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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 19
    Noviembre
    2012

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    Timba, hospicio y posada

    En 1912, hace exactamente cien años, Miguel de Unamuno recibió  una carta de su amigo canarión Domingo Doreste ‘Fray Lesco’ en la que adelanta al rector salmantino la noticia de que “parece que se trata de fundar en La Laguna una escuela de Derecho. Tendremos peste de abogados, pero quizá no venga mal a la postre un proletariado de levita”. Y es que en este país nunca está de más tener titulados de cualquier materia que nunca podrá absorber nuestro mercado laboral. Tampoco viene mal levantar auditorios en cada ciudad, universidades, estadios olímpicos y aeropuertos que no se usan, palacios municipales, diputacionales, estatales y autonómicos, ferrocarriles AVE con estaciones fantasma… Todo eso, claro está, con dinero público.

    Pero bueno, lo que me interesa es la respuesta premonitoria o certera que remite Unamuno a su amigo grancanario y en la que acierta sobre nuestro ‘modelo turístico’: “contra todas las vergüenzas de este pueblo, parte timba, parte hospicio y parte posada…” Y camino de ello vamos, o hemos continuado desde hace un siglo. A nadie se le escapa que durante décadas hemos malvendido el territorio para convertirnos en espacio estacional de disfrute de ciudadanos del norte de Europa cuyos problemas de asma, de piel o de depresión se curaban gracias al sol, el yodo, el paisaje y, en definitiva, poder salir a la calle a disfrutar de la playa o de un luminoso momento. Ellos tenían industria y dinero, pero nosotros un país atrasado y en la miseria gracias a nuestra eterna pugna cainita e irreconciliable.

    Y ahora estamos en el momento en el que vamos a demostrar hasta qué punto España quiere continuar por la senda del atraso sin tomar las riendas de su destino. Y ese es el camino que nuestros gobernantes, esos que llegan a la política por no se sabe qué méritos para gobernar –con nuestro democrático consentimiento, claro- y se saltan las normas que nos obligan a todos en aras de una supuesta inversión que encandila por las supuestas cifras y por el supuesto éxito de una marca tan reputada como Las Vegas, aunque en este caso se trate de Europa. Ojo que todo no es tan malo: el proyecto incluye el doble de teatros o auditorios que de casinos, pero no voy a entrar en el debate sobre este proyecto porque es bastante complejo para un solo folio.

    Y me explico. Nuestro modelo de turismo no ha superado ese triángulo unamuniano: esa timba de tahúres, con todo tipo de juegos –a los que ahora se quiere añadir eurovegas-. Hospicios porque nuestro turismo –en la península, que no en Canarias- tiene sus orígenes precisamente en albergar peregrinos y pobres, manteniendo una constante mística y religiosa en torno a todo lo que se movía en el sector turístico durante décadas, hasta que Fraga intentó cambiar el rumbo confesional del Ministerio de Turismo que dirigiera su antecesor, Gabriel Arias Salgado. Y por último, la posada, esos fogones en los que se preparan los mejores platos y la gastronomía más notable y variada del mundo.

    ¿Quiero decir que todo esto es malo? Pues si y no… Si fuéramos más consecuentes, haríamos de estos recursos fortalezas: los mejores alojamientos, las rutas más variadas, los juegos más sorprendentes (que no tienen que ser sólo apuestas) y la gastronomía más deliciosa. Todo ello sin perseguir la creatividad para nuevos productos, como los que crearan Néstor Martín Fernández de la Torre o César Manrique... Lástima que sólo nos apliquemos en la parte negativa de la sentencia unamuniana y no procuremos consolidar y aumentar el valor de nuestros recursos turísticos,

     

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