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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 10
    Agosto
    2014

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    Tenerife

    'Transformers. La era de la extinción' - Casa Bay

     

    La santificación de Michael Bay ha durado poco. Todos aquellos que soñaron con una nueva versión del cineasta tras su notabilísima 'Dolor y dinero', afilan de nuevo sus cuchillos para clavar con ímpetu toda su bilis tras el regreso a su saga más exitosa con 'Transformers. La era de la extinción'. Cuarta película de una franquicia que, en su ya penúltima capítulo, recuperó brillo tras su nefasta segunda parte, la cual suponía la continuación de una primera entrega que se encuentra entre lo mejor del blockbuster de los últimos años, y que regresa para confirmar el más todavía, la filosofía de vida (y cine) real de su director. Michael Bay. Siempre Michael Bay. Mucho más fácil odiarlo que amarlo, mucho más sencillo criticarle negativamente que identificar sus logros, que lo hay y no pocos, en una filmografía de personalidad arrolladora, capaz de conseguir que un solo fotograma revele su identidad. Por supuesto que hay ruido, mucho, excesos, violencia gratuita, reiteración de temas, esquemas, y personajes que son poco más que marionetas al servicio de la acción, pero lo que tenemos ante nosotros es un autor, un director que ha elaborado una carrera en cuya balanza encontramos muchos menos errores que aciertos, un tipo que se toma muy en serio eso de hacérselo pasar bien al espectador, que no bromea con la evasión, que siempre quiere ofrecer algo más, elevar un poco más el listón, reventar las expectativas que cada uno busque en su cine. Y lo vuelve a conseguir.

     

    Hablar del argumento de esta última entrega de Autobots o analizar los detalles de su historia estaría de más. Sí, es absurda, aunque comparada con las tramas vistas en la saga con anterioridad parece Shakespeare. En cualquier caso, no importa. Es una excusa, hay que entenderlo así, para resucitar una saga que parecía finiquitada y que toma aire de nuevo a través de sus señas de identidad. Espectacularidad, espectacularidad y espectacularidad. Un derroche de set pieces de acción incansables en su búsqueda de La Escena Más Espectacular Del Año. En definitiva, el DNI de un Michael Bay que se muestra en plena forma, que evita, en la mayoría de ocasiones, la confusión visual que se producía en alguno de los momentos claves de sus anteriores entregas, que no ofrece sensación alguna de cansancio, ni siquiera de estar, como muchos han indicado, al frente de un transatlántico que le permita financiarse botes más pequeñitos y acogedores. Porque este es su mundo, su especialidad, el universo cinematográfico en el que se encuentra más cómodo, el lugar donde nadie le tose.

     

    Esta cuarta entrega sale ganando también en sus comparaciones con repartos anteriores. Mark Whalberg sustituye a Shia LeBouf otorgando más madurez, menos sobreactuación irritante y una perspectiva más adulta a una saga que coqueteaba demasiado con un humor adolescente que sobrepasaba, en sus peores momentos, la línea de la parodia sana y autoconsciente con el ridículo más espantoso. Su personaje no deja de ser una figurita necesaria, pero figurita nada más, frente a los verdaderos protagonistas, unos Transformers a los que se les suma los Dinobots, auténtico logro visual para las escenas más grandilocuentes y excesivas en una película repleta de ellas. Y de cine. A pesar de un excesivo metraje al que le sobran una cantidad considerable de subtramas (románticas, adolescentes y gubernamentales), 'Transformers. La era de la extinción' ofrece todo lo que se le puede pedir a un blockbuster de testosterona, épica de manual, furia y ruido, firmado por el experto en la materia. Ya habrá tiempo para otro 'Dolor y dinero'. O no. Parece que Bay prefiere una buena batalla entre dinosaurios de metal que reflexiones sobre la condición absurda del ser humano situadas en el mundo del culturismo. No es una cuestión de un director que quiere ser una cosa y tiene que ser otra por las reglas de la industria. Es un cineasta que regresa a lo que mejor sabe hacer. Un autor que regresa a casa. A su casa. 

     

     

     

     

     

     

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