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Diego R. Moreno

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos” - Heinrich Heine (1820)

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O.P: En jerga cinematográfica, dícese de la primera obra de un director. Trata al cine con una visión personal y cercana, tanto el de cartelera como el ya pasado. Recomendando las películas de las carteleras y otras para ver en un día de estar en casa.


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  • 18
    Diciembre
    2013

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    'El Hobbit: La desolación de Smaug' - El poder del dragón

    La historia de Bilbo Bolsón llegó a los cines casi una década después del estreno de la última entrega de la trilogía de ‘El señor de los anillos’. Nadie dudaba de sus posibilidades de triunfar en la taquilla, aunque sí de igualar los números de la ilustre trilogía que también tomaba como base una novela de J. R. R. Tolkien. Eran miedos infundados, ya que únicamente se quedó por debajo de lo conseguido ‘El retorno del rey’ y sus casi 1120 millones recaudados, lo que la convierten en una de las películas más taquilleras de toda la historia. La primera parte de esta precuela, aunque recaudó menos, superó los mil millones.

    Sinceramente, el estreno de ‘El Hobbit: Un viaje inesperado’ confirmó mis peores temores, dando por sentado que las restantes entregas iban a mantener un nivel similar, quizá algo peor en esta segunda entrega por su naturaleza como cinta de transición para alcanzar el clímax de la historia en la tercera parte ‘El Hobbit: Partida y regreso’ que se estrenará en 2014. Pero partir de esta premisa fue totalmente erróneo, pese a sus debilidades, ‘El Hobbit: La desolación de Smaug’ es una película más compacta de mucho más efectiva que su predecesora.
    Una de las cosas que siempre hay que tener en cuenta es que cualquier adaptación cinematográfica va a contar con cambios. Ya pasó en ‘El Señor de los Anillos’, pero lo realmente importante es ver si éstos funcionan dentro del conjunto del filme, aunque sea inevitable la comparativa con la idea originariamente para dicha historia. Uno de los problemas que tuvo la primera parte de ‘El Hobbit’ era que los cambios respecto al original literario eran para estirar una historia sencilla más allá de lo debido. En esta segunda parte eso no sucede, debido a que los cambios van principalmente encaminados a la necesidad de vincular la película con ‘El señor de los anillos’, pero también para definir mejor a algunos de sus personajes.
    Una de las principales virtudes de Peter Jackson es su gran capacidad narrativa que recupera, aunque sea de manera breve, al contar varias historias en paralelo, algo que sucede tras la separación del grupo de Gandalf, una vez interpretado por un impecable Ian McKellen, y se consigue a crear una trama entretenida y con fuerza, y supone un necesario alivio para la odisea de Bilbo, que sufre claros síntomas de agotamiento por haberla extendido de forma tan desmesurada.
    La presencia de personajes tales como Galadriel o Saruman en la primera parte fue un lastre que rompía el ritmo y aún más se temía la reaparición de Legolas  iba a ser peor, pero tanto el héroe interpretado por Orlando Bloom como el personaje ficticio, Tauriel (Evangeline Lilly, ‘Lost’). La fuerte presencia de los elfos es bastante más acertada, de ella surgen varios detalles para dar más entidad a alguno de los enanos.
    Sin embargo, la gran mejora está en Bardo, personaje interpretado con solvencia por Luke Evans (‘A todo gas 6’), cuya presencia en la novela era relativamente anecdótica y aquí durante sus escenas se adueña totalmente de la pantalla. Pero el verdadero dueño en este filme es, sin lugar a dudas, Smaug. Espectacular a nivel visual y con una fuerza inaudita gracias a la voz de Benedict Cumberbatch (‘El quinto poder’, ’12 años de esclavitud’), protagoniza junto a Martin Freeman una delicada y peligrosa charla que se convierte, como ya sucediera con Bilbo y Gollum en la primera parte, en lo mejor de esta cinta.
    Pero ‘El Hobbit: La desolación de Smaug’ también tiene su lado oscuro que se enmarca principalmente en la larga y excesivo metraje: 161 minutos en total, y eso sin contar con la versión extendida, muy característica en las aventuras del cineasta neozelandés en La Tierra Media. Aunque la cinta, en algunos puntos más que en otros, se hace entretenida y llevadera, actúa como toda buena serie actual, cuya escena final nos deja a todos los espectadores con la miel en los labios, que tan sólo nos tenemos que limitar a esperar a diciembre del próximo año para ver el desenlace de esta historia.

     

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