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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 01
    Mayo
    2013

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    Otro tsunami en Maspalomas

    Érase una vez una empresa turística alemana, TUI el mayor turoperador europeo, socio de un empresario de Olot (Cataluña) con más de 115 hoteles repartidos por el mundo de los que catorce se situaban en Gran Canaria (el lugar del planeta donde más establecimientos tiene la cadena RIU desde hace décadas). Ambos quisieron derribar un hotel con cinco décadas de antigüedad y levantar uno nuevo con categoría de 5 estrellas, para lo cual realizaría una importante inversión superior a los 55 millones de euros contratando empresas locales durante un tiempo muy difícil para todos por la falta de inversiones en el territorio insular.

    La iniciativa de los propietarios del edificio choca con la nostalgia de la familia condal, quienes construyeron el antiguo hotel, aquella obra que se pensó para que fuera el 'mejor hotel del Atlántico', que al año de su apertura tuvo que ampliarse (el doble de tamaño) por el éxito del enclave. De repente, la empresa más poderosa del sector turístico y de construcción insular, Lopesan, se suma a esa iniciativa y solicita ante el Cabildo Insular la incoación de expediente de Bien de Interés Cultural para el edificio que fuera obra de los arquitectos Molezun y Corrales que, además, figura en un catálogo de arquitectura moderna española.

    Acto seguido, la misma empresa recuerda que la parcela no debió privatizarse hace 25 años, cuando Mario Conde adquirió del edificio y lo reconstruyó en su interior para multiplicar el número de camas y, así, la oferta alojativa. Pero este proceso hace recapitular a Eustasio López, propietario del Ifa Faro, levantado sobre el dominio público marítimo (antes de que Lopesan adquiriera la cadena Ifa), y así lanza un órdago a instituciones y empresas: recuperar todo el palmeral y convertirlo en el icono natural que necesita Gran Canaria para competir con otros destinos turísticos y no limitarnos al sol y playa. La recuperación de un paisaje único, un jardín natural con sus canales, la charca y el palmeral, que podría ser ese parque temático paisajístico que tanto necesita Maspalomas para relanzar su imagen como destino turístico único.

    Pero todo esto no es más que trabas a un proyecto que ha sido tramitado con el objeto de realizar una inversión que impulse un negocio ya existente pero con fecha de caducidad vencida. Los propietarios del hotel piden que le dejen cumplir con la legalidad y transformar la explotación alojativa en un hotel de 5 estrellas muy al gusto de su clientela (principalmente alemanes y nórdicos).

    El árbitro político, el Cabildo de Gran Canaria, no acepta la declaración de Bien de Interés Cultural ni se plantea una impagable recuperación y restauración del conjunto del palmeral, pero resucita una presencia casual y no determinante ni significativa del paso de Cristóbal Colón en su cuarto y último viaje a las Américas, para con esa excusa declarar todo el palmeral (no sabemos por qué sólo el palmeral) en un Sitio Histórico (lugar o paraje natural, vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones populares, creaciones culturales o de la naturaleza, y a obras del hombre, que poseen valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico).

    No deja de ser cierto que Colón pasó (a hacer aguada, según el diario de a bordo) por el lugar, cosa que no ha dado lugar a ninguna tradición popular ni alcanza de lejos el valor histórico que el paso de las tres carabelas por Gando en la primera travesía, la del Descubrimiento. De hecho, nada tiene que ver el lugar con el que visitara Colón, ya que en los últimos 500 años, por la erosión, la transformación del ecosistema, por la captación de aguas pluviales y subterráneas, y sobre todo por el tsunami del terremoto de Lisboa que originó el desierto de dunas... es un espacio totalmente distinto al que conociera el navegante genovés. Sin olvidar que el mismo territorio fue totalmente reconvertido en llanuras de surcos y tomateros, en vivero para los jardines de la urbanización turística y en jardines domesticados para el turismo. Incluso los deseos y proyectos de los hermanos Néstor y Miguel Martín Fernández de la Torre o el urbanista/paisajista Tudurí señalaban al cuidado de este lugar frente a los deseos de construir en él.

    Pero bueno, el Cabildo ha optado por una decisión más que discutible. Lo de Colón no deja de ser una anécdota en la historia de sus viajes y en la de Gran Canaria, menos significativa por cierto que la escala de la flota de Van der Does para curar –o enterrar a los fallecidos- a sus tropas tras la derrota de Monte Lentiscal; o más aún  la conexión que hubo desde la estación de la NASA en Maspalomas con los astronautas en el momento de que el hombre pisara la luna por primera vez. Unos astronautas que sí que estuvieron en el hotel Maspalomas Oasis descansando tras su regreso de aquella odisea espacial.

    Así que esta decisión del Cabildo no recupera ni es trascendente en la historia insular, pero supondrá un grave precedente –otro- para el turismo en Gran Canaria. Y no será ésta vez el enemigo externo (el recurrido chicharrero) el culpable de frenar una inversión en esta isla. El culpable de este ridículo que ya ha recorrido Europa (aunque aquí nos miremos el ombligo) está en la propia isla. Una posición que pone en riesgo la actividad turística en el principal destino de Europa que es Maspalomas, sobre el que ha vuelto a caer un tsunami devastador que, entre otras cosas, va a suponer:

    • Procedimiento indemnizatorio para los trabajadores y la empresa propietaria del Hotel Maspalomas Oasis.
    • Parálisis de la actividad de las empresas canarias contratadas para derribar y levantar el nuevo hotel.
    • Renuncia a la compra de material de obra y de mobiliario del nuevo hotel.
    • Pérdida de más del 40% del valor del inmueble y de todos los inmuebles del lugar (Seaside Hotels es el principal perjudicado)
    • Paralización de esta obra y de la de la reconversión del ya lamentable centro comercial de Maspalomas.


    A todo esto, los proyectos que se planteen sobre este lugar tendrán que pasar por una Comisión de Patrimonio Histórico que tiene unos criterios muy concretos de conservacionismo y burocratización de los procesos de renovación turística, principalmente porque aquí han actuado políticos, expertos en leyes, funcionarios y medios de comunicación, pero ¿alguien ha planteado el impacto turístico de las decisiones adoptadas? ¿Alguien piensa en qué es lo importante para el turismo y el desarrollo de Gran Canaria? Está claro que no hay un solo turista que haya llegado a Maspalomas en 50 años siguiendo la ruta colombina, y que hemos de cuidar este sector económico y mejorarlo, pero con decisiones así uno piensa que el objetivo no ha sido el bien común, cosa ya tradicional en este enclave: Ni cuando se levantó el hotel y las viviendas del entorno, ni cuando se amplió, ni cuando se construyeron otros hoteles, ni cuando se declara inejecutable la sentencia de recuperación del palmeral en los años ochenta, ni cuando se declara Sitio Histórico a la zona sin más salida para los propietarios que pasar por el aro de negociaciones y procedimientos arbitrarios. Algo así como un tsunami político y administrativo.

     

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