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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 07
    Agosto
    2011

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    Miedo a volar o volar sin miedo

    Los consejos de los psicólogos para perder el miedo a volar no me sirven. Lo de llevar ropa cómoda o preparar la maleta con la suficiente antelación antes de volar no siempre funciona de cara a reducir el temor. Descansar, cuidar la comida, frenar el estrés... Vale. No bebo café ni alcohol. Ni fumo. Hay que tener confianza pero no tengo. Y neutralizar las sensaciones negativas. Algunos superan el miedo aunque no pierden una cierta intranquilidad. Debería tomar una gragea para relajarme. Dos quizás. O el frasco enterito. Aun así. No, no supero el miedo a volar. Debo viajar en otros sistemas de locomoción. El problema es que existen lugares a los que debes ir en avión preferentemente. Tampoco podría desplazarme durante cinco semanas en globo ni dar la vuelta al mundo en 80 días. Mucho mejor sería darla en 80 minutos. No digamos ya en 80 segundos... No. Tengo que ir a pie, sobre ruedas, en tren o en barco. Y no es que eso me tranquilice del todo. Peor lo tiene un amigo que es pájaro con su miedo terrible a desplegar las alas. Vive en una jaula y no quiere salir de ahí ni para dar un paseo por el salón. Prefiere saltar todo el día de un palito al otro. Tener un plato seguro de alpiste entre rejas antes de volar libremente en busca de un grano que llevarse al pico. Pues sí. Tengo miedo a volar subido en un cacharro por las nubes. Vuelo a mi modo, eso sí. Echo un vistazo desde arriba, sin poner los pies en la tierra, y me elevo por encima de una realidad demasiadas veces ridícula. No soy un pajarillo. Suelo ser un buen pájaro. Sin miedo a volar con mis propias plumas.      

     

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