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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Blog MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA  - Marc Llorente

Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 14
    Septiembre
    2012

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    ¡Me imputen, por favor!

    Lo espero y lo deseo profundamente porque ya está bien. Quiero defenderme cuanto antes. Diez minutos bastan para demostrar mi total inocencia. ¡Diez! Para qué más... Es facilísimo. Quiero tomar asiento delante del tribunal acompañada de mi abogado defensor. Un tipo de dos metros y con armadura. Necesito dar todas las explicaciones necesarias e innecesarias.   

    Pretendo despejar las sombras de duda y que la gente sepa que estoy limpia de polvo y paja. Tengo los documentos necesarios para que se vea claramente. Qué pensarán de mí... Por eso quiero defenderme de una vez.  No. No pienso dimitir. No soy culpable de nada y no lo haré. ¡Escúcheme señoría! Por lo que más quiera... Ya sé que si me imputan tendrá que abrirme mi grupo un expediente informativo. No me importa. Al revés. Volvería a entregar todas las informaciones y a explicarme como un papagayo inmediatamente y sin que nadie me lo pida. 

    Los ciudadanos me han elegido y seguiré hasta que se demuestre mi pureza. Quiero dedicarme al 100% a mis labores y que estas cosas no me descentren. No sé cómo lo haré, pero lo primero es mi guapa, guapa ciudad aunque esté paralizada, abandonada... Pues sí. Estoy cerca de mi posible imputación, lo que agradezco mucho. Me da la brillante oportunidad de conseguir lo que vengo reclamando. Defenderme, señoras y señores. Solicito rapidez, por decir algo, para no tener que soportar esta insoportable presión.   

    Que me dejen parlotear. Quiero que se me conceda un derecho que aún no he tenido. ¡Es maravilloso! Al fin podré defenderme de las acusaciones que la Fiscalía vierte sobre mi inmaculada gestión. No entiendo cómo se pueden ver indicios delictivos en mi forma de actuar... ¿Revelación de información privilegiada? No, no, no. ¿Tráfico de influencias y cohecho por facilitar datos secretos sobre la tramitación del planeamiento urbanístico a cierto empresario a cambio de obsequios? Naturalmente que no y no. Ni uno. Injurias simplemente.

    Diez minutos me sobran para demostrar mi total inocencia. Once como mucho. Lo estoy deseando. Vale más huir hacia delante. Es mejor ir de mártir y con victimismo. Generar lástima en la ciudadanía y no esconderse debajo de la mesa. Voy a esgrimir la espada y pasaré a ser parte acusadora. ¡Ya está bien, hombre, ya está bien! Y si pierdo saldré por la puerta con la cabeza alta después de proclamar mi inocencia a voces y con un megáfono. Buena estratagema para transmitir la viva imagen de la honradez herida. ¡Me imputen, por favor!              

     

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