GREGORIO CABRERA
Apalancado en una silla de plástico, Hilario Cabrera Hernández ocupa el fisquito de sombra que proyecta una caravana emplazada en Las Caletas. El perrillo faldero está sentado justo debajo de él. Este vecino de la pequeña localidad a tiro de piedra de la residencia de La Mareta muestra una meridiana indiferencia sobre la visita del presidente Zapatero. Le preguntan y se encoge de hombros. Otras personas destacan los efectos beneficiosos para la imagen turística o el aumento de la seguridad en la zona. A él le preocupa otra cosa: "Ahora uno no puede ni ir a pescar. No dejan pasar por ahí", dice señalando las aguas frente a la residencia oficial, "y tiene uno que tirar p'afuera".
La casa de María Amparo Reyes casi roza con el mar y ofrece vistas a La Mareta. Recuerda que, en sus estancias, los Zapatero aprovechan para pasear al atardecer por la acera que va junto a la costa, al igual que ella, y que por lo tanto ha coincidido con el matrimonio. "Él siempre saluda. Por lo menos se puede decir que es un hombre simpático..." Ella es de la opinión de que "para el turismo es muy importante que venga, ahora que escasea. Y también tenemos la casa más protegida durante estos días", recalca. Termina de hablar María Amparo y justo en ese momento emerge del agua Domingo Ortega. "¿Qué voy a decir yo que soy miembro del partido?", pone por delante en alusión al PSOE. "Me parece estupendo que venga, es muy bueno para la isla, incluso para los del PP, aunque sólo quieran sacar lo negativo", subraya con ensalitrada ironía.
"A mí no me molesta en absoluto que venga, pero si viene a tomar café a casa que pague, porque yo estoy al paro", explica Pedro Guerra, "como el cantante", antes de dirigirse a la marea. Se queda en la puerta la persona con la que hablaba hace un minuto, un veterano vecino de Las Caletas, Eladio Duque: "Ya ha estado otras veces y la verdad es que aquí no nos han dado ninguna guerra..."