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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 24
    Febrero
    2014

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    'Monuments Men' - Las buenas intenciones

     

    Siempre es positivo tener buenas intenciones, intentar agradar a la mayoría de personas posibles, caer bien, intentar sacar sonrisas, entretener. Ese puede que sea el objetivo principal del (buen) cine comercial, hacer pasar un rato agradable a un grupo de personas que han gastado su tiempo y dinero en acercarse a una sala para evadirse de lo que ocurre más allá de la entrada. Por supuesto, no debe ser esa la meta única y exclusiva, un cineasta siempre quiere ir más allá de ese cómodo estado para aportar algo más, algo diferente o, al menos, algo ya contado pero con gracia, inteligencia y algo de genialidad, lo que permita el punto de partida o inflexión de la trama. George Clooney vendría a representar a la perfección ese género en sí mismo que es el cine que cae bien. Porque él es un tipo que tiene carisma, encanto, suma facilidad para conseguir el beneplácito del espectador. Resumiendo, que hasta vendiendo cafés, el bueno de George, te parece un tipo simpático. Pero, tras ese factor que te va a conseguir, casi siempre, una taquilla más que aceptable, se esconde un intérprete notable y un director más que competente.

    Su carrera detrás de las cámaras tiene un poco de todo. Una simpática curiosidad ('Confesiones de una mente peligrosa'), un potente ejercicio de estilo con reflexión sobre el oficio del periodista de propina ('Buenas noches, y buena suerte'), una fallida comedia romántica ('Ella es el partido') y una joya ('Los idus de marzo'). A esta combinación solamente le faltaba un taquillazo, una cinta comercial para todos los públicos, un producto cien por cien hollywoodiense. Ya lo tiene, se llama 'Monuments Men'. Y no funciona. Pura fachada, puro homenaje sin gracia ni, lo más sorprendente, talento a todas aquellas películas clásicas de aventuras que un día fueron grandes ('La gran evasión', 'Doce del patíbulo') y que, revisionadas a día de hoy, siguen más frescas que lo último de Clooney. Porque estamos ante una película que nace vieja, que en su intento por contentar a todos, no convencerá a (casi) nadie, simplemente porque no va a ningún lugar y, de hacerlo, es una meta tan tópica, tan previsible y con tanto déficit de sutilidad que, claro, el bote se termina hundiendo.

     

    Queda la factura técnica, la estupenda banda sonora de Alexandere Desplat y, claro, el talento de unos intérpretes cómodos en sus papeles, que parecen habérselo pasado muy bien en esta reunión de amigos que cuando las realiza Adam Sandler nos llevamos las manos a la cabeza, y con razón, pero que cuando es cosa de Clooney, nos parece casi obligatoria su existencia. Matt Damon, Bill Murray, John Goodman o Cate Blanchett (lo de Dujardin lo dejamos en mudo blanco y negro), siempre aseguran dosis de presencia y elegancia en pantalla, pero eso no sirve de nada cuando la historia que protagonizan está tan mal contada como 'Monuments Men'. Porque el punto de partida, ese grupo de historiadores, directores de museos y expertos en arte que deben recuperar obras de arte robadas por los nazis durante la II Guerra Mundial, es atractivo, interesante e, incluso, necesario pero Clooney opta por convertirlo en lo que nunca debió ser, un conjunto de conversaciones vacías, dosis de humor metidas con calzador, guerra sin sangre, arte sin inspiración. Redondea la jugada una bandera tras la que se esconde el efectismo buscado, la hipérbole de lo que no necesita ser subrayado, el error garrafal de un cineasta que aún tiene cosas interesantes que contar, seguro, pero que ha demostrado que cuando se sienta en la silla del director, se le da mejor ponerse serio que simpático. Aunque, detrás, haya siempre buenas intenciones. El disparo que hiere de muerte a estos 'Monuments Men'

     

     

     

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