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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 09
    Enero
    2011

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    En la muerte de un empresario turístico: Ángel Luis Tadeo

    Ha muerto Ángel Luis Tadeo, el impulsor del Grupo Dunas, una organización empresarial  con unos veinte años de presencia en nuestras islas, principalmente en Gran Canaria. Arquitecto técnico de formación, decidió después de mucho trabajar en complejos turísticos emprender por su cuenta, creando un grupo que da trabajo a unas 20.000 personas en las Islas. Es el primer empresario de la nueva generación turística de las Islas que fallece, lo que nos permite realizar un análisis del cambio vivido en los últimos años en el sector turístico canario.

    Hay que señalar que con más de un siglo de desarrollo turístico en Gran Canaria, la presencia de empresarios de la isla se hace notar tan sólo en las últimas décadas. Podríamos incluso afirmar que es la herramienta de la Reserva de Inversiones de Canarias (RIC) la que facilita y potencia la capitalización de empresas canarias para que puedan hacerse con el control de una parte del negocio turístico en las Islas, hasta entonces en manos de empresas foráneas (extranjeras, mallorquinas, catalanas…). Es esta herramienta fiscal –aprobada por la UE en 1994 junto a la ZEC- la que da un giro de 180 grados al insuficiente Régimen Económico y Fiscal con que dotó el franquismo a Canarias en 1972.

    De hecho, la política económica del franquismo y, anteriormente, las iniciativas emprendidas por la metrópoli colonial –desde el momento mismo de la colonización con el Fuero Real hasta los puertos francos- tenían como objeto potenciar el papel de plataforma portuaria y comercial de las Islas para evitar su desabastecimiento, su incomunicación y su ruina económica. Sin embargo, estas medidas no beneficiaban a los canarios, sino por el contrario a aquellos con capital suficiente para hacerse cargo de esas ventajas en su propio provecho y, en algunos casos, por el interés de las Islas.

    Así, a la sombra de los empresarios británicos y alemanes, interesados en nuestras Islas por la necesidad de comunicar sus países con las plazas coloniales, “los comerciantes isleños arribaron al núcleo portuario lentamente. Consignaban un número reducido –cuando no insignificante- de vapores, casi siempre españoles, que aportaban una pequeña proporción del total del tráfico marítimo; actuaron mediatizados por las firmas extranjeras; dependieron de ellas en el abastecimiento de carbón a los barcos, que era el principal negocio del Puerto; realizaron escasas inversiones en obras de infraestructura portuaria; y, de modo general, desempeñaron un papel secundario en el despegue portuario”, según concluye el investigador Francisco Quintana Navarro, en su obra ‘Barcos, negocios y burgueses en el Puerto de la Luz. 1883 – 1913”.

    Quintana añade que “la dinámica del Puerto pudo alimentar todo tipo de negocios y, al amparo de las grandes empresas extranjeras, creció y se desarrolló la burguesía portuaria de Las Palmas; una burguesía nada emprendedora, más bien oportunista, dispuesta a no desaprovechar la inmejorable ocasión que se le presentaba y recoger los frutos –muchas ‘migajas’ y alguna ‘tajada’- del crecimiento portuario”. Y así ha sido con alguna excepción hasta nuestros días, si bien también hay que señalar la intervención de la clase media rentista que se abalanzó en los años sesenta y setenta a la compra de apartamentos y bungalós que amortizaban rápidamente por la gran demanda turística que se produjo con el auge de los chárter.

    Pero el negocio, el hotel, continuaba en manos foráneas, y poco a poco el turoperador nórdico fue implantando sus criterios y sus condiciones a medida que crecía una oferta de alojamientos sin control y amparada en la especulación y el desorden que, asimismo, favorecía el caldo de cultivo de la corrupción.

    Sin embargo esto cambió. Desde hace unos años –pocos, pero de forma intensa- empresarios canarios se han hecho con gran parte del negocio hotelero de las Islas, e incluso con hoteles en centro Europa y con parte de grandes turoperadores. Pero no estamos ante un perfil de empresarios muy alejado del deprimente cuadro que retrata Quintana en su obra. A pesar de sus incursiones en actividades relacionadas con el progreso social y económico de su tierra, estos empresarios venidos de la construcción, el comercio minorista y de actividades vinculadas al desarrollo de infraestructuras, siguen padeciendo los mismos males de hace un siglo, como fieles ‘herederos’ de esa burguesía portuaria que, con excepciones, se ha caracterizado por ser exigua (un reducido y excluyente número de individuos), frágil, intermediaria y sucursalista, dependiente, interesada en el ascenso social y elitista.

    No obstante, estamos en una etapa distinta. Hay rasgos de superación de esa dependencia del capital foráneo y hartazgo de esa ‘libertad bajo custodia’ que permitía un cierto acomodamiento del empresario en una situación que “a fin de cuentas, ni le impedía progresar económicamente, ni le cuestionaba su prepotencia política y social en el marco insular”, concluye Quintana, si bien en estos momentos ese marco insular es un límite muy estrecho para las capacidades inversoras y de expansión empresarial del capital canario.

    Otra cuestión que queda pendiente es el papel social del capital en las Islas. Lejos de innovar y crear una oferta diferenciadora (un modelo Néstor, o César Manrique, si bien adaptado a la actualidad y a las posibilidades de las Tecnologías de la Información), estos empresarios crecidos en la RIC sólo han aportado nuevas construcciones de hoteles y centros comerciales. Eso sí, de gran calidad y muy lejos de los improvisados equipamientos desde hace cincuenta años hasta hace muy poco, ya obsoletos y fuera del mercado casi en su totalidad.

    Lejos de buscar en el espíritu (y conocimiento) del canario, estos nuevos capitalistas se guían en muchos casos por asesores venidos de fuera que nos importan modelos y planos repetidos en casi todo el mundo, haciendo perder valor a la marca canaria. Quizás sea porque su crecimiento ha sido muy veloz, porque su nivel no alcanza a entender que la globalización no va reñida con la originalidad y la identidad para posicionarse en el mundo… O que vivimos en un entorno excesivamente controlado por la politocracia y la burocracia, degeneración de la democracia y que repudian de los esfuerzos de una sociedad civil que no quiere vivir encorsetada ni dirigida por vividores de los fondos públicos.

    Lo dicho, es una lástima que Tadeo falleciera tan joven, cuando empezaba a vislumbrar otras opciones de desarrollo de su actividad empresarial en unas Islas a las que entregó su vida, creando riqueza para muchos y creyendo en su potencial. DEP

     

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