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Las Estaciones y Los Días
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Blog Las Estaciones y Los Días - Israel Olivera

Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Nacional

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 24
    Enero
    2012

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    Ser periodista

    Se desangra.

     De manera metódica y sistemática.

    Se desangra sin apenas ruido, con la resignación de los cínicos, con el abandono de los descreídos, con la apatía de los agostados, con la desidia de los rotos, de los maltrechos, de los malheridos.

    La profesión periodística se agota en sí misma, se termina, se acaba. Y las causas son múltiples y poliédricas.

    Unos medios de comunicación que no han sabido o podido adaptarse a la irrupción de los cambios que han introducido las nuevas tecnologías, a la inmediatez de las redes sociales, a su rapidez, a su instantaneidad, a su globalización, a su extendida popularidad.

    Unos medios de comunicación cuyos empleados olvidaron un día que eran empresas, que se revolvían ante los vaivenes económicos, que se movían según las veleidades de un mercado caprichoso y volátil, que se balanceaban, cabeceaban o se hundían al amor del peculio.

    Unos medios de comunicación cuyos profesionales creyeron que su trabajo  se situaba por encima de otros, en grandeza, en superioridad, en su vocación de marcar tendencia, de crear opinión, de codearse con el poder  y que olvidaron la razón última de su existencia, contar historias.

    Unos medios de comunicación a los que la economía y la política les hicieron trascender, haciéndoles creer que eran nada más y nada menos que el cuarto poder, los garantes de la libertad, el control del estado, de los gobiernos, de la oposición, cuando en realidad estaban sujetos a sus exigencias.

    Unos medios de comunicación en los que sus trabajadores se hayan completamente atomizados, desestructurados, desorganizados,  producto de sus miedos, de la competencia feroz, de su absoluta falta de corporativismo, de la ausencia de convenios colectivos, de la falta de un colegio profesional, de los mil tipos de contratos productos de mil manos diferentes.

    Unos medios de comunicación que lloran, que cierran, que se desangran, que desaparecen en pro del pan y el circo, dominados por una economía que señorea sobre cada uno de los aspectos de la vida, de unos políticos que les usan y castigan dependiendo de las citas electorales, de una sociedad que exige en tiempos de crisis un espectáculo que le haga olvidar.

    En este primer mes de enero me han comunicado el despido de tres compañeros, de tres medios diferentes, de tres comunidades distintas, con tres tareas que nada tenían que ver entre sí. Ayer me anunciaron el cierre de una nueva delegación comarcal de una radio líder, asistí a finales del año pasado al cierre de una emisora de televisión local en la que trabajé seis años, al cerrojazo definitivo de  una radio nacional, al ERE de una televisión autonómica, al tambaleo de un periódico amigo… Todo en apenas tres meses.

    Ahora, con la mayoría de los medios silenciados por la economía y al borde de la quiebra, imagino un mundo peor, marcado por la autocensura brutal, por la desaparición de la información local, manejado por los poderes omnímodos que camparán a sus anchas devorando el estado del bienestar, en el que las historias mínimas desaparezcan definitivamente, en el que todo sea uno, dictado por los grandes emporios, en el que la sociedad sea cada vez más ignorante por no tener acceso a la realidad, por no tener voz, y en el futuro próximo, por no tener ni siquiera voto.

    Me llamo Israel Olivera y soy periodista.

    Y la esperanza última para terminar con esta sangría es seguir siéndolo.

     

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