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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 07
    Noviembre
    2016

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    Jabalí (Cap.22): El señor Omm, un jabalí muy cabreado

    (En capítulos anteriores: Lela, una mujer en crisis, encuentra un día en el parque a un jabalí que habla y que dice llamarse Paulocoelho. El bicho da muy buenos consejos, así que lo convierte en su coach personal. Gracias a las sabias palabras de Paulocoelho, Lela conoce al hombre de su vida, un escocés al que ella llama McGallard, un highlander como los que aparecen en las novelas a las que Lela es muy muy muy aficionada. En realidad MacGallard es su vecino, José Manuel Gallardo, capitán retirado de la Guardia Civil de Tráfico. Los dos viven su amor salvajemente en la deliciosa urbanización de ladrillos rojos donde residen, pero un día se enteran de que unos cazadores quieren abatir al sabio jabalí. Lo sacan de allí disfrazado con el uniforme de gala de la Benemérita, para que nadie se de cuenta, y emprenden una larga escapada en la moto BMW con sidecar, de la II Guerra Mundial, que McGallard heredó de su abuelo.  Protegidos con sus cascos de  soldado alemán, corren numerosas aventuras pues todos lo que topan por el camino quieren quedarse con el sabio Paulocoelho. Van bien protegidas las 300 amigas runners de su cuñada Trotte, que se han convertido en su fiero ejército personal, siempre dispuesto a ejercer el feminismo más expeditivo. Después de mil peripecias, parece que Lela está a punto de descubrir el misterio del origen de su jabalí mágico)

     

    No tardó en ocurrir de nuevo. Trotte estaba en lo cierto. No habían recorrido ni cinco kilómetros cuando volvieron a toparse un jabalí junto a la carretera. Éste no les miraba. De hecho parecía completamente ajeno al mundo. Sentado, con las patas traseras cruzadas y los brazos extendidos, decía: "Ommm, ommm,ommm".

    Lela, con otro de sus gestos de generala, volvió a detener la columna. Las chicas de Trotte respondieron como un solo hombre. Lela se bajó de la moto y se acercó al nuevo jabalí. Tenía el presentimiento, o más bien la certeza, de que éste también hablaba.

    -Buenos días, señor Om, perdone que le moleste.

    -Ommm, Ommm, Ommm.

    -Sí. Omm. ¿Es que no le he pronunciado bien?

    El jabalí abrió los ojos. La examinó de arriba abajo, con aire de suficiencia. Parecía terriblemente enojado.

    -Señorita, ha roto usted mi proceso mental.

    -Uy, perdone. Es que mire…

    -Ni mire, ni nada. Le voy a dar dos hostias que la voy a poner en órbita.

    -Uy, qué genio. Qué violencia machista, por Dios.

    -Ommm, Ommm, Ommm. Mire, mire cómo me he puesto por su culpa. Otra vez la ira interior, otra vez. Ommm, ommm, ommm. ¿Bueno qué quiere?

    -No, nada, es que le vi a usted aquí y me preguntaba qué estaba haciendo.

    -Pues mindfullness, señorita, ¿o es que no lo ve? Mindfullness.

    -¿Y eso es?

    -Meditación, señorita. Mirar a nuestro interior, sumergirnos en nuestro fluir, dejarnos ir.

    “Éste, por lo que dice, va a ser primo de Paulocoelho. Creo que voy por buen camino”, pensó Lela. Tenía que seguir interrogando al jabalí meditador.

    -¿Y no sabrá usted donde hay más como usted?

    -¿Cómo yo?

    -Sí.

    -Pues por todos lados hay gente como yo, señorita. Por todos lados. Gente cabreada la hay por todos lados. Este país está lleno de gente cabreada. ¡Lleno! Entonces por qué cree que yo estoy haciendo mindfullness, porque tengo un cabreo que me lleva Dios. ¿O no ha visto cómo está la economía, la política, la cultura, la Liga de fútbol, la Conferencia Episcopal? Esto se va a la mierda, señorita, a la mismísima mierda. Omm, ommm, ommm, ommm. Por favor, aléjese, ¿no ve cómo me estoy poniendo?

    El jabalí meditador hacía verdaderos esfuerzos, con aquellos om, om, om, para no perder definitivamente los estribos. Lela se dio cuenta de que si seguía preguntando al animal, acabaría por embestirla. Mejor dejarlo ir. Los machos son así. Todo menos entrar en razón. Qué cruz con estas bestias peludas.

    -Bueno, señor Omm, le dejo a lo suyo. Mindfulneé usted tranquilamente.

    -¡A la mierda!

    Lela volvió con McGallard, Paulo, Influ, Trotta y las 300 chicas. Su excuñada se acercó a ella pidiéndole novedades. Le detalló la conversación con el señor Omm y Trotta afirmó que, sin lugar a dudas, iban por buen camino. Aventuró que en los próximos kilómetros encontrarían más jabalíes y que era posible que se estuvieran acercando al lugar donde nació Paulocoelho, a su hogar. "El país donde los jabalíes hablan", dijo Trotta extendiendo los brazos, haciendo un círculo con ellos, abriendo mucho las manos. Esa era su misión ¿no? Devolverlo a su hogar, ponerlo a salvo. Trotta no tenía ninguna duda. Lela se quedó maravillada con la seguridad que mostraba su excuñada y, por un momento, sólo fue un momento, pensó que se estaba equivocando, que lo que ella necesitaba realmente en la vida no era al flojo de McGallard, quien últimamente estaba demostrando cierta debilidad de ánimo que le llevaba a correr detrás de cualquier mujerzuela con mallas ajustadas. Lela, y sólo fue por un segundo, se preguntó si lo que ella necesitaba no era a su excuñada, una mujer de hierro. Al fin y al cabo, si le ponías unos pantalones de camuflaje y una cinta negra en la frente era clavada a Sylvester Stallone. Y a Lela siempre le había gustado mucho Sylvester. Aunque no fuera escocés.

    (Continuará)

     

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