Blog 
Pantalla Grande
RSS - Blog de Alberto Frutos Díaz

El autor

Blog Pantalla Grande - Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


Archivo

  • 17
    Marzo
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    'Anna Karenina' - Directores

    Cuando hablamos de egocentrismo en el cine, pocas, muy pocas veces vamos más allá del que se le adjudica a la superestrella protagonista de turno, al intérprete que carga sobre sus espaldas con el peso de toda una producción, al vencedor o vencido dependiendo de los números de taquilla, sin importar demasiado, para que engañarnos en este santo oficio, la recepción crítica de la propuesta. Sin embargo, a lo largo de la Historia, existen unos señores y señoras que, a base de éxitos, consiguen que su nombre en el cartel promocional aparezca, si no más grande, al menos con el mismo tamaño que el de un Johnny Depp, George Clooney o Charlize Theron, por poner tres ejemplos. Scorsese, Spielberg, Burton, Allen, anteriormente Ford, Peckinpah, Kubrick, entre otros, son directores cuyo estatus es equiparable al de cualquier miembro de reparto que tengan bajo su mando. La figura del director, tan respetada y alabada en el sector crítico, pcoas veces es recibido con la misma importancia por el espectador medio. Joe Wright, director británico responsable de dos películas notables ('Orgullo y prejuicio' y 'Hannah'), una medianía ('El solista') y una obra maestra ('Expiación') siempre ha demostrado una confianza ciega en su labor, una carga de responsabilidades que va más allá de su mero trabajo, un arsenal de intenciones artísticas que ha encontrado en la adaptación de la 'Anna Karenina' de León Tostói, su cima. Personal, eso sí.

     
    Porque esta historia de amores de época repleta de drama, intensidad, engaños, romances y locuras ha sido desprendida, precisamente, de eso, de emoción para dejarlo todo en las manos del arte, sus posibilidades, la fusión de dos vehículos, el teatro y el cine, que se unen para convertirse en el parque de atracciones con el que Wright parece haber soñado toda su vida. Aquí hay pasión desmedida, pero no en lo que se cuenta sino en el modo en el que se cuenta. Escenas de aplauso, cautivadoras y repletas de una belleza innegable como el primer baile o la carrera de caballos, se suceden sin descanso ofreciendo al espectador un universo complejo y deslumbrante, un tablero donde las piezas simplemente forman parte del juego. Y ahí está el error. Keira Knightley, con otra interpretación estupenda que convencerá a los que la defendemos y enervará a los que la detestan, se convierte en una excusa para que Wright plasme todas sus pretensiones, se enfrente a los retos del más difíicil todavía e intente acaparar todo el protagonismo posible. Junto a ella, solamente un Jude Law contenido y sobrio es capaz de ofrecer un respiro de clasicismo que Aaron Johnson, lo peor de la película, casi siempre está a punto de decantar hacia lo ridículo. 
     
    Es innegable que 'Anna Karenina' es, a nivel técnico, algo muy cercano al sobresaliente. La majestuosidad de sus decorados, la espléndida fotografía y la omnipresente banda sonora de Dario Marianelli son las mejores armas de una película que sitúa su objetivo en los ojos antes que en el corazón. Si esta adaptación se planteó como la coronación de Joe Wright como uno de los grandes directores actuales, arriesgado y valiente, entonces se puede entender como un triunfo. Y confundir con egocentrismo. De lo contrario, si se trataba de transmitir el torrente de emociones que la obra de Tostói contenía en cada una de sus páginas, el trabajo no se ha cumplido del todo. Aunque, a lo mejor, Wright consigue que su nombre aparezca del mismo tamaño que el de Knightley. Ay, como son estos directores de hoy en día, oiga. 

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook