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HEMEROTECA » |
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FRANCISCO POMARES
- ¿Han pasado tres meses desde que fue sometido a un trasplante de médula. ¿Cómo se encuentra usted?
- Ahora con ilusión. La semana pasada me hicieron las últimas pruebas para ver cómo estaba el linfoma y me dijeron que todo está bien y que tirara millas p'adelante. Y estoy con muchas ganas: en los últimos 25 días he tenido una recuperación importante, me ha crecido el pelo y empiezo a encontrarme bastante bien. Estoy contento.
- A pesar de su enfermedad no ha dejado usted nunca de moverse: aparte sus desplazamientos a Barcelona para tratarse el cáncer, ha viajado usted varias veces a Venezuela, a Cabo Verde, a Marruecos? ¿De dónde saca tantas energía?
- Bueno, después de dejar la Presidencia del Gobierno, tuve que adaptarme a cambios importantes en mi vida, y luego supe que tendría que afrontar un nuevo tratamiento. He tenido que combinar ambas cosas y eso me exigía dedicar un tiempo a la enfermedad, a los médicos y los hospitales, y buscar también un espacio para recuperar mi vida profesional, mi trabajo. Yo soy ingeniero, y decidí dedicarme a actividades de ingeniería o en la industria. Pero soy una persona condicionada por mi propia responsabilidad social. Comprenderá que con tantos campos abiertos he tenido que mantener un ritmo fuerte de vida. Pero eso me ayuda. Me agota, pero me ayuda. La tensión me da vidilla.
- Debe ser complejo para una persona que ha estado casi toda su vida en política volver a la actividad profesional. Más con su edad? ¿A qué se ha dedicado profesionalmente?
- Cuando uno rompe con la Presidencia y la actividad política, es necesario evitar las suspicacias, y hacer las cosas bien. Yo he optado por trabajar fuera de Canarias. Estoy haciendo varias cosas, sobre todo en planificación -me presenté con mi hermano y otras personas a un concurso en Cabo Verde y lo ganamos- y hemos presentado un proyecto imaginativo y creo que muy bien planteado, y allí están muy satisfechos con la propuesta. También estoy moviendo la creación en Europa de un Instituto, el Instituto Libertad y Democracia?
-¿No le produce melancolía que ese potencial de energía suyo tenga que proyectarse fuera de Canarias? ¿No le parece absurdo que sus compañeros prescindan de su experiencia y capacidad?
- Felipe González dice que un ex presidente es como un florero que nadie sabe dónde colocar. Es un asunto difícil. Es verdad que acumulas experiencia y conocimientos, pero gobiernan otras personas. Por eso hay que buscar la forma de no estorbar.
-¿Echa usted de menos la actividad pública? No mienta?
- No, no, de verdad: la responsabilidad de las políticas ya no pesan sobre mí. Si me piden consejo lo doy, pero ya no son mi responsabilidad. Pero le reconozco que hay algo que no puedo obviar, que es pensar en el futuro. Qué va a ocurrir en esta parte del mundo en que vivimos, qué va a pasar en África, cómo vamos a salir de esta crisis, cómo mejorar el uso de los recursos, cómo afrontar su escasez? pero en la política ejecutiva, en lo de ver cómo se están haciendo las cosas, a mí no me corresponde ahora tomar decisiones.
-¿Tiene la sensación de que molestaría si se dedicara a hacer algo en Canarias?
- Estoy más cómodo así. Acabo de volver de Marruecos, donde me invitaron a un foro que apuesta por la tricontinentalidad atlántica y estuvimos encerrados durante dios días, gente de la que se puede aprender mucho: el jefe de gabinete de Sarkozy, un representante de Lula, gente de Sudáfrica, Nigeria, México.
- ¿No debería jubilarse?
- Sí, sí, ya tengo 65 años. Cumplo 66 en octubre.
- ¿Y cómo lo lleva?
- Bien. He estado más afectado por la enfermedad y la dureza del tratamiento que por la edad. Pero por debajo están los años que tengo. Una de las cosas que te plantean cuando enfrentas un trasplante de médula es la edad. A partir de 70 años no se hacen. Los tratamientos de este tipo no afectan sólo físicamente, también te dejan la cabeza más pesada. Yo ahora tengo la cabeza mucho mejor que hace dos meses?
- ¿Qué se siente cuando se pierde capacidad mental?
- Pues mire, la primera vez, cuando estaba en el Gobierno, allá por el año 99, estaba más preocupado. Hablaba con frecuencia con la gente que trabaja conmigo, con Pilar [Parejo, su mujer], con mis colaboradores y les decía que me vigilaran y que me avisaran si detectaban algún síntoma de no estar con la cabeza en plenitud de condiciones. Era algo que me obsesionaba, que pudiera llegar a afectarme el tratamiento. La gente que estaba conmigo sabe cuánto me preocupaba no responder al nivel de exigencia de un debate parlamentario o un Consejo de Gobierno. Recuerdo sobre todo los Consejos de Política Fiscal y Financiera, donde se maneja muchísima información económica. Mi preocupación era ir bien armado. Y creo que no hubo problemas. Pero ahora esa preocupación no existe, y es un gran alivio. El problema de estar en política es que tus decisiones afectan a los demás, pero ahora ya no es así. Estoy trabajando y si me equivoco, pues me equivoco.
- ¿Ha sido más duro esta vez?
- Sí. Tengo diez años más, y ya he pasado antes por lo mismo. Me dolía hasta el pelo.
- ¿Es usted buen paciente?
- Sí, yo dejo hacer a los médicos. No soy de esas personas que se meten en Internet a estudiar?
- Eso ya lo hace Pilar Parejo?
- ¡Sí, ja, ja. Es verdad que Pilar es la que se ha estudiado todo. Sabe de esto mucho más que yo.
-La vi hace dos meses, cansadísima. Olía a cloro. Se lo dije y me contestó que era 'la reina de la lejía'.
- Sí. Después de diez días en el hospital nos instalamos en un apartamento, y como las defensas siguen bajando, y no hay una burbuja inmune, como en los hospitales, pues te pones en manos de un cuidador responsable, que es clave en el proceso de autotrasplante ambulatorio. Mi cuidador fue Pilar. Se pasó el tiempo a mi lado con mascarilla, o fregando como una loca con lejía por todos lados. Nunca podré agradecérselo bastante. Ha sacrificado completamente su carrera profesional. Tiene 45 años y en el momento en el que tenía que 'resetear' su vida política y volver a lo profesional, lo dejó todo.
- Siempre pensé que su carrera política ha sido un mal negocio para Pilar Parejo, para su hermano Fernando, para sus colaboradores... Cuando se fue no dejó a ninguno 'colocado'. Es usted un mal jefe. Y es la tercera vez que le jeringa usted la vida a Pilar Parejo.
- Es verdad. He sido un handicap para ella. Lo fui en el Cabildo, lo fui en el Gobierno, donde necesitaba una persona que se ocupara de Turismo, y la forcé a venir para echarme una mano, y soportó muchísimas críticas, críticas injustas, porque fue una decisión mía, y he sido también un hándicap ahora que tenía que empezar a arrancar de nuevo con su vida profesional.
- Volviendo a su enfermedad. ¿Pensó en algún momento que no lo superaría?
- Sí. En algún momento determinado sí. Se pasan días malos. Pero lo mío fue un autotrasplante, que es menos duro, porque no hay rechazo. Había gente en la habitación de al lado pasándolo peor que yo. Y conté con la ayuda de otros, que pasaron por lo mismo, y que me decían: "Adán esto acaba, en unas semanas verás la luz al final del túnel". Pero mientras estás en el túnel es jodido.
- ¿Está la muerte muy presente en esos momentos?
- Cuando estás luchando contigo mismo en lo que piensas es en salir, pero siempre te ronda la idea. A mí me ayudó mucho una llamada del hijo de Manolo [Hermoso] al que le hicieron también un trasplante muy duro?
- Es más joven que usted?
- Sí, mucho más, pero hablar con él me ayudo mucho. Fueron días muy duros.
- Recuerdo haberme tropezado con usted en Barcelona, cuando estaba bajo tratamiento aún. Apareció usted en un restaurante donde estábamos unos amigos y hablamos un rato. Estaba usted tiritando de frío, y prácticamente no podía ni comer. Y yo le pregunté si estaba seguro de lo que había hecho y usted me contestó: "Lo que intento es ganar otros diez años..." Me impresionó mucho.
- Pues yo creo que los he ganado, esos diez años. Mire, el cáncer que yo tengo no es curable. De lo que se trata es de echarlo p'atrás durante un periodo largo de tiempo. Morirme sé que me voy a morir. Todos nos vamos a morir?
- Los estadounidenses dicen que las dos únicas cosas seguras en la vida son la muerte y los impuestos?
- Ja, ja, es verdad. Aquí se trataba de ganar tiempo para vivir bien y hacer cosas. Y eso es lo que yo pretendía. Cuando me dijeron que el autotrasplante era el camino, evalué los riesgos, las dificultades, y vi que eso me daba la posibilidad de ganar un tiempo importante, esos diez años. Sólo entonces me decidí.
- Ese mecanismo refleja su forma de hacer todo en la vida: antes de pensar en el resultado, dar vueltas a la relación que hay entre el esfuerzo en recursos y el resultado que se obtiene.
- Es que eso es clave en la vida, en los procesos sociales, económicos. Es la forma correcta de enfocar las decisiones. Ver cómo consigues afrontar las cosas, qué esfuerzo se requiere y en qué condiciones sales. Es como esta crisis: no sólo se trata de plantear medidas paliativas para que la gente sufra lo menos posible, sino de ver cómo la enfocamos para que al salir estemos en mejores condiciones. Pensar en corto y en largo al mismo tiempo.
-¿Tiene usted hoy la percepción de haber dejado un legado?
- Yo creo que eso es muy intangible. Percibo cosas pequeñas: cuando paso por la calle de la Noria y veo a la gente cenando y divirtiéndose, pienso que lo de recuperar esa calle surgió siendo yo concejal, hace treinta años. Para mí es suficiente.
- A los políticos se les recuerda por las obras públicas de su mandato: En 30 años de política -22 de ellos en Tenerife-, ha dejado muchas obras para ser recordado. La más emblemática ha sido el Auditorio.
- Es una obra importante. El Auditorio y los Museos, y el TEA son obras del tiempo que pasé en el Cabildo. Pero las ideas a veces nacen en las personas y a veces son fruto de aprender a escuchar. La mayoría de las obras y proyectos que se han hecho todos estos años son fruto de un esfuerzo colectivo. Recuerdo que hubo un momento en que el Cabildo de Tenerife tenía en marcha 1.200 obras. Pero eso no es lo importante. Lo importante fue el esfuerzo para ordenar la administración y lograr que se hicieran las obras que eran necesarias y no otras. Porque ha habido visiones personales, pero también mucho trabajo de equipo.
- ¿No quiere ser recordado por el Auditorio?
- Yo preferiría ser recordado por haber intentado hacer las cosas pensándolas, por haber creído que el rigor no está reñido con la creatividad, por haber querido planificar la adopción de decisiones y por haber tenido una idea de Canarias y haber trabajado con entusiasmo por esa idea. Los edificios y las infraestructuras son importantes, pero el motor del cambio y del futuro son las ideas. Me gustaría ser recordado por haber hecho lo posible para que Canarias no llegara tarde al futuro.
- Yo creo, señor Martín, y perdone la barbaridad, que es usted de esas personas que van a llegar tarde incluso a su propio entierro.
- Ja, ja, sí, es verdad. Eso de llegar tarde al entierro de uno mismo es un buen reto.
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