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Diego R. Moreno

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos” - Heinrich Heine (1820)

Sobre este blog de Cine

O.P: En jerga cinematográfica, dícese de la primera obra de un director. Trata al cine con una visión personal y cercana, tanto el de cartelera como el ya pasado. Recomendando las películas de las carteleras y otras para ver en un día de estar en casa.


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  • 07
    Diciembre
    2014

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    'Exodus: Dioses y Reyes' - Un Moisés majorero

     El Éxodo es el episodio del Antiguo Testamento más difundido, con más o menos acierto, por la pequeña y gran pantalla. Un relato que, tanto para el creyente como para el que no lo es, se conoce hasta la saciedad. Después del antecedente mastodóntico de Cecil B. De Mille, 'Los Diez Mandamientos', con Charlton Heston y la cinta animada 'El príncipe de Egipto', por poner algunos de los ejemplos icónicos del caso, podría pensarse que vista una, vistas todas, y que poco más se puede añadir. Pero es ahí cuando entra en juego la última pieza sobre el tablero, la del Hollywood moderno creador de blockbusters, como el de la reciente 'Noé', dispuesto a una revisión bíblica dotada de un mayor despliegue de medios y, cómo no, de un gran presupuesto.

    Exodus relata la historia de Moisés (Christian Bale, 'La gran estafa americana'), general de los ejércitos del Faraón Seti (John Turturro, 'Aprendiz de gigoló'), cuyo aprecio y cariño por su caudillo supera al que siente por su verdadero hijo y heredero Ramsén (Jal Edgerton, 'El gran Gatsby'). Tras la muerte de Seti, Ramsés le sucede y envía a Moisés al exilio convirtiendo a su prácticamente hermano en su enemigo, que responderá desafiando su imperio y liderando a los esclavos hacia la libertad.

    El director británico, Ridley Scott, vuelve con 'Exodus: Dioses y Reyes' al género épico-histórico que tan buenos resultados le dio en el 2000 con 'Gladiator', un éxito que no repitió al mismo nivel años después con 'El Reino de los cielos' o 'Robin Hood'. Reformada de arriba abajo, sin contemplaciones, ha formado una película entretenida, donde la acción brota en dosis acertadas. Sin embargo, la cinta no tiene un ritmo definido. Juega con desniveles que deriva en un resultado irregular. Comienza con un buen arranque con la batalla de Qadesh de trasfondo a diversos prolegómenos que gastan una hora de metraje, quitando fuerza de atracción a una historia que, no obstante, encandila en la parte final con un ritmo apabullante desde que las plagas hacen acto de presencia.
     
    El peso de la trama recae en el tándem Bale-Edgerton, cara y cruz distinguibles y sobresalientes del film. Es obvio que el primero carga con algo más de responsabilidad, pero uno se puede entender sin el otro. Mientras que este nuevo Moisés es apasionado, algo incrédulo al principio pero siempre fiel a su instinto; el Ramsés que deja Edgerton no pasa desapercibido ni siquiera bajo la sombra de Yul Brynner ('Los Diez Mandamientos'), ya que la frialdad, la impulsividad y el egocentrismo de su personaje son bazas propias de un antagonista del propio Scott. Por debajo de ellos dos, el plantel deja bastante que desear, ya que, a excepción de Ben Kingsley ('Iron Man 3') y María Valverde ('La mula'), ningún otro transmite ni atrapa más allá del oficio en pantalla. Ni Aaron Paul ('Breaking Bad'), ni John Turturro ni tan siquiera Sigourney Weaver ('La cabaña en el bosque'), pues solo dejan unas interpretaciones para lo anecdótico.
     
    Más cerca de 'El Reino de los Cielos' que de 'Gladiator', emociona más visualmente que por guión y aun así desprende una grandeza como lo hacían las superproducciones bíblicas de otras épocas. Aunque el resultado no sea del todo redondo, es digna de verse en la pantalla más grande posible.
     
    Fuerteventura
     
    Una decena de carros egipcios tirados por caballos, improvisados campamentos nómadas, hogueras simuladas gracias a los efectos especiales, más de 300 extras, entre niños, mujeres y hombres y un equipo técnico de unas 400 personas es la estampa que dejaron las blancas dunas de Corralejo, El Cotillo, Pozo Negro o la Playa de la Barca, en Jandía. La isla majorera se transformó en la Península del Sinaí, el desierto que atravesó Moisés junto al pueblo judío en su histórico éxodo hace más de 3.000 años, cuando fue perseguido por el ejército egipcio de Ramsés. La arena blanca de la playa de Risco del Paso, en Sotavento, congregó a casi 400 extras y albergó un poblado de jaimas y animales que fueron protagonistas de la mítica escena del filme, la apertura de las aguas del Mar Rojo, que permitieron el paso de Moisés y el pueblo hebreo. 
     
    El barranco de Los Canarios, el de Buen Paso y Tebeto sirvieron para las escenas del antiguo Egipto. La Caldereta, en La Oliva, fue el lugar elegido para la espectacular escena de la coronación de Ramsés II, en 1.279 a.C.  ¿Y Tindaya? El célebre monte Sinaí donde Dios se le apareció a Moisés.
     
    Una superproducción de 150 millones de dólares, siete fueron a parar a las arcas majoreras. El director británico quedó encantado de su visita a la isla y pudo comprobar de primera mano la diversidad de los parajes naturales de Canarias, de las cuales se siente su descubridor para que otras superproducciones la exploten en el futuro.
     

     

     

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