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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Nacional

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 19
    Noviembre
    2011

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    Esperando

    El aire triunfalista que ha acompañado los últimos compases de la campaña popular destilaba ese tufo de soberbias propias de los rodillos, de las victorias avasalladoras, de las derrotas máximas infligidas a los enemigos. Pese a que Rajoy ha querido esconderse detrás del discurso sosegado y prudente, sus acólitos han terminado por ponerse las alzas y observar el mundo desde las más altas posiciones, contagiando al insigne líder, que ya se ve morando en el Palacio de La Moncloa.

    El siempre templado Gallardón cometía una felonía contra el sentido democrático de las elecciones, insinuando un adelanto de la investidura del presidente para lanzar “un mensaje de tranquilidad y confianza” y dando por hecho la victoria del PP antes de que la ciudadanía pase mañana por las urnas. Envalentonado por sus huestes, que susurran al oído promesas de triunfo y gracia, Don Mariano se descolgó ayer con un “Estoy preparado para ser presidente”. Sonreía beatíficamente.

    En el banquillo contrario, el PSOE aprieta los machos, llama a la movilización, al puerta a puerta, en un grito que ya suena más a desesperación que a convencimiento. La apelación al miedo en la búsqueda de aglutinar el voto de izquierdas parece que llega tarde. Las referencias que Rubalcaba empleaba en estos últimos coletazos de campaña sonaban más a canto de cisne que a golpe en la mesa.

    Apretaba el líder socialista, poniendo énfasis en lo que llamaba “poder absoluto”, “todo el poder, en los Ayuntamientos, en las comunidades, en el Estado, más el poder institucional, más el mediático, el económico, que la derecha española no ha perdido nunca...”.  Buscando la reacción última de los progresistas desencantados que mañana tienen intención de quedarse al amor de su hogar mientras observan con desapego cómo la lluvia azul del tsunami popular lo va empapando todo. Con miedo no hay esperanza, y eso al Partido Socialista parece que se le ha olvidado.

    El resto de formaciones se frotan las manos ante este panorama electoral. A río revuelto ganancia de pescadores y todos ellos aspiran a lanzarse sobre los despojos que arrojen a la arena parlamentaria los tan cacareados 190 escaños populares. Aprietan sus fauces sobre los números mágicos, aspiran a grupo parlamentario, a colar sus propuestas en las sesiones de la cámara baja, a tener recursos económicos, a poseer voz en los medios para los próximos cuatro años.

    Y mientras esto ocurre, mientras la ciudadanía se prepara mañana para acudir a votar, a ejercer su democrático derecho a elegir a sus representantes, la prima de riesgo se toma un café en la tibia cocina de una agencia de calificación. Esperando.

     

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