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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 27
    Enero
    2013

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    El lado bueno de las cosas - Entre Dylan y Jessie J

     Lo ha vuelto a hacer. Lo realmente sorprendente es que ya no es sorpresa. Harvey Weinstein, productor, continúa en su progresión hacia el mito y la leyenda dentro de las temporadas de premio consiguiendo incluir, al menos, dos proyectos dentro de todas las quinielas. Y parece no haber truco. Entendiendo estos meses como una partida de ajedrez donde conquistar gremios y votos, Weinstein ha apostado el todo o nada a la carta de 'El lado bueno de las cosas'. Resultado: ocho nominaciones a los Oscar. Candidata a absolutamente todos los premios importantes de la noche, es decir, Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz, Mejor Actor Secundario, Mejor Actriz Secundaria, Mejor Guión Adaptado y Mejor Montaje. El señalar  todas sus posibles victorias no responde a una necesidad de rellenar crítica sino de ejemplificar hasta que punto la labor de Weinstein se ha visto, otra vez, conseguida. Repito que ya no sorprende, que es perfectamente compensible que Spielberg ande alerta por si este tipo le arrebata de nuevo un Oscar como ya hiciera en la 'lucha' entre 'Shakespeare in love' y 'Salvar al soldado Ryan'. Sí, ya sabéis como terminó. Aunque su víctima favorita, David Fincher, al que venció con, ojo, 'Slumdog Millionaire' y 'El discurso del Rey' frente a, ojo de nuevo, 'El curioso caso de Benjamin Button' y 'La Red Social', respectivamente, no esté presente, Weinstein se relame pensando en la ovación de las superestrellas y, lo que es más importante, las taquillas renovadas. ¿'El lado bueno de las cosas' puede reiterar existo? Pues sí. ¿Lo merece? Realmente, no. 

     
    Las apariencias pueden ser una virtud y un problema. Las falsas apariencias, sin embargo, solo admiten la última de las opciones. Y la nueva película de David O. Russel, responsable de, entre otras, la sobrevalorada 'The Fighter', está repleta de ellas. Con un arranque prometedor que sitúa unas más que interesantes piezas en el tablero de la tragicomedia, a saber, dos protagonistas con bipolaridad diagnosticada por  sendos traumas provocados por el final de sus matrimonios, una familia extravagante y desorientada y una colección de prometedores secundarios, 'El lado bueno de las cosas' apuesta por la melancolía y el desconcierto, una sensibilidad y delicadeza sorprendente, de la que esperas un desarrollo genial hasta que aparece en escena Jennifer Lawrence y, una vez te has enamorado completamente de ella, esperas todo. Por desgracia, no había truco, sino trampa y cartón. Vestida de original y diferente, la segunda mitad de la película no deja lugar a dudas, de hecho, ni siquiera lo intenta, y se convierte en lo que, se intuye, nunca había querido ser, una comedia romántica de toda la vida, con sus cosas buenas, algunos momentos de pura química entre Lawrence, lo mejor de la película, y un aceptable Bradley Cooper, pero también lo peor, ñoñería, climax facilón y lágrimas entre declaraciones de amor eterno.
     
     
    Lo que pudo ser y lo que es. Lo que quiso ser y lo que terminó siendo. Si hablamos en términos comerciales, 'El lado bueno de las cosas' tiene todo para gustar a casi todo el mundo. Otra cosa muy diferente es entusiasmar. Y sí, el reparto está espléndido, la banda sonora es genial, regala alguna sonrisa y abandonas el cine de buen humor. Pero no se trataba de eso. O, al menos, no lo parecía. El punto de partida ofrecía tal cantidad de posibilidades que uno lamenta que, al final, prefiera ser 'Dirty Dancing' antes que 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. Que prefiera terminar con Jessie J antes que con Dylan y Cash, los cuales ponen música con su maravillosa versión de 'Girl from the North Country' a la mejor escena de la película. Aquella en la que los protagonistas dejan de hablar y deciden observarse con todo su drama a cuesta. Ojalá ese hubiera sido el camino escogido. Pero, ya se sabe, siempre venderá más entradas un beso final que una huida hacia lo desconocido. 

     

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