En estos pagos de las corruptelas en los que el PP finta y encaja con gran entereza y sin ningún pudor los envites de la justicia, el caso Gürtel, que hablaba de la presunta financiación irregular de una partido político, de la siempre indecente prevaricación, del repulsivo cochecho o de la adjudicación de contratos a dedo a los amigos partidarios, se va a quedar en una filfa, en un quítame allá esas pajas, por unos trajes.

    Los votantes populares siempre miran para otro lado cuando a su partido les salpica la poca honorable mancha de la presunta corrupción, es más, incluso otorgan mayorías absolutas a aquellos que han metido mano hasta el codo en el dinero público, o al menos lo parece.

    Porque en un político tanto es lo uno como lo otro. La presunción de inocencia esgrimida ante ese manchón parduzco de la corrupción tanto es como haberse embadurnado las manos, esgrimir una cruz ante un ateo. El tan manido refrán de “la mujer del César, además de serlo debe parecerlo” ha de ser frase de cabecera de la clase política, más aún en estos tiempos en los que la sociedad batalla cada céntimo de euro en trabajos infames, con contratos esclavizantes, y apretándose el auténtico cinturón que nada tiene que ver con la correa de la Gürtel.

    Conviene recordar aquí las palabras del futuro Presidente del Gobierno, Don Mariano, que hablando del señor de los trajes, al que tildó con un familiar “Paco” dijo en Valencia “Yo siempre estaré detrás de ti, o delante o al lado”. Pues esta mañana, Camps, se sienta en el banquillo y no sirve quitarse de la solapa del traje la incómoda presencia de "Paco" de un manotazo porque la mancha queda, o debería quedar.

    Nada saldrá. Una ilusión óptica, donde las huestes mediáticas del PP se encargarán de poner el acento en los trajes, qué son unos tarjes, y no en el delito en sí, cohecho pasivo impropio, que para el común de los mortales se traduciría como “la solicitud, aceptación o recibimiento de alguna dádiva o regalo por parte de alguna autoridad o funcionario público en consideración a su función o para la consecución de un acto no prohibido legalmente”, regulado en el Capítulo V del Título XIX del Código Penal, que abarca los artículos desde el 419 al 427 y que aparece concretamente en el artículo 426.

    Sólo unos trajes.

    Pero más allá de la cuestión legal está la cuestión moral.

    Solo se intenta corromper al que puede ser corrompido.

     

     

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