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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 15
    Mayo
    2013

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    ¿Quién defiende el turismo?

    “Ya nada podemos hacer para salvar lo que se destruyó ciegamente, pero sí podemos hacer mucho por mejorar lo que ya se ha hecho. Salvaremos un paisaje si cambiamos el color del albeo de una ‘urbanización’ simplemente o piadosamente con una hábil cortina de verdes plantaciones se puede disimular la hiriente fealdad de cualquier otra ‘promoción turística’. Afortunadamente, los recursos que nos ofrece hoy la técnica combinándola acertadamente con el buen gusto y el espíritu de nuestra arquitectura popular pueden transformar totalmente, a un bajo costo, cualquier estridente adefesio, plantado en lo mejor de nuestro paisaje, por la ignorancia de unos y la pasividad de los otros”.
    César Manrique (I Asamblea Provincial de Municipios Turísticos)

    Siempre ha habido defensores del paisaje, de la naturaleza, del patrimonio… Este propósito está presente desde los primeros autores de obras sobre historia, naturalistas, científicos, arqueólogos, artistas, etc…, y ha perdurado hasta nuestros días porque el amor a nuestro entorno privilegiado es una constante, un aspecto endémico. Y siempre habrá quien lo defienda porque lo que nos rodea nos debe preocupar e interesar. Es parte irrenunciable de nosotros, de nuestras vidas, la que vivimos y las experiencias que soñamos.

    Y el turismo en Canarias es –también- elemento esencial de ese pasado y de los recuerdos más hermosos, los que nos permiten sentir que hemos disfrutado momentos por los que ha valido la pena vivir. Pero también es realidad indispensable y el sueño que todos –cada uno a su manera- deseamos disfrutar. Y, afortunadamente, ¡podemos! No olvidemos que vivimos en el lugar con el mejor clima del mundo, que ya es mucho, un privilegio y un lujo.

    Aunque ¿cómo pueden vivir dos millones de personas con sólo un clima único aunque sea el mejor del mundo, con el sol asegurado y las playas que anhelan los europeos? ¿Cómo se comercializa ese clima, el sol, las playas y los paisajes que atraen a millones de visitantes? Por ahora con alojamientos para satisfacer la demanda (lo que trae consigo comercios, transportes, servicios…) y que actualmente atienden el más variado abanico de perfiles de usuarios. Este modelo de negocio que arrancó hace cincuenta años supone que el intermediario -el turoperador- es el que se lleva la mayor parte del negocio y puede imponer sus exigencias hasta el límite que marque la demanda de este destino por sus clientes, ya que si pudieran los llevarían a otros donde tienen mayores porcentajes de beneficio.

    Canarias no tiene otros recursos –aparte del turismo y su posición estratégica- que su riqueza biológica (cosa que al parecer no interesa a nuestros políticos por la poca consideración que tienen a las empresas de biotecnología), energía económica en la naturaleza (otro caso sangrante de desidia política en un territorio que podría no depender de recursos energéticos exteriores) y una agricultura que subsiste con ayudas públicas frente a la competencia de productos de las antípodas que resultan más baratos.

    Y ahí está el turismo.

    Canarias es una estación climática de salud y bienestar. Un espacio en el que se ocupa el litoral para disfrute de turistas y negocio de algunas empresas. Una industria que paga sus impuestos para que determinados representantes públicos (hasta hace poco designados según la isla o las siglas de procedencia y no por sus conocimientos sobre el turismo) gestionen millonadas en promoción de la marca que ellos consideran y en los mercados y foros que estiman oportunos, acudiendo a ferias en las que te encontrabas al concejal de turismo del pueblo más remoto para presentar un díptico de dudoso interés para turoperadores, agencias de viajes o profesionales. Este tipo de políticos ocasionales del turismo, como termómetro del éxito o fracaso de su gestión pública, nos ofrecen periódicamente cifras de entrada de turistas y, cuando pueden, la firma de algún convenio con turoperadores o nueva línea aérea que transporta usuarios para las camas y hamacas que se extienden por Canarias.

    Por otro lado, tenemos a los empresarios y profesionales, aunque los que importan son sólo un puñado que dirige sus inversiones según su actividad de procedencia, para los cuales trabaja un ejército de expertos con una cierta movilidad e inquietudes, pero por lo general implicados en la tarea de dar el servicio con la certeza de que el mercado puede en cualquier momento resquebrajarse por causas exógenas (fundamentalmente la guerra de precios como pasó en 2008/09), gracias al tiempo y dinero perdido durante décadas por unas administraciones (salvo honrosas excepciones) en las que los políticos se creyeron que Canarias tenía seguro de sol y no necesitaba de otra cosa.

    ¿Y hay sinergia entre ambas partes: políticos y empresarios? ¿Y entre éstas y la sociedad?

    A la vista de estatutos y organigramas de las entidades, patronatos y sociedades de promoción públicas, está claro que el papel, el protagonismo y la capacidad de decisión está en manos de los políticos que están al frente de estos órganos, con mayor o menor colaboración con la empresa privada o con entidades de ‘menor’ rango. Con situaciones tan sorprendentes como, por ejemplo, si uno o dos municipios representan el 95% de la ‘industria’ turística de la Isla, el organismo insular está por encima de éstos. O, en su caso, la comunidad autónoma con todas las suspicacias y recelos endémicos entre las distintas partes de esta realidad archipielágica.

    A todo esto, las contradicciones entre los usos del territorio (por ir a algunos de candente actualidad: litoral, palmeral, Roque Nublo…) o de los argumentos jurídico/políticos (ley de costas, sitio histórico, monumento natural…)  están sacudiendo los cimientos de una industria que se resiste a continuar los pasos del resto de sectores y hundirse en la quiebra de este sistema. De hecho, el turismo se ha convertido en el enemigo a batir, el culpable de la destrucción de nuestra calidad de vida y el asesino de Kennedy. Cosa sorprendente, ya que el turismo se supone que se retroalimenta de esa calidad ambiental que el visitante demanda para cumplir sus sueños vacacionales.

    Por eso, veamos qué papel tiene cada uno en la gestión del territorio y del paisaje.

    Cuando hablamos del territorio en Canarias tenemos que considerar el nivel de protección del espacio que se trate. Y es que, además de ser un territorio reducido, el 40% de su territorio está protegido, llegando al 58% en El Hierro. Esto en relación a la legislación de espacios naturales y Parques Nacionales. Habría que añadir el dominio público, las reservas de la biosfera, los patrimonios de la humanidad, los Bienes de Interés Cultural y demás situaciones que limitan el uso del territorio. Por ahora, salvo honrosas excepciones, la mayoría de los espacios protegidos posteriores a la Ley de Espacios Naturales de Canarias, son un fracaso de gestión para la supervivencia de sus pobladores. Eso sí, cada día sale a la palestra algún experto o supuesto profesional de gestión del medio natural con las consabidas consignas de aprovechamiento sostenible y demás tópicos.

    ¿Quién gestiona esos espacios protegidos o regulados? Si son los políticos, constatamos el fracaso de un urbanismo extensivo en las zonas inmediatas o no protegidas; o un ‘dejar pasar’ a los espacios turísticos hacia una madurez decrépita y deprimente. Todo ello adornado con obras mastodónticas (demasiado dinero para la necesidad real) como el aeropuerto de La Palma…

    Pero si son los funcionarios nos encontramos con otro dilema ¿quién se atreve a firmar una autorización para hacer una carretera por Ucanca para pasear turistas en guagua y con un restaurante en medio (como hizo César en Timanfaya)? ¿Y convertir en sala de baile con restaurante, auditorio y piscina un tubo volcánico con una especie de cangrejos ciegos única en el mundo (como hizo César en Los Jameos)?

    Así, con este panorama ¿hay alguna “actividad ecológica o sostenible” que frene el paro y evite la emigración de las zonas ‘naturales’? ¿Se tiene que empobrecer a los habitantes de las zonas protegidas para que hagan penitencia por la mala conciencia del vecino de las ciudades? Está claro que el sector turístico, la población de los espacios turísticos o naturales, la población de las ciudades, los políticos y los funcionarios… hablan idiomas distintos y ponen en riesgo el presente y futuro de nuestra principal industria.

    Y muchos dirán ¿existe un Néstor Martín, un Néstor Álamo, un Fray Lesco, un César Manrique, Jesús Soto, Pepe Dámaso…? Y de existir ¿quién lo elige o decide que sea quien lleve a cabo la necesaria re-creación del destino/s turístico/s de la isla y del archipiélago? ¿Son capaces los políticos o los empresarios de Gran Canaria de elegir un ideólogo del turismo para liderar la diversificación y potenciación de nuestra industria?

    En definitiva ¿quién defiende el turismo? ¿Quién puede relanzar esta industria y lograr que sea más rentable con menos presión humana? (algo en lo que coinciden todos en la opinión, aunque luego no lo trasladen a los hechos). Para ello son precisos nuevos productos, recursos y temáticas, de las que algunas he adelantado en estos artículos o pueden encontrarse en interesantes trabajos y propuestas de otros autores. Sería cuestión de analizar y debatir con honestidad y sin oportunismo político o con obcecación administrativista esos objetivos, pero no. Volverán a contratar a consultores foráneos por un pastón para que nos vengan a decir cuáles han de ser nuestras estrategias como marca diferenciada y potente desde el desconocimiento del foráneo. Muchos, sin embargo, esperamos que un día se dignen a escuchar nuestras ideas (aprovechando nuestra experiencia y capacidad de creación) y dejen a un lado la rutina estadística.

    “Mi propia experiencia me ha hecho comprobar lo fácil que es cuando existe cooperación y espíritu comprensivo, salvar airosamente lo que irremisiblemente parecía perdido”.
    César Manrique (I Asamblea Provincial de Municipios Turísticos)

     

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