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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 21
    Abril
    2013

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    Teleférico de Tejeda. El sueño del promotor

    Hace unos días manifesté en este espacio mis dudas ante la rentabilidad de un proyecto de teleférico desde Tejeda a un lateral de la base del Roque Nublo. Un argumento que, de no ser fundamentado, haría inviable la inversión y el proyecto, sobre todo por desarrollarse en una zona que es particularmente sensible para todos los grancanarios y, especialmente, para los habitantes de Tejeda. Apenas dos días después de la publicación del artículo en el blog, el promotor de la iniciativa, Rafael Cabrera se ponía en contacto conmigo para facilitarme la información del proyecto y responder cualquier duda que pudiera plantearle. Gracias a esa entrevista, pude conocer durante varias horas, el Plan de Negocio y a la persona que lo impulsa.

    El Plan ha sido elaborado por su hija y fue presentado como proyecto de fin de carrera en la Escuela de Negocios Esade. La instalación consta de dos estaciones: una en Tejeda, con servicio de restauración, centro de visitantes y otras dependencias para la venta de merchandising. El proyecto arquitectónico muestra un edificio realizado con piedras y maderas, con un diseño integrado con el paisaje del entorno (muros en piedra y grandes cristales que permiten tienen en el paisaje su gran atractivo). En el trayecto previsto, ya en el entorno de la plataforma del Nublo, en una zona de tierra caliza donde no crece vegetación, se levantan dos torres que soportan por el lado de Tejeda la caída del tendido hasta la estación principal y por el lado contrario conecta con la estación de acceso de visitantes al camino que conduce a las inmediaciones del roque.

    El tendido, de unos 5 kilómetros, lo constituyen cables de 5 centímetros de ancho cuya percepción es inapreciable desde un kilómetro y nula a los 1500 metros de distancia. Estos cables dan soporte a dos cabinas con capacidad para sesenta pasajeros que tardan ocho minutos en realizar el recorrido desde un extremo al otro.

    La inversión prevista será privada y supondrá unos 15 millones de euros, según se ha publicado. En el estudio realizado, se estima que bastan 150 pasajeros a diario para que se cubran los costes, si bien se estima en una media de 1000 usuarios al día (en una jornada de ocho horas, para evitar doble turno y porque no se precisa que funcione durante más tiempo). Dicha cantidad de usuarios supondría un beneficio anual para la empresa que promueve el teleférico. Con ello, la amortización de la inversión podría ser muy rápida, pero además –como le gusta decir a Rafael Cabrera- “sería el catalizador”, el revulsivo para “poner fin a la agonía de Tejeda y para reactivar la economía del interior de Gran Canaria” donde se ha realizado inversiones y gastos (programas europeos incluidos) de millones de pesetas y euros que no han frenado la decadencia de la zona. De hecho, considera que no sólo daría vida a los comercios locales de restauración y tiendas de productos locales, sino que sería un importante impulso a los museos y centros de interpretación de la zona que son infrautilizados o, tristemente, abandonados a su suerte a pesar de los millones invertidos en ellos.

    Para el promotor, esta infraestructura tiene un impacto mínimo sobre el territorio y el paisaje, y aprovecha para reiterar su rechazo absoluto al impacto paisajístico de la obra de reparación de la carretera que une Tejeda con Ayacata, derrumbada hace unos años por las lluvias y de la que queda la huella de unos taludes de cientos de metros que forman una herida en la montaña visible desde cualquier punto de la caldera. Asimismo, recuerda que por toda esta zona se suceden los postes y torreones de electricidad y telefonía (en especial en el Pico de las Nieves), con el impacto real y generalizado de esas instalaciones omnipresentes en el territorio insular.

    En el caso del teleférico, aclara, es una idea que ha acariciado toda su vida, si bien es ahora en el momento de su jubilación cuando ha decidido volcar sobre el proyecto toda su experiencia en las numerosas estaciones de esquí y lugares con teleférico (se calcula que en el mundo puede haber más de diez mil, con casos como el cantón de Uri, en Suiza, de menor superficie que Gran Canaria y cuenta con unas cuarenta instalaciones). La práctica totalidad de los teleféricos en el mundo se encuentran en espacios protegidos o en los más importantes enclaves paisajísticos y ninguno ha dejado de funcionar. El caso más próximo, el Teide (Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad), el tendido cuenta con cuatro torres, tres de 50 metros de alto y una de 25, mientras en el Nublo se contaría con dos en la Foguera y ladera blanca, con un tamaño que no supera los 35 metros de altura. Un proyecto que le obsesiona desde hace años porque está convencido que esta iniciativa impulsaría la actividad de Tejeda y también de la isla, al potenciar el conocimiento de su paisaje interior.

    Como esquiador y experto en golf, Rafael Cabrera ha visitado y utilizado los mejores y más famosos establecimientos para practicar el esquí y el golf. Como tejedense, quiere vivir con el Roque Nublo como referente del paisaje que a lo largo de generaciones ha disfrutado su familia. Pero además, tiene una vocación frustrada, la geología y en especial la historia volcánica de Canarias con uno de sus más destacados fenómenos: la caldera de Tejeda y su proceso de hundimiento y taponamiento que le dieron su forma inicial y espectacular, como caso muy particular del vulcanismo en el mundo. Durante largo rato va explicando sus opiniones sobre este enclave y cómo cautiva a todo el que lo conoce, entre los que figuran muchos amigos suyos y de su familia, llegados de todo el mundo y conocedores de los lugares más atractivos del planeta, pero que quedan sorprendidos al conocer el paisaje tejedense. Un anfitrión que contagia a todos los que le escuchan con su pasión por el origen e historia del lugar, el mismo donde quiere construir un teleférico en un entorno del que quiere mantener y resaltar su valor paisajístico con un recurso que facilitaría su disfrute desde perspectivas hasta ahora no posibles y que provocan la decadencia y el desánimo en la zona.

    Seguimos hablando de volcanes, de los distintos métodos de análisis para datar la historia de la isla. También explica cada tipo de volcán con su nombre científico y reitera que Gran Canaria es el lugar del mundo donde se encuentran más variedades de volcanes  en un pequeño territorio. Un recurso que no mostramos adecuadamente a los turistas para promocionar la isla.

    Reconoce que no ha sabido comunicar la idea a los grancanarios, aunque ha usado los medios a su alcance y que su tiempo le ha permitido (no existe web promocional). Ha charlado con todos los tejedenses, con su entorno de amistades y con los medios de comunicación que ha podido, sin contar con un presupuesto para una campaña divulgativa. Pero a pesar de su esfuerzo, entusiasmo y sinceridad, ha sufrido los comentarios peyorativos hacia su proyecto y su persona como especulador insensible, así como le molestan las composiciones fotográficas que no tienen que ver con su proyecto porque siente el mismo rechazo ante las aberraciones con las que han querido presentar su proyecto. De hecho, considera que el argumentario de diversos opositores tiene muchos lugares comunes y propuestas que son inviables, como lo han venido siendo durante décadas de imparable descenso de la actividad económica en Tejeda y su entorno. Pero eso no resta a su pasión y sentimiento por la isla y por Tejeda, ni reduce su determinación por el posible éxito del proyecto en el que tiene una importancia fundamental su amor al paisaje y a sus raíces.

    La población de Tejeda está estancada desde hace décadas y en 2012 se situaba en 2119 personas, doscientos menos que hace 30 años y con un perfil que presenta una pirámide poblacional con un acentuado envejecimiento y con predominio de los varones frente a las hembras (145 más). Con dramáticas cifras de paro en un municipio donde no hay ni quince empleos por cuenta ajena que no sean con alguna administración pública.

    Cabrera se pregunta “¿No permitir el teleférico solucionaría los problemas de la cumbre? ¿Su rechazo evita un impacto ambiental de proporciones inasumibles? ¿Se perdería una oportunidad real de atraer turismo al interior de la isla? ¿Hay alguna otra persona dispuesta a invertir en el centro de Gran Canaria? ¿Por qué se rechaza una infraestructura que no costará dinero y cuyo trámite supondrá la mayor recaudación por licencia de obra de la historia de Tejeda? ¿El tránsito de mil personas y 20 guaguas a lo largo del día afecta a la zona o al Nublo?

    Rafael Cabrera imagina el teleférico y su entorno como un gran parque temático natural en el que el paisaje, los recursos existentes (museos, restaurantes, centros de interpretación, productos de la comarca, tradiciones…) se potenciarán al máximo con un equipamiento que facilita la conexión física con el acceso a la base del Roque Nublo y, a la vez, es una atracción en sí misma por la espectacularidad del trazado. Por el contrario, se lamenta que haya una parte de opositores a su proyecto que realiza montajes fotográficos irreales, mezclados con falsas actuaciones y con parodias a su promotor (incluso caracterizado como Hitler en la secuencia más delirante de la película ‘El hundimiento’). Cuestiones que dificultan un debate sosegado sobre el verdadero impacto social, ambiental y económico del proyecto.

    No se puede mantener una conversación con un tejedense sin recordar que hace cincuenta años no había un solo pino en Las Mesas, el Nublo o el entorno. Una deforestación provocada por la necesidad, tanto para obtener la pez para calafatear los barcos en el puerto, como para la construcción de viviendas y otras industrias de la madera. Esa ausencia de pinar facilitó la expansión de una especie foránea, el almendro, gracias a los cuales se evitó algo de erosión y ha creado una estampa única por el contraste de los escarpes pintados con paletas en flor. Sin embargo, la labor de repoblación iniciada hace medio siglo (Matías Vega, Ervigio y Federico Díaz bertrana, Nogales, Jaime O'Shanahan, Manuel Díaz Cruz…) ha transformado el paisaje desértico por un bosque de pinos.

    Volvemos a las cifras y datos. El teleférico movilizaría –según sus cálculos- un máximo de una guagua cada media hora para realizar el viaje de ocho minutos que le permitiría sobrevolar el cauce del barranco y disfrutar de otras perspectivas de la caldera con esa sensación de vértigo sobre el abismo característica de los teleféricos, pero con la diferencia de que no se puede comparar las estaciones y equipamiento con las instalaciones de teleféricos de hace un siglo hasta nuestros días, con edificios amazacotados y ostentosos, pero que ni han sido retirados ni transformados… Por el contrario, Cabrera considera que su concepto de teleférico se adapta a las demandas sociales del momento y el lugar, así como aplica las mejoras tecnológicas que se han producido para este tipo de infraestructuras. De hecho, considera un contrasentido no cuidar al máximo el entorno que hace posible la rentabilidad social y económica del proyecto.

    Rafael Cabrera insiste que todo el territorio está protegido, por lo que el beneficio económico que se produzca repercutirá en un mayor cuidado del paisaje natural y cultural de Tejeda como recurso turístico del gran parque temático natural de Gran Canaria, y también será un beneficio pedagógico porque los isleños y extranjeros disfrutarán de un uso sostenible de los espacios protegidos en un destino turístico que atrae más de tres millones de turistas al año y que no ha logrado hasta el momento un trasvase de rentas al interior de la isla que permita su supervivencia.

     

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