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Mirada Exterior
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  • 02
    Octubre
    2012

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    Debate en Denver

     

    Un día antes del primer debate entre el presidente Barack Obama y el candidato republicano Mitt Romney, el actual presidente presenta una ligera  ventaja sobre el otro. El temazo será la economía, en encefalograma plano y sumida en una gigantesca deuda generada en cuatro años de gobierno demócrata. La cuestión hispana –aderezada con el irresoluto problema de la emigración- también flotará en el ambiente de Denver, “The Mile High City, así llamada por encontrarse a una milla justa sobre el nivel del mar.  Obama es un tipo con suerte. Prueba de ello es que el primer cara a cara con su rival republicano en las elecciones de noviembre se celebra justo en el lugar donde se impusó a Hillary Clinton y resultó proclamado candidato del Partido Demócrata en agosto de 2008. Han pasado cuatro años desde que el brillante abogado hawaiano, criado en Indonesia y educado en Harvard, llegase a la Casa Blanca entre el delirio de la población afroamericana y el escepticismo de los más conservadores. Ambos grupos tienen argumentos de sobra a favor y en contra del señor presidente. No es Kennedy, pero tampoco Carter. Tal vez sea más acertado definirlo como un cruce entre Clinton y Eisenhower. Si algo ha desarrollado en estos años es un desmedido interés por los asuntos de defensa e inteligencia militar. Los militares le adoran.

    Pase lo que pase a partir de hoy  imposible, que Washington vuelva a ser la  fiesta que fue el 20 de enero de 2009 cuando Aretha cantó en el capitolio y el presidente, hoy con visibles canas y alguna que otra arruga, juró su cargo sobre la biblia de Lincoln. Si algo ha cambiado en Estados Unidos en estos años es el pulso de la calle. El desencanto se palpa de costa a costa ante los escasos resultados del mandato que termina. A la vez, tampoco se observa un deseo loco de cambio entre la gente.  Con tantas luces como sombras los candidatos saldrán mañana a la palestra. A Obama lo salvará su savoir faire frente a las cámaras. Al republicano, quien sabe… le pierde esa incontinencia verbal que sorprendentemente apenas le restado intención de voto. La campaña interesa pero no emociona. Lo previsible es que gane Obama. En el imperio no están para muchas sorpresas. De momento, a Romney le preocupa su pérdida de terreno en Florida y Ohio, dos estados indecisos cruciales para ganar.  A Obama no perder lo que ya tiene que es mucho: el apoyo de algunos de los lobies más importantes del país.  Y por si alguien lo duda en España, que seguro que sí, la riqueza de Romney juega a su favor. Es el vivo exponente del “sueño americano”. En Estados Unidos, a diferencia de España, ser rico no es pecado.

     

     

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