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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

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De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 14
    Marzo
    2013

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    FRANCISCO I Y LOS BEATLES

    Sorprende en este mundo incrédulo y deslavazado en éticas y en valores y en morales la capacidad movilizadora de la iglesia católica. El poder mediático de sus imágenes, el impacto social de sus decisiones, la trascendencia política de sus opiniones resulta apabullante, ensordecedor.

    Una chimenea  y el color de su humareda han tenido prendados a miles de ciudadanos del mundo durante horas. Prendados de un sortilegio que hunde sus raíces en liturgias milenarias llevadas a cabo con milimétrico secretismo y que excluyen a los comunes mortales de sus gestos.

    La riqueza  simbólica de todos estos movimientos, de los objetos, de los latinajos, de esta pretendida impostura sea lo que haya preservado intactos momentos como el de ayer.

    Momentos que desdicen a los Beatles cuando aseguraron que eran más famosos que Jesucristo.

    Los bisoños de Liverpool se equivocaron.

    El poder de la iglesia es inmarcesible. Se escapa de toda razón.

    Los gritos de sus seguidores en la plaza de San Pedro, desgarrados en alegría y en llanto, los aplausos enfervorecidos, el brillo de las miradas que iban más allá de la chimenea de la Capilla Sixtina y se elevaban hacia un encapotado cielo de Roma.

    Cualquier grupo de rock pagaría por una migaja de eso.

    Cualquier político por encontrar entre su militancia esa fe ciega, indubitable.

    Los ritos de esta iglesia católica resultan casi hipnóticos y trascienden con mucho el poder agnóstico o ateo o aconfesional o laico del resto de instituciones.

    No en vano el espectador se juega el alma, que no se vende ni traspasa ni desahucia todos los días.

    Francisco I ya tiene su audiencia ganada antes incluso de asomarse al balcón de San Pedro. Y sus primeras palabras, fueran cuales fueran, quedarían por siempre grabadas en los libros de Historia.

    El poder movilizador de la Iglesia Católica es incuestionable.

    Ahora habría que orientarlo hacia menesteres más terrenales, incluso aquellos del fin del mundo.

     

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