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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 04
    Noviembre
    2012

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    Repensar el solar de la Catedral

    Pocas ciudades en el mundo tienen junto a su principal monumento –en este caso un templo católico- un espacio sin construir, o mejor dicho, un edificio que quedó en los sillares de lo que sería un claustro. Con el tiempo, y a pesar de la perseverancia de algunos, en particular el arquitecto Salvador Fábregas, la parcela sigue mostrando la desnudez de sus proyectos apenas iniciados. Una herida urbana y arquitectónica en la zona más visitada de la ciudad y pendiente de un esclarecedor impulso con un proyecto que tenga que ver con su ubicación, sus propietarios y sus posibilidades. En defintiva, una gran oportunidad.

    Decía Domingo Doreste (Fray Lesco) el 29 de noviembre de 1917 (hace sólo 95 años) que “La Catedral es el único monumento que poseemos y representa además el esfuerzo secular de las generaciones que nos antecedieron, y que nos lo han legado para que le demos cima. Lo menos que se puede pedir de nosotros es que pasemos nuestra vida histórica conservándolo con el mayor respeto y dejándolo tal cual está para que otras generaciones, si tienen aliento, lo perfeccionen y terminen.

    La Catedral de Las Palmas, como todas las del mundo, es un monumento de larga evolución, pero de evolución artística, entiéndase bien, que repugna transformaciones y reformas de otro orden que no sea el artístico. Quiero decir con esto que la Catedral no se ha ejecutado con arreglo a un plano primitivo, que quizá nunca existió, sino que se ha ido continuando merced a proyectos parciales que forman otras tantas épocas de su historia”.

    Respecto a la solución propuesta por el ilustre grancanario para cubrir el solar –que se barajó en varias ocasiones hasta nuestros días- señala que  “Sería discutible si el solar destinado de antiguo a parroquia pudiera convertirse en un claustro, por ejemplo, o en un provisorio jardín, si se quiere. Esto no altera la esencia del proyecto; pero lo que es irreverente hasta el escándalo es que quiera convertirse en una casa particular”, motivo por el que Doreste realiza algunas intervenciones en la prensa local contra el intento de convertir este enclave en una vivienda adosada, ‘la casa de los canónigos’.

    También se hizo eco en sus artículos de las ideas que Néstor Martín Fernández de la Torre había realizado con este motivo, al opinar que “aquel solar debe convertirse en un claustro, adyacencia obligada, como todos sabemos, de toda catedral española. Fue el proyecto del inolvidable Padre Cueto y tal vez lo hubiera realizado si su vida hubiese sido más larga. Las dependencias de este claustro servirían de albergue a un museo diocesano y ésta es la originalidad de la idea de Néstor. Esto supone, como es consiguiente, la conservación de lo construido y su terminación, bien con arreglo al plano primitivo, bien reformándolo discretamente”.

    Para Doreste, su generación pudo finalizar los muros e instalar el museo, invitando a que “Las sucesivas puedan acometer la obra de un claustro monumental. Así se hacen las catedrales. Mientras tanto el solar vacío puede convertirse provisionalmente en un lindo jardín interior”.

    Incluso se adelanta a lo que hoy, precisamente, es el Museo Diocesano, en el edificio del patio de los naranjos. Fray Lesco señala que “El patio de los naranjos de nuestra Catedral es, en suma, un simpático acoplamiento de dos cosas dispares: de un patio monumental y de un patio canario. Mitad por mitad, en él se funden las puertas más características de la Catedral y los anchos y luminosos corredores de tea de las casas de antaño…”

    Pues sí, la historia ha dado vueltas y aquella propuesta de museo diocesano ya tiene su ubicación en este patio de los naranjos, así como la torre sur (sin campana ni reloj) cuenta ahora con ascensor para facilitar las miradas turísticas sobre la ciudad antigua. Pero queda pendiente el solar. Un espacio en el que habría que hacer un esfuerzo común, consensuado, pero no para elevar más muros sobre el territorio, sino para dar un paso adelante en esa evolución artística planteada por Fray Lesco y Néstor. Un espacio para una sociedad nueva, con ideas avanzadas que anticipaba el propio intelectual y periodista al adelantarse al ecumenismo del Concilio II. De ahí que sugiera la posibilidad de varias iniciativas que serían mucho más económicas y rentables que alzar muros cuasimedievales.

    • De un lado, se necesitan espacios transparentes, de tránsito de visitantes, incluido el suelo para poder ver los elementos del trazado inicial del Real de las Tres Palmas, la antigua ciudad donde se levantó esta Catedral.
    • El espacio intermedio serviría de museo ecuménico, un espacio para el encuentro entre las diferentes confesiones cristianas. Incluso podría llegar más lejos y ser un centro de interpretación de las religiones y creencias del mundo. No olvidemos que en el sur de Gran Canaria existe uno de los templos pioneros del ecumenismo en Europa. y ha tenido y tiene un impacto indudable, gracias a la iniciativa de la familia condal y al proyecto de Manuel de la Peña.
    • Y, por último, estamos hablando de un edificio o espacio ecológico, un ejemplo de sostenibilidad.

    Por el espacio con que cuenta este solar, creo, hay espacio para biblioteca, salón de actos y cafetería. Pero, claro está, habría que mirarlo con otros ojos, tanto desde la mirada de sus propietarios (la iglesia) como las visiones de la ciudadanía. Un reto, a la vista de que vivimos en el siglo XXI y este espacio lleva siglos a la espera de resolver su culminación.

     

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