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Diego R. Moreno

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos” - Heinrich Heine (1820)

Sobre este blog de Cine

O.P: En jerga cinematográfica, dícese de la primera obra de un director. Trata al cine con una visión personal y cercana, tanto el de cartelera como el ya pasado. Recomendando las películas de las carteleras y otras para ver en un día de estar en casa.


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  • 26
    Mayo
    2014

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    'Viva la libertá' - Alternativa bipolar

    Hoy en día, no estamos seguros de la necesidad de contratar a un hermano gemelo de Rajoy, Wert, Montoro, Soria, Merkel, Obama o cualquiera de los nombrados por todo el mundo. Intuimos que peor no se puede ir pero dicen que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. En 'Viva la libertá', la nueva película de Toni Servillo ('La gran belleza'), se explota esa posibilidad por la cual, sabiamente, un político decide tomarse un respiro para descansar y dejar reposar la cabeza.

    El hecho de sustituir a un político depresivo por su hermano, de carácter bipolar y con un sentido del humor fino a la par que gran conservador y mejor inteligencia, podría ser algo que resultase simpático a través de la gran pantalla. Muy poca gente sigue creyendo de verdad en aquel que tienen delante. Cuando la política se ha convertido en la mayor mentira de nuestro tiempo, falsos cumplidores de promesas que jamás llegan han pasado a ser los grandes villanos, aquellos a los que hay que perseguir y controlar de manera férrea.

    En 'Viva la libertá' se refleja a la perfección dos cuestiones acerca de la clase política. En primer lugar, una referida estrictamente a Italia, donde la inestabilidad campa a sus anchas desde ya demasiados años. Varios detalles de la película actúan casi como una radiografía de la situación del país en cuanto a su (no) gobernabilidad. Y en segundo lugar, algo ya no tan centrado en el país transalpino sino en lo que se refiere a todos los países del primer mundo: el desengaño de la sociedad respecto a la clase política, y por extensión, a los que ostentan el poder.

    Sólo comprendiendo este contexto podremos entender por qué en el filme, el director nos quiere hacer creer que los italianos serían capaces de votar antes a un hombre recién salido del manicomio que a un político serio de los de la vieja escuela. Es inevitable hacerse la pregunta de si semejante cadena de acontecimientos guardaría alguna relación con una hipotética realidad, pregunta a la cual no sería descabellado responder afirmativamente si tenemos en cuenta de que algunos puestos de poder ya están ocupados por personajes no demasiado diferentes al del hombre loco que aquí se nos presenta.

    Toda esto se adorna en un envoltorio repleto de gracietas varias. Por lo tanto, indudablemente estamos ante una sátira cuya intención está más que clara. Ahora bien, ¿cumple con su objetivo? El principio de la obra se desarrolla de manera muy pausada, quizá lenta en exceso, pero poco a poco y de la mano del gran papel de Servillo, el tono cualitativo va in crescendo en medio de gags bastante acertados y con una contextualización de la sociedad al cien por cien fiel respecto de la realidad. Superada la hora de la película, creemos estar ante una pieza histórica, algo que podría quedarse en la hemeroteca para que los universitarios del Siglo XXII comprendieran en clave de humor cómo estaba la situación del siglo anterior.

    Sin embargo, algo pasa con la última media hora. Lo que antes era una crítica rígida e implacable rodeada de un humor fino y efectivo se torna en un producto irreconocible. En los últimos minutos, la película es apenas una sombra de lo que fue, casi se puede decir que se traiciona a sí misma. La dosis de humor son más groseras y burdas que propiamente graciosas, mientras que el argumento abraza la irrealidad y la apatía a partes iguales. Es complicado explicar a qué se debe tan drástico bajón, quizá a problemas de tiempo, con 20 minutos más es posible que hubieran podido dar un mejor final a la historia, o simplemente no se seleccionó un buen desenlace, pero en cualquier caso el rastro de indiscutible calidad que iba dejando una película que iba por el camino de ser inolvidable.

    Toni Servillo se desdobla y cuestiona realidades sociales, económicas y culturales que afectan a todo ciudadano de este continente (y de cualquier otro, si se me apura). Su otro yo, el alter ego de Enrico Oliveri, ha decidido dar rienda suelta a una palabra que falla sobremanera en la política actual: inteligencia. Ya no hay propuestas, no hay soluciones. Solo ladrones, cobardes e idiotas. Hace falta una vuelta de tuerca. Si algún día podemos volver a gritar “viva la libertad”, ese será el momento en que las cosas, de una vez por todas, hayan escogido el camino correcto.

     

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