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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 26
    Diciembre
    2012

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    'Los Miserables' - Un festín sin postre

    Intentaré no centrar mi crítica de 'Los Miserables' en su director, Tom Hooper. No. Primero, porque uno tiene la sensación de que es lo que él querría, utilizando además la peor de las técnicas posibles, la de la falsa humildad, la del tipo que antepone el lucimiento de sus actores y actrices antes que la de su tarea, ocultando sus ansias por convertirse en un realizador con estilo propio, basado exclusivamente en primeros planos y grandes angulares, excesivo en sus limitaciones. La adaptación de la obra de Victor Hugo lo tenía todo, y cuando digo todo quiero decir todo, para ser perfecta y aunque no es justo pedirle algo así a nada ni nadie, que una película como esta se quede en notable, alto pero notable, duele un poquito más. Por supuesto, estamos ante un material tan poderoso, una histora tan épica y emocionante, que la dirección torpe y patosa de Hooper no puede destruirla del todo. Un niño que, sin haber demostrado saber andar muy bien, se ha lanzado a correr una maratón en toda regla. Y, claro, el proyecto le ha venido gigante. Pero es un monstruo tan arrrebatador que las virtudes terminan apareciendo aunque uno no lo quiera.

     

    Esta historia de venganzas, romances y revoluciones, gigantesca en su propuesta pero sorprendentemente encorsetada en su formalismo, contiene las dosis de espectáculo justo para no terminar ahogada en su permanente exageración. Todo en ella es dramático, desmedido, grandilocuente, empezando por las interpretaciones de su reparto, bien todos, excelentes Hathaway y Jackman, auténticos reyes de la función junto a unas canciones ante las que uno cae, en su inmensa mayoría, rendido. Temas como 'Who I am', 'Empty chairs at empy tables', 'Red & Black' o 'One day more', son palabras mayores, cautivadoras demostraciones de  sensibilidad, capaces de traspasar la pantalla para poner los pelos de punta y el nudo en la garganta. Y es que, no podemos olvidar que estamos ante el musical entre los musicales, no una película con canciones sino una película cantada, una ópera con unos veinte líneas dialogadas; el resto, melodías atemporales llenas de dramatismo, humor y romanticismo.

     

    Película irregular, sustentada por inmensos momentos puntuales entre los que median algunos tramos insustanciales, 'Los Miserables' termina triunfando, a medias, gracias a escenas incontestables entre las que se eleva, por pura emoción, el 'I dreamed a dream' de Anne Hathaway. En esos minutos, en ese plano fijo, en esa mirada, en esa voz, se olvidan errores y defectos, dudas y temores, y las lágrimas invaden los ojos sin escudos que puedan detenerlas.  Esa sensación se repite a lo largo de sus 150 minutos en no pocas ocasiones y cuando la enorme 'Do you hear the people sing?' pone el punto final, el sabor agridulce hace acto de presencia. Sí, estamos ante una de las mejores películas del año, pero por poco. Y habiamos apostado por una victoria holgada. Si 'Los Miserables' hubiese estado en otras manos que no fueran las de su director quizás estariamos hablando del mejor musical de la Historia del cine. En las suyas, se convierte en un festín para los amantes del género. Con maravillosos platos principales pero, lástima, sin postre. ¿La cuenta? Para el Señor Hooper.

     

     

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