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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 19
    Abril
    2011

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    Caperucita Roja - Las orejas del lobo

     

    Si por algo destaca el cuento original de "Caperucita Roja" es por su lado tenebroso, ese aroma a historia de terror que se podía leer entre líneas en una trama que alcanzaba su clímax en la, tan surrealista como oscura, escena del lobo feroz disfrazado de abuelita. Los responsables de la adaptación cinematográfica que acaba de estrenarse tenían, por lo tanto, buenos mimbres para dar forma a una estimable película de terror, la oportunidad de aprovechar y explotar las virtudes, muchas, de un cuento universal. Pero con lo que no contaban, o quizás si, era con Catherine Hardwicke, directora responsable de ese producto tan exitoso como infumable llamado "Crepúsculo", una saga que, pese a su indiscutible fama entre un público adolescente ávido de vampiros enamorados y hombres lobo fornidos, supone, especialmente en su mencionado primer capítulo, un deficiente artefacto cinematográfico. La cuestión es que, de un modo u otro, "Caperucita Roja" llega a las temibles manos de Hardwcike. Y las dudas pronto pasan a convertirse en certezas.

      Desde sus títulos de crédito, hasta su risible final, esta nueva "Caperucita Roja" decide eliminar cualquiera de los elementos clásicos del cuento en el que, supuestamente, se basa a favor de una trama de telenovela (mala) destinada a satisfacer la sed de cursilería del público adolescente "crepusculiano". Se basa, especialmente, en un triangulo amoroso tan deficiente, risible y soso, que convierte al de la saga vampírica en referente. La evolución de sus tres personajes principales, de los cuales solamente conviene salvar de la quema a una Amanda Seyfried a la que no se le puede negar personalidad y carisma, es previsible, monótona y, para colmo, carece de cualquier química posible entre sus intérpretes. Y es que, no nos engañemos, la conversión de "Caperucita Roja" en love story solo se entiende como, más que discutible, método de atracción de espectadores. Lo peor de todo es que, en alguna que otra sala de cine, se escuchará algún suspiro enamorado ante las demostraciones de cursilería empalagosa que llenan el guión firmado por David Johnson.    Pero no todo es negativo en la película de Hardwicke. Es innegable que la ambientación y atmósfera están ahí, que consiguen, sin mucha dificultad, introducirte dentro del relato. Y, además, cuenta con un punto fuerte a su favor, su subtrama basada en el tópico, pero efectivo, "¿quién ha sido?". Sucede que, cuando la película aparca su romanticismo impostado de anuncio de perfume navideño, y se centra en el misterio, alza el vuelo, convirtiéndose en una especie de "Cluedo", basado en la búsqueda del culpable. Es cierto que tampoco hace falta ser un genio para dar con la solución, pero hasta que eso sucede, uno puede ir dando forma a sus sospechas y conclusiones.    En definitiva, y más allá de si era, o no, necesaria esta adaptación, "Caperucita Roja" supone una entretenida estupidez que quedará como la película de terror que nunca llegó a ser, lastrada por el tufo "Made in Crepúsculo" que destilan la mayoría de sus escenas. Por eso, a pesar de las dos intrascendentes referencias a su original literario, da pena observar como el cine de hoy en día se retroalimenta de sus propios éxitos para vestir, con diferente vestido, al mismo modelo cinematográfico. Pero, cuando salió a la luz que sería Hardwcike quién estaría detrás de la cámara empezamos a verle las orejas al lobo. Demasiado.   

     

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