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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 13
    Octubre
    2011

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    'Crazy Stupid Love' - Sí, pero nosotros más

     

    Entre todas las metas que nos planteamos a lo largo de la vida quizás sea la de encontrar al ‘alma gemela’ la que más veces ha intentado reflejar el cine, con mayor o menor acierto, dependiendo de la ocasión. El romanticismo de las películas de los años 50 queda tan lejos como su fecha de nacimiento indica y, con los tiempos, la comedia sofisticada por la que se paseaban con inconfundible talento y carisma tipos de la talla de Cary Grant fue dando paso al amor visto desde la ironía y el sarcasmo, dotando de protagonismo a personajes tan sencillos y cercanos como el Jack Lemmon de la obra maestra de Billy Wilder, ‘El Apartamento’, pieza clave para entender la mejor comedia romántica desde su estreno hasta el día de hoy. Un presente en el que el género ha ido construyendo una identidad propia dotando de mayor madurez su discurso, alejándose cada vez más del humor y el slapstick para centrarse en un costumbrismo con el que los espectadores podemos sentirnos identificados. Cary Grant dio paso a Lemmon y Lemmon es la fuente de la que beben, por ejemplo, el Kevin Spacey de ‘American Beauty’, última obra maestra del género de la comedia dramática en el que el romanticismo se mezclaba con la sensualidad y el erotismo más estéticos. Todo este proceso y, sobre todo, el protagonismo absoluto que cada vez ha ido cogiendo el personaje perdedor que da un vuelco a su situación sin perder su carisma ‘loser’, es necesario para entender porque funciona una película como ‘Crazy Stupid Love’.

     

    La clave de la nueva película del tándem formado por Glenn Ficarra y John Requa, autores de la notable e infravalorada ‘I love you Philip Morris, que supuso, además de  una de las propuestas más arriesgadas del género en años, el último gran papel de Jim Carrey, centran su historia en los personajes. Poco importa lo que les va sucediendo más allá de servir como una mera excusa para ir observando su desarrollo, hasta qué punto pueden degradarse y resucitar, cual es la siguiente técnica para recuperar, conseguir e, incluso, perder a su amado/a.  Y, al igual que en su mencionado primer trabajo, la película se encuentra con un reparto en permanente estado de gracia. Comenzando por una encantadora Emma Stone, un desenfadado y elegante Ryan Gosling en un papel que podría haber caído en puro exceso y pasando por una Julianne Moore que sigue sin fallar, ofreciendo recital por película, siempre con la capacidad de deslumbrar al respetable, llegamos al verdadero eje de la película, base sobre la que se sustentan los cimientos de una película coral pero que, de no ser por Steve Carrell, se desmoronaría inevitablemente. En los gestos, palabras y movimientos de su Cal recaen los mayores logros, los mejores momentos, de una película que contiene algunas escenas sencillas y, al mismo tiempo, conmovedoras.

     

    No pasará ‘Crazy Stupid Love’ a los anales de la Historia del cine y, seguramente, ni siquiera aparezca en la lista de las mejores películas del año pero, durante dos horas que pasan como un suspiro, uno consigue volver a creer en la capacidad del ser humano para arrastrarse, autoengañarse, cautivarse, luchar y defender la existencia de ‘esa’ persona escondida entre la multitud y, aunque por el camino caiga en alguna ocasión, pocas, en el tópico, esta historia de seis personas que viven el amor desde la inocencia, la pasión, las dudas, el cambio, la necesidad y el esfuerzo consigue entretener y emocionar con el esfuerzo que se esconde tras las cosas más sencillas. El amor puede ser loco y estúpido, sí, pero nosotros lo somos más. De ahí nacen los triunfos y las derrotas.

     

     

     

     

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