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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 24
    Enero
    2012

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    'Los Descendientes' - Como la vida misma

    La playa en invierno siempre es un lugar especial. La soledad con la que puedes recorrer sus tramos más agobiantes en la época estival se convierte en perfecta compañera de pensamientos y reflexiones. Andas por la arena con la tranquilidad de quien se sabe aislado, con la paz imposible de encontrar entre semáforos, coches y edificios. Puedes descansar sentado sobre cualquier banco mientras observar el mar infinito frente a ti, con un silencio roto exclusivamente por las olas que descansan en la orilla, como si estuvieran revueltas por la ausencia de los cuerpos que se enfrentan a ellas sin piedad durante tres meses en los que se sienten acompañadas. Observas atardecer y te resulta increíble pensar que ese es el mismo lugar que desde pequeño has conocido. Ahora no juegas, simplemente caminas. Y es inevitable que en ese contexto tan especial, único, tu mente no te acompañe y sirva como perfecto paisaje para respirar, meditar y, quien sabe, quizás tomar decisiones. El tiempo pasa, pero no lo hace. Observar hipnotizado el horizonte, convirtiendo tus huellas en una especie de balanza sobre la que se miden las cosas buenas y las cosas malas. Las personas con las que cuentas se convierten en más especiales y, las que faltan, duelen más. Todo, en una contradicción inexplicable, tiene más intensidad. Alexander Payne, con ‘Los Descendientes’, ha captado a la perfección la esencia de estos momentos. Lo efímero y lo eterno. El llanto y la sonrisa.

    Todo en ella es profundamente humano, un retrato tan contundente como liviano sobre el perdón, la capacidad para enfrentarse a los problemas, la identificación con el extraño, los (malditos) impulsos, la melancolía y la ternura en una situación tan terrible como en la que se encuentra su protagonista. Payne, partiendo de la novela de  Kaui Hart Hemmings, firma su mejor película con la sencillez como bandera. Los grandes momentos, y aquí hay unos cuantos, surgen del modo más natural posible, sin dejar de lado la coherencia omnipresente en el relato, sin necesidad de alardes melodramáticos. Cuando el espectador se rinde ante la lágrima, no lo hace forzado por la película, sino por la capacidad de identificación con sus personajes, a los que Payne trata con un cariño apasionado pero sin dejar de lado el realismo, siendo duro con ellos cuando es necesario. Cuando el espectador se emociona, lo hace por las cosas más normales, un momento observado tras la puerta de un hospital, un beso conmovedor tras la tormenta, una charla de madrugada en un hotel con la persona con la que menos esperarías tenerla o el dolor ahogado en una piscina de hojas muertas. Y, la lágrima, se ve acompañada en más de una ocasión, de sonrisas y carcajadas, demostrando el equilibrio maravilloso de tono y ritmo que ha conseguido Payne en esta ocasión.  

    ‘Los Descendientes’ tiene todo lo que un trozo de vida puede tener. Momentos buenos, malos, tranquilos, tensos, divertidos, esperanzadores, incomprensibles e inolvidables. Todo ello de la mano de George Clooney, pletórico, y su hija mayor, brillante Shailene Woodley, personajes acompañados durante toda la película pero que se notan, se sienten, solitarios necesitados el uno del otro. Paseando por esas playas hawaianas que reciben el anochecer con una belleza hipnótica, nos hacen partícipes de su historia. Tan terrible y maravillosa como la vida misma.

     

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