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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 11
    Diciembre
    2012

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    Terrorismo vs. turismo

    La muerte de Antonio Cubillo (1930-2012) nos permite abordar las implicaciones de la actividad terrorista sobre el sector turístico en Canarias. Como máximo dirigente del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (Mpaiac) promovió acciónes de 'lucha armada' contra la situación colonial de las Islas Canarias, amparado por el gobierno argelino que le promocionó en organismos e instituciones internacionales como representante de un movimiento de liberación africano (la Organización por la Unidad Africana llegó a reconocer Canarias como un residuo del colonialismo europeo) y consiguió aglutinar en torno a la emisora que dispuso en Argel (La voz de Canarias Libre), a grupos de independentistas, nacionalistas o separatistas como el Frente de Liberación Nacional (muy influenciado por las teorías de Franz Fanon.

    Desde las ondas de la emisora animaba a sus seguidores a combatir la situación colonial con la creación de unas denominadas Fuerzas Armadas Guanches, cuyo objetivo era la desestabilización política y económica del Archipiélago en uno de los momentos de mayor crecimiento turístico de Canarias donde se vivía un neocolonialismo nórdico gracias a las políticas liberalizadoras de inversión extranjera promovidas por Manuel Fraga y amparadas en normas fiscales como la Ley Strauss alemana para invertir en paises subdesarrollados, precisamente en aquellos territorios de mayor calidad ambiental y potencial turístico como eran las Islas Canarias.

    El primer artefacto explosivo del Mpaiac estalló en el exterior del edificio del centro comercial Galerías Preciados de la calle Mesa y López, en Las Palmas de Gran Canaria, el 1 de noviembre de 1976. La acitividad terrorista duró dieciocho meses, hasta el atentado contra su líder, Antonio Cubillo, en Argel en abril de 1978, por encargo de los servicios de inteligencia españoles.

    Eran los momentos más difíciles de inestabilidad política en Canarias, con varios fallecidos por una represión desmedida (la muerte del estudiante Javier Quesada sigue siendo un asesinato sin solución judicial) de la transición política española, el abandono del Sahara -lo que sembró dudas sobre qué haría España si Marruecos planteaba sus exigencias sobre el Archipiélago- y los momentos de mayor actividad de organizaciones como los vascos de ETA o los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (Grapo). A diferencia de lo que se vivía en la Península, el Mpaiac utilizaba bombas de fabricación casera y algunos kilos de goma dos en cada acto terrorista.

    Según relata Antonio González en La Provincia el Mpaiac llegó a colocar unos sesenta artefactos, de los que sólo explotaron 28. También hubo "robos, pequeños atracos y el intento siempre fallido del cobro del impuesto revolucionario a empresas en las Islas".

    El Mpaiac nunca tuvo una militancia relevante en número y preparación terrorista, ni tampoco tuvo respaldo en las urnas: un muerto y casi una decena de heridos, algunos de ellos de consideración. Así como  la responsabilidad indirecta en el dramático accidente aéreo de Los Rodeos en 1977, considerado el peor de la historia de la aviación, con 583 muertos. Una amenaza de bomba en Gando, cuya finalidad era 'despistar' a la Policía para facilitar la huída de Ángel Cabrera 'El Rubio' (a quien se acusó del secuestro del empresario Eufemiano Fuentes), desató la tragedia.

    También hubo un intento de secuestro de un barco, y se provocó "un gran incendio en el hotel Beverly Park, en Gran Canaria. No hubo heridos, pero se marcó como línea estratégica de la violencia de este grupo el sabotaje al turismo. Semanas después explotan otros siete artefactos en Las Palmas de Gran Canaria, esta vez en las agencias de viajes Fernando Poo, South África, en las oficinas de Iberia en la Avenida Marítima y en los antiguos Almacenes Simago, junto a la calle Triana", recuerda Antonio González.

    Asimismo, colocaron explosivos en "las oficinas de Información y Turismo del Puerto de la Cruz, el hotel Valle Mar del Puerto de la Cruz, en la residencia de verano del Capitán General de Canarias, en La Laguna, en la Mutualidad Laboral y en Galerías Preciados de Santa Cruz de Tenerife, en el hotel Botánico del Puerto de la Cruz, donde una turista británica resultó herida, y en el Banco Central, en La Laguna, cuyo inmueble fue destrozado. En Madrid también actuaría el Mpaiac, colocando bombas en el exterior de Galerías Preciados, del Ministerio de Asuntos Exteriores y en la estatua de Isabel la Católica, en la Plaza de España".

    La única víctima mortal, directa, se produjo en febrero de 1978, "el artificiero Rafael Valdenebro Sotelo, de 27 años, muere días después de que le estallara una bomba que intentaba desactivar en el entonces Banco de Vizcaya, en La Laguna".

    El accidente de Los Rodeos tuvo varias consecuencias: se aceleraron los trabajos para iniciar la construcción del aeropuerto del sur de Tenerife (como se había aconsejado en la Real Orden de 8 de abril de 1930), y se dio la estocada al incipiente turismo norteamericano que había comenzado a llegar a las Islas. La prensa europea ya se había hecho eco de las actividades del Mpaiac, tanto en los periódicos españoles como en los de los países escandinavos, dando el apodo de 'espantaturistas' al dirigente independentista.

    Elecciones democráticas (junio de 1977) y conflictividad laboral (primera huelga en el sector hostelero en diciembre de 1978, coincidieron con la segunda gran crisis turística en Canarias. La creación del Patronato Provincial de Turismo, con una importante labor de promoción (hasta entonces limitada al esfuerzo voluntarista de empresarios y organizaciones como el Centro de Iniciativas y Turismo) intentaron ser el contrapeso a una situación en la que también tenía un enorme peso los excesos de construcción ante una demanda que parecía no tener límites.

     

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