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Diego R. Moreno

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos” - Heinrich Heine (1820)

Sobre este blog de Cine

O.P: En jerga cinematográfica, dícese de la primera obra de un director. Trata al cine con una visión personal y cercana, tanto el de cartelera como el ya pasado. Recomendando las películas de las carteleras y otras para ver en un día de estar en casa.


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  • 15
    Febrero
    2013

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    'La Jungla: Un buen día para morir' - Viva la alopecia

    En los 25 años que han pasado desde que pulverizara al perverso y engreído Hans Gruber, interpretado por un magnánimo Alan Rickman, en el edificio Nakatomi de Los Ángeles en ‘La Jungla de Cristal’, una cinta que insufló nueva vida al género. Ha intercambiado balas y ocurrencias con gente como Jeremy Irons, Samuel L.Jackson o Kevin Smith. Ha sobrevivido a explosiones en ascensores, a aparecer en la revista People, a subirse y bajarse de vagones en marcha y a una manada de terroristas que atentan contra la seguridad nacional. Y todavía no está dispuesto a retirarse. Ahora, un cuarto de siglo después, tras haber abatido a 56 terroristas, haber recargado la pistola en 5 ocasiones, haber fumado 8 cigarrillos y tomado 2 tubos de aspirinas para combatir una resaca “de tres pares de cojones”, visitar Los Ángeles, Washington y Nueva York y arruinar dos navidades, el policía John McClane visita Moscú en ‘La Jungla: Un buen día para morir’. 

    En esta ocasión, los terroristas no vienen a él, es él quien llama a su puerta. Pero el 007 de Plainfield, New Jersey vuela a Rusia cuando se entera de que su hijo, interpretado por Jai Courtney (‘Spartacus’), ha hecho migas con unos peligrosos criminales en la ciudad moscovita. Su intención no sólo es arreglar las cosas; ve también una oportunidad para arreglar su complicada relación con su hijo. Juntos recorrerán el camino de Rusia a un Chernóbil que parece haberse puesto de moda ahora en Hollywood, e intentaran cumplir su propósito, mientras que unen lazos y aplastan y tirotean a todo lo que se cruce en su camino. 

    Parece que los ochenta no quieren desaparecer, o al menos sus estrellas están empeñadas en volver cueste lo que cueste. Fue Stallone el que abrió la veda cuando en 2006 se volvió a enfundar los guantes de Rocky Balboa para una sexta entrega, y fue el mismo el que les dio un sentido homenaje a todas esas estrellas de un cine ya muerto con las dos entregas de ‘Los Mercenarios’. No ha sido el único en volver, hace apenas unas semanas Schwarzenegger volvió a liarse a tiros con Eduardo Noriega en la divertida ‘El Último Desafío’. Existe una gran diferencia entre gente como Stallone o Schwarzenegger con Bruce Willis, y es que ellos cayeron en un cierto olvido del que no les quedó otra que resurgir. Willis, con 57 años y presumiendo de una gran bola de billar, se ha mantenido en la cumbre, ha probado incluso nuevas cosas en las que ha demostrado que puede ser más que una simple estrella de acción, como demostró el año pasado en ‘Moonrise Kingdom’ o ‘Looper’. Al contrario de lo que buscaban Schwarzenegger y Stallone con películas que rezumaban nostalgia e incluso se permitían el lujo de caer en la autoparodia, esta nueva entrega es un insulso intento de revitalizar la saga de cara a las nuevas generaciones, ofreciendo con ello un desmedido espectáculo de pirotecnia en la que no sólo no queda ni un ápice de lo que era aquel cine de acción que comenzó en la era Reagan, si no en la que se viola por completo el espíritu de lo que siempre fue La Jungla de Cristal. 

    Hubo siempre en La Jungla de Cristal varias constantes que siempre se mantuvieron hasta ahora, que funcionaban como pilares de apoyo para que no fuera sólo el extraordinario héroe el que tuviera que llevar todo el peso de la película. Siempre estuvo la presencia de villanos terribles, personajes como los de Alan Rickman, Franco Nero o Jeremy Irons, que tenían tal carisma que dejaron su imagen marcada al lado de la de McLane. Todos ellos, malos perfectos que no les falta ese gran lado caricaturesco, pero su tiranía era tal que te llevaban a creer que sólo McClane podría acabar con ellos. En esta nueva entrega no hay nada de eso, al igual que no ha química entre el héroe y su nuevo compañero de fatigas. La saga contó siempre con fantásticos secundarios, para ayudar en ese importante cometido, gente indispensable como pueden ser Reginald Johnson (‘Cosas de casa’), el inolvidable Zeus de Samuel L. Jackson o incluso Kevin Smith en la cuarta entrega. Aquí no sólo es que no encontremos a ese compañero. No existe química ninguna entre Willis y Courtney, empeñado en ser demasiado serio, sin ningún tipo de carisma ni gracia y que incluso tiene un rostro al que es fácil cogerle odio. Y es que echa por la borda el intento de apadrinar a una nueva estrella de acción que pudiera permitir a la saga seguir viviendo sin la presencia de Willis. 

    A principio de mes, Bruce Willis confirmó que rodará una sexta película, que como en esta última, como mínimo John McClane seguirá brillando con luz propia, sin depender de factores externos. Yippie Kai Yay!

     

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