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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 27
    Abril
    2013

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    No quiero ser como Willy

    Vivimos en una sociedad secuestrada. Una sociedad que es guiada y se refleja en los medios de comunicación de masas, esas ventanas que se cuelan en todas las casas para decirnos qué pasa, qué hemos de hacer, consumir o pensar. Empresas de los mass media on más o menos poder y con más o menos claras sus intenciones. En el caso de Telecinco ya sabemos hasta donde llega la basura. En otras ya intuimos los residuos que no son publicidad (descarada o encubierta). Y todo ello a través de unos espacios (espectros le dicen) radioeléctricos o señal digital que ha de conceder la administración pública. Una administración que apenas se fija en cuánto cobrar por la concesión administrativa –que es una miseria-, olvidando su papel de liderazgo social y aprovechamiento de todos los recursos para ese fin, mientras la población enferma de obesidad, violencia o estupidez.

    Pero, después, tenemos las llamadas televisiones públicas. Un engendro surgido de cuando se creó el Ministerio de Información y Turismo, sustituyendo o camuflando con un eufemístico nombre a las labores de Propaganda que desde el régimen franquista se desarrollaban. Así, tenemos la TVE, de la que no voy a entrar a analizar su agonía, pero sí recordar que -supongo que sin quererlo- dio lugar a la consolidación de lo canario: la creación del centro de producción de Canarias, gracias al cual se potenció el habla y la unidad territorial (informativos Canarias), el folclore (Tenderete), la Lucha Canaria… Nunca podremos pagar tan importante contribución a la unidad canaria como la de esta iniciativa de la etapa de Manuel Fraga.

    Pero, he aquí que después de tantos siglos de Canarias como entelequia, ahora tenemos un Gobierno de Canarias, con su Parlamento de Canarias y sus Consejerías, y la televisión y radio ‘nacional canaria’. Un ente de comunicación de masas y presupuesto público (y supuestamente privado, aunque más que aportar, están ahí para cobrar). La RTVC inicialmente se planteó como un recurso que contribuiría a una mejor difusión en contenidos canarios, tanto noticias como la labor educativa de recuperación y fomento de la identidad y de los recursos que nos diferencian y posicionan en el mercado global.

    Los primeros directores pusieron su empeño en poner en marcha la maquinaria, pero desde que Paulino Rivero accedió a la presidencia de Canarias apostó por lo conocido (su conocido y amigo de la familia), situando al frente de RTVC a un locutor de radio formado en la universidad de la vida: Guillermo García, conocido por Willy. Un señor que se ríe del Consejo del Ente, del Parlamento, de la Audiencia de Cuentas y de todo el que pretenda recordarle que lo que dirige es una televisión pública y no un chiringuito de playa privado.

    A dedo, sin control y por su criterio personal: el de la universidad de la vida cuyos catedráticos le han dicho que lo que el pueblo quiere es humor facilón y verbenas de barrio, ha utilizado la mejor plataforma que hemos tenido para transformar la sociedad en un lugar anodino, tópico, simplón, donde la mediocridad es sacralizada, sensacionalista, donde la solidaridad es confundida por la caridad y, a todo esto, con un negocio redondo para una o dos empresas, arruinando a todo el sector audiovisual de Canarias. Una oportunidad de oro desaprovechada y un montón de millones de euros desperdiciados para mediocrizar a los canarios.

    En la historia de Canarias hay graves casos de retraso autoinducido por nefastas decisiones. El nombramiento y continuidad de este personaje al frente de la Televisión Pública de Canarias es otro de esos graves casos del que nos arrepentiremos durante muchos años. Sobre todo porque con la crisis que estamos padeciendo, se ha convertido en un icono del despilfarro de dinero público por obstinación del presidente canario. Aunque no sólo es este caso, sino prácticamente de toda la política de comunicación del ‘paulinato’. No olviden que todos los concursos públicos relacionados con este sector han sido desmontados por los tribunales con pronunciamientos muy duros.

    ¿Y qué tiene que ver esto con el turismo? Pues bastante. De ser el principal sector económico de Canarias a ser el último pato en la tele canaria, con un simplón y anodino programa de canarios cinco estrellas y otras iniciativas que no contribuyen a potenciar el turismo, sino a compararlo con ñoñerías horteras como otros programas de la 'willyfactoría', como  La Gala, o Fiesta, Quiero ser como Pepe o demás engendros que no aportan nada a Canarias, salvo a la productora que cobra por su realización.

     

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