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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 03
    Diciembre
    2013

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    Corneilus y el tesoro

    Cornelius Gurlitt es el protagonista de la noticia más sorprendente del año en el mundo artístico. Las autoridades alemanas han encontrado en su casa más de un millar de obras de arte moderno de los más destacados autores. Todas proceden de la colección de Hildebrant Gurlitt, el padre de Corneius, un marchante sobre el que pesa la sospecha de haberse aprovechado del saqueo nazi a los judíos para hacerse con un patrimonio artístico fenomenal.

    Toda la historia es fascinante y aún está llena de misterios e incógnitas, como saber quiénes eran los legítimos propietarios de los cuadros o cómo llegar a ellos para devolvérselos. Pero mientras se resuelven esos interrogantes, sólo tenemos la figura del pobre Cornelius, un anciano huraño y enfermo del corazón que cumplirá 81 años en este mes de diciembre. En una época en la que el arte suele ser noticia por los elevados precios que algunas obras alcanzan en las grandes casas de subastas, sorprende la actitud de este anciano alemán. No se queja de que las autoridades le hayan arrebatado la fortuna que tenía colgada en todas las paredes de su casa. Lo único que quiere es que le devuelvan sus cuadros “para tener un poco de calma”.

    Un poco de calma... Cuando Cornelius mira esas obras ve a los únicos amigos que ha tenido en la vida este hombre solitario cuya única aspiración fue conservar el legado de su padre. Si alguna vez tuvo un apuro, vendió algún cuadro. Pero nada más. Por obligación. El resto del tiempo, se limitó sencillamente, a disfrutarlos.

    Cornelius se ha mantenido todos estos años al margen del mundo. Le sorprenden buena parte de los avances actuales. Va a otro ritmo, es de otro planeta. Cuando tiene que viajar, envía una carta escrita a máquina, con meses de antelación, para reservar la habitación. Él solo quiere terminar sus días junto a las obras que admiró desde niño.  Al pensar en sus cuadros lamenta que nadie tenga ya su mirada inocente y que todo haya sido contaminado por el dinero. Cuando le preguntan por ese tesoro artístico que tenía en casa dice: “Desgraciadamente, en estos papeles con colores la gente sólo ve billetes”.

     

     

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