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CRÓNICA 

LA POLÍTICA ES MUY COMPLICADA

El presidente es un gran jugador de envite. No supone un gran esfuerzo intelectual. La victoria se logra engañando al oponente.

 19:43  
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Rivero charla con Antonio Plasencia, empresario constructor (derecha), en un acto en Tenerife.
Rivero charla con Antonio Plasencia, empresario constructor (derecha), en un acto en Tenerife.  LA PROVINCIA/DLP


Blog El anillo de Moebius - Francisco Pomares
[23/05/2009] BLOG EL ANILLO DE MOEBIUS
Principios del paulinato: 1. La política es muy complicada

Paulino Rivero es un excelente jugador de envite. Él mismo ha reconocido que es su principal entretenimiento. No supone un gran esfuerzo intelectual -aunque no es un juego para tontos, requiere cierta dosis de malicia-, ni es necesario tener una especial empatía con el mundo más allá de la mesa de juego, y además la victoria se logra retando y engañando al adversario.

Rivero se despachó en '59 segundos' con el desparpajo cínico y la chulería pícara de un avezado jugador de envite. Posiblemente, las habilidades de ese juego de naipes -heredero del medieval rentoy- le han sido extraordinariamente útiles a Rivero en su carrera política.

El envite es un ejercicio de estrategia, frialdad y astucia que requiere un alto grado de complicidad entre los miembros del equipo, tanto que siempre que se puede se acaba jugando con el mismo grupo. Y además, para practicarlo sólo hace falta aprenderse unas reglas básicas muy sencillas y un código de señales bastante reducido.

Rivero se presentó ligero de equipaje -como suele- en el plató de '59 segundos', perfectamente blindado tras su propio código de señales. No contestó a ni una sola de las preguntas que se le hicieron, y se limitó a reiterar insistentemente sus envidos: seis o siete frases absolutamente inconsistentes y que no significan nada -en realidad esconden perfectas mentiras-, pero que él repite hasta la saciedad, convirtiéndolas en una suerte de propuesta programática para crédulos alumnos de parvulario: su Gobierno trabaja muy unido sin importarle lo que ocurre fuera o lo que digan los demás; él como presidente no pierde el tiempo, se ocupa sólo de lo que preocupa a la gente corriente (taxistas, fontaneros y campesinos que sólo piensan en conservar su trabajo); nunca ha recibido presiones de nadie, ni por supuesto las aceptaría; lo importante es hacer pedagogía para convencer a la sociedad de que el trabajo debe ser para las personas y las empresas de aquí; respeta la libertad de expresión de todos los medios de comunicación por igual; cree que unos medios públicos fuertes sirven para unir a Canarias; como es maestro y sabe de lo que habla, defiende que lo más importante es la Educación; le preocupa el futuro del territorio: "más talento, menos cemento"; tiende la mano al adversario en busca de acuerdos y consensos, y -lo mejor de todo- nadie puede discutirle que es un trabajador infatigable y un hombre íntegro. Esa es -piensa Rivero- la nueva verdad teologal de la política canaria: que él se lo curra.

Pero lo cierto es que el Gobierno de Rivero es el peor de la historia, un reino de taifas, en el que no hay ni debate de ideas ni propuestas. Rivero sorprende al personal en los Consejos con ocurrencias tan peregrinas como la de despachar alimentos caducados y nadie le rechista. El único que podría hacerlo -Soria- anda muy ocupado resolviendo sus propios problemas. En cuanto a las preocupaciones de la gente corriente -esos taxistas, fontaneros y campesinos en los que tanto piensa a la hora de gobernar- lo cierto es que a ellos -como a casi todos- les preocupa el paro, pero también, y mucho, la deshonestidad de los políticos, la ineficacia y desfachatez con que se gasta el dinero de los impuestos, y la percepción de que este Gobierno no trabaja para las personas sino para mantenerse y favorecer a quienes tienen más dinero.

De las presiones que Rivero no recibe, podría escribirse un listado: hablar de Granadilla, de la Ley de Medidas Urgentes, de las privatizaciones encubiertas durante este año y medio o de los editores de cámara. Sería muy largo. Sobre la libertad de expresión, es verdad que Rivero defiende la de los medios a los que teme -el independentista antigrancanario Pepe Rodríguez- o la de aquellos que le sirven, y a los que recompensa con prodigalidad y munificencia, pero también es verdad que su principal obsesión desde que ocupa la Presidencia ha sido silenciar los medios críticos. Su televisión no une a los canarios. Los enfrenta: juega a romper, porque eso debería levantar la audiencia, aunque luego no ocurre.

Educación está en guerra con él, los colegios desmotivados, las Universidades sin ideas, la Formación Profesional a punto de cerrar y los alumnos de Canarias encabezan las listas de fracaso escolar de toda Europa. En cuanto al eslogan sobre el cemento, la foto que ilustra este comentario es claro: Rivero bromea con Antonio Plasencia -sí, ése Antonio Plasencia- en la inauguración hace dos días de su nueva cementera, de la que saldrá el cemento para Granadilla, para urbanizar Las Teresitas y para los nuevos hoteles de la Ley de Medidas Urgentes. Y esa mano supuestamente tendida a la oposición, esa declaración del consenso en 'moderato cantabile', se traduce en lo real en el bloqueo total de la vida política en las Islas, en una continuada bronca parlamentaria y en el más absoluto desprecio a la cortesía entre partidos e instituciones, verdadera seña de identidad y marchamo de esta desgracia para Canarias que está siendo el paulinato. Y para acabar con las frases hechas: ¿es Paulino un trabajador infatigable? Pudiera ser. Pero mejor le iría a esta región si Rivero se estresara menos.

¿Cree Rivero en las cosas que dice? Yo creo que no. Ni siquiera le preocupa que le crean los demás, le basta con ganar la partida, a ser posible machacando al adversario. Ese es el juego que le apasiona. Hacer señas a unos y engañar con las mismas señas a los otros. Al final su visión del mundo es muy pedestre. Se contiene en las dos respuestas con las que intentó sortear algunas de las preguntas más comprometidas que le hicieron el martes en '59 segundos'.

Una fue cuando nos hizo partícipes de lo que para él es Canarias: "Canarias no es sólo Tenerife y Gran Canaria", dijo con un tono de gran misterio, "es también La Graciosa, Lanzarote, La Palma, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro". Fue una revelación. Pura magia. Me sentí trasladado a mi ya lejana infancia.

La otra parte de su visión del mundo la reveló a los atónitos telespectadores cuando no supo o no quiso explicar por qué Ana Oramas se entiende en el Congreso de los Diputados con el PSOE, y aquí en Canarias ni se dan los buenos días: "la política es muy complicada", sentenció. Es tan complicada que la gente normal para la que él trabaja incansable no va nunca a entenderla…

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