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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 09
    Agosto
    2014

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    Verano casi real

    Doy un paseo por el mar. Paso primero por la correspondiente taquilla para sacar el ticket y poder darlo. Todo cuesta dinero. Antes no. La visita a la playa era gratis. Sólo había que llevarse una toalla y poco más. Ahora es necesario abonar la entrada para pasar después de hacer cola.

    El otro día se estropeó el ventilador de la playa y hacía mucho calor. Vendían abanicos en la puerta… El agua del mar estaba demasiado caliente porque el agua fría tampoco funcionaba. La gente bebía para refrescarse un poco por lo menos. Naturalmente previo pago del importe. No. Ahora se prohíbe llevar bebidas a la playa. Hay que pasar por la barra y por la caja. Y si alguien quiere comer o merendar no está permitido entrar con la comida o la merienda.

    Las sombrillas se abonan a un señor en concepto de alquiler. Usted no tiene luz verde para llevar la suya. Ni para poner el trasero en una silla o en una tumbona de su propiedad. No, no. Si no se rasca el bolsillo, lo único posible, de momento, consiste en colocar las nalgas en la arena o en la toalla si no se le ha olvidado, ya que la toalla es una de las cosas que suelen olvidarse con cierta frecuencia. Por eso debemos recordar siempre aquella vieja canción del verano que dice: “No te olvides la toalla cuando vayas a la playa”. Es la única forma de tenerlo presente.

    Como usted verá, por si no lo sabe todavía o no ha ido al mar, si es que el mar no ha ido hacia usted, pasar unas vacaciones en la playa cuesta un dinerito. Al margen de hoteles y otros gastos si usted ejerce el gran invento del turismo. Todo se paga. Todo se alquila o se vende. Es muy lógico. Las honradas autoridades necesitan recaudar tasas e impuestos constantemente para que las arcas no se desinflen.

    Hay que pagar los sueldos de los altos cargos, las prebendas y las flores, que cualquier ciudad necesita, si usted quiere residir en una población limpia, próspera y guapa. Y si es usted forastero, amigo, pague, absorba el aroma y admire el paisaje. ¡Ah! No vale pedir el libro municipal de reclamaciones.        

     

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