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Blog Turistiando - Míchel Jorge Millares

Míchel Jorge Millares

Periodista. Ejercí en La Provincia durante 18 años. Autor de varias guías turísticas de Gran Canaria y colaborador en diversas publicaciones relacionadas con la actividad turística.

Sobre este blog de Economía

Meditaciones, experiencias y sensaciones de un turista ocasional.


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  • 01
    Mayo
    2014

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    Un fielato en Maspalomas para el siglo XXI

     “El turismo es una riqueza invisible que se desparrama en cuantía fabulosa, no alcanzada por ninguna otra fuente de riqueza”.
    (Néstor Martín-Fernández de la Torre. 18 de abril de 1936)

    “El gasto turístico sube un 14,2% en Canarias, con 1303 millones, en marzo”. Dicho así en los titulares de prensa de estos días, podríamos creer que municipios como San Bartolomé de Tirajana sería Neverland (la mansión de Michael Jackson) o Xanadú (el soñado palacio de la película del magnate de los medios 'Ciudadano Kane'), o una especie de Abu Dhabi sin los petrodólares (no va con segundas esto del petróleo, que es una discusión de sordos). Pero no es así. Más bien, el municipio turístico por excelencia de España apenas recibe ingresos por la distribución, comercialización y venta de productos en su territorio. Y es que la gran mayoría (si no la totalidad) de las empresas que operan en la zona turística están domiciliadas fiscalmente fuera de este municipio por lo que no pagan impuestos al consistorio sureño. Y, encima, contribuyen muy poco o nada a las actividades que se realizan en la zona turística para mantener y mejorar el destino turístico en un nivel de competitividad adecuado a la competencia existente. Lo mismo podemos decir de Mogán y de la mayoría de los municipios turísticos de las Islas Canarias.

    Esta falta de recursos y apoyo (o incluso, boicot) no es nueva para Maspalomas. Cuando la familia condal puso en marcha su iniciativa tras el Concurso Internacional de Ideas Maspalomas Costa Canaria (sufragado por esta familia), tuvieron que hacer frente a todo lo necesario para crear una ciudad turística: la obtención, distribución, saneamiento y reutilización del agua; la producción y distribución de energía eléctrica; la urbanización; los viveros; la asistencia sanitaria; la construcción de oferta complementaria (La Rotonda, El Abanico, el Templo Ecuménico, Sioux City, el Aeroclub, el campo de golf...). Todo ello contra viento y marea. Incluso cedieron terrenos para guarderías, viviendas sociales, iglesias, la NASA, la Guardia Civil...

    ¿Y qué nos encontramos en el día a día de esta zona que atrae gasto e inversión de millones de turistas?: Numerosos camiones y guaguas distribuyendo bebidas, comida, muebles, material de construcción, trabajadores, turistas... Camiones y más camiones que contaminan con humo y ruido, que ocupan el viario público, que deterioran y gastan el asfaltado, que provocan atascos y colas. En definitiva, una pesadilla para el Ayuntamiento sureño y una absoluta falta de colaboración de las empresas que tienen en el sur su gran tienda con el citado municipio para mantener la actividad económica y los empleos que (más directa que indirectamente) soporta el turismo. Muchos pensamos (o hemos pensado) que las demandas de los municipios turísticos (o 'ricos' como otros lo califican) no tenían fundamento. ¡Cuán equivocados estábamos!

    Pero no sólo las empresas piratean al turismo. También nos encontramos con unas instituciones que tienen su mirada en otros ámbitos territoriales y puede que me equivoque, pero los votos de los municipios turísticos no son tantos como los del resto. A todo ello, hay más culpables de esta ignominia: los empresarios están desunidos y no forman un colectivo que apueste por apoyar iniciativas ni por exigir a las instituciones políticas coherentes y necesarias para mejorar la competitividad (esta palabreja les sonará, pero no confundan competitividad con reformas y mejoras puntuales, que es lo único que se ha visto poner en marcha).

    Algún día, esperemos que no sea muy tarde, alguien se dará cuenta que detrás de esainsolidaridad empresarial y de esa incapacidad política, está nuestra supervivencia. Un presente y futuro económico que precisa de ideas, voluntad política, cohesión y dinero. Un dinero que se le niega a las zonas turísticas hasta que se agote el modelo agonizante o volvamos al antiguo fielato (aduana local) para cobrar a todos los vehículos comerciales e industriales que entren en la zona turística y poder acometer la modernización y competitividad de verdad, no para la galería...

     

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