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Si las miradas hablaran
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Dimas Gallardo

Desinquieto y soñador.

Sobre este blog de Sociedad

Una mezcla de crítica, siempre constructiva, y de arte. Una suerte de experimento postmoderno para situarnos en el mundo actual a través de la humanidad de la consciencia, si es que esto puede convivir en armonía en la misma frase.


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  • 09
    Febrero
    2017

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    Sociedad Las Palmas

    El Genio de la Lámpara

    Gillermo Expósito era un niño malo, pero malo inconsciente, lo suficientemente inconsciente como para provocar un sentimiento de comprensión y compasión que por poco podía justificar cualquiera de sus travesuras.

    Ese día, Expósito soñó que se emborrachaba, y en su borrachera, viéndose tan malamente afectado por el vaivén del barco naufragado, pudo llegar a preguntarse: ¿Yo que hago aquí?. Pero tan pronto pensó en estas palabras, su cabeza comenzó a dar vueltas y a moverse hacia adelante y hacia atrás, buscando el origen del hombre en los recobecos más ocultos y lejanos, donde almacenaba toda la información aprendida de las enciclopedias, libros de texto y documentales. Para ese entonces, el Yo ya golpeaba tan duramente las cuatro paredes de su cabeza, que comenzaba a quebrarlas, y cuando recordó por fin que el hombre era el producto del progreso de una primitiva especie que había logrado la superación de sus propias limitaciones gracias a su impresionante sentido de la comodidad y la ambición que le obligaba siempre a buscar la ventaja, el Yo ya había escapado, tranformado en un Yo con forma de genio, de esos que salen de las lámparas mágicas; y su mundo entonces comenzó a llenarse de luz y pudo ver que se encontraba en el último piso de un rascacielos de cristal, sobre el hormiguero más grande que se había construido en la Tierra, y no le pidió deseos, sino que le ordenaba imperativamente, saltándose las reglas, y éste le concedía todo pues se trataba del ser que lo había rescatado de la oscuridad y el exilio.

    Ese día Guillermo Expósito soñó que se emborrachaba, y cuando despertó de su letargo, tras haber descubierto la amplitud del espacio que le había enseñado el genio, los rincones y recobecos nunca vistos, los sentimientos y emociones nunca sentidos, cuando le enseñó el placer del morbo y la crueldad, no pudo más que quedarse prendado al instante de la sensación que le producía saberse conocedor de las artimañas de la vida.

    El Genio de la Lámpara

     

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